Por: Sem. Harley Duarte Carneiro, IVE

 

«¡Hoy vimos cosas maravillosas!» [1]

No vimos a un paralítico ser bajado por una camilla en el techo de una casa y poco después lo vimos caminar por el poder de las palabras de Cristo, sin embargo, como los personajes presentes en este Evangelio, “vimos cosas maravillosas”. No vimos el sol “bailando” en el cielo como los pastorcitos en Fátima, sin embargo, “vimos cosas maravillosas”. No vimos ángeles «subiendo y bajando del cielo«[2], sin embargo, «vimos cosas maravillosas«. ¿Qué vimos entonces?

Te digo…

«Todo monje del Instituto del Verbo Encarnado, por su cuarto voto de esclavitud mariana, debe tener una devoción particular a la Santísima Virgen«[3].  Devoción que fundamentalmente, para ser sincera y profunda, debe estar envuelta en una interioridad tal que tengamos una voluntad decidida de querer “hacer todo con María, en María,  por María y para María[4]. La devoción a la que está llamado a vivir el monje del Instituto del Verbo Encarnado es una “devoción interior y verdadera de los esclavos de María[5], pero que también debe expresarse mediante gestos de reconocimiento y agradecimiento a la Santísima Madre del Cielo por tantas gracias acumuladas que fluyen de tus manos generosas a cada uno de tus hijos.

A lo largo de estos 25 años de existencia de nuestra querida congregación en la Tierra de Santa Cruz (Brasil), hemos recibido muchas gracias de tan amable Madre, nuestra Reina y Patrona, la Virgen de la Concepción Aparecida.

Para nosotros, es un deber de justicia, pues debemos “morder esta realidad” de tal manera que tengamos un alma profundamente agradecida, como un niño que, al estar al amparo del regazo acogedor de su madre, está siempre feliz y tranquilo. Todos sus gestos hacia una madre tan adorable son como especie de retribución por tanta bondad, por eso los misioneros del Verbo Encarnado en Brasil, viviendo bajo la protección de la Virgen de Aparecida, debemos convertir todos nuestros gestos en prueba sincera de gratitud a Dios por María. Sería imposible no hacer eso…

«Hoy vimos cosas maravillosas«.

¿Qué vimos?

I Vísperas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, cuando pensamos que habíamos elegido una fecha providencial para visitar el Santuario de Nuestra Señora Aparecida, Ella fue quién nos regaló con un día maravilloso en su ternísima presencia.

El motivo principal es porque tres miembros de la comunidad, pidieron despedirse antes  de partir hacia el Pueyo a terminar su formación, aprovechamos  toda la comunidad para hacer una peregrinación a la Basílica Nacional de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, con la intención de despedirnos por un tiempo considerado  (al menos por un período de 4 años) y también agradecer a nuestra Madre por tantas  gracias que nos ha dado a lo largo de este cuarto de siglo para toda nuestra provincia. En particular, deberíamos estar allí en la casa de la Madre para agradecer las vocaciones monásticas que ella ha otorgado al Instituto, en este año jubilar. Acá en nuestro Brasil, el Instituto del Verbo Encarnado ha recibido un gran número de vocaciones contemplativas, siendo por ahora 2 sacerdotes (uno en España, otro en Turquía), 1 diácono, 5 seminaristas en formación. Obviamente deberíamos ir a la casa de la madre para agradecerle todo esto. Sería imposible no hacer eso…

Elegimos la fecha y partimos, un viaje de unas 3 horas, unos 220km nos separaban de nuestra meta… Empezamos bajo un cielo gris, las nubes cubrían el brillo de un sol primaveral y dejaban el camino algo sin vida, pero no importa, con cada tramo recorrido, con cada metro que nos acercábamos a nuestro destino, la alegría aumentaba en el corazón, en la mente, las ideas se iban asentando y poco a poco se iba cayendo el tapón que, en poco tiempo, estaríamos ante la Imagen de Nuestra Señora Aparecida, nuestra Madre, y que esta sería la última vez, al menos durante los próximos 4 años, estaríamos aquí…

Un esfuerzo por dejar nuestro monasterio y trasladarnos allí, ciertamente, después de todo, es una peregrinación, pero de hecho, me gustaría considerarla como una visita muy especial a nuestra querida Madre. Estaremos lejos de ella mucho tiempo sin duda para luego pasar un día en su presencia, poder mirar su simple imagen, estar a sus pies, agradeciendo y pidiendo, por nosotros y por los demás. «Merece la pena estar en casa de la madre«. Un hermano de la comunidad dijo cuando regresamos al monasterio, y es la verdad más pura, después de todo, «vimos cosas maravillosas«…

Un día nublado, oscuro, frío que, cuando llegamos al Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, al menos por un instante, fue irradiado por el resplandor de un sol intenso, el calor nos envolvió, llegamos en los brazos de una Madre que tanto nos ama y nos recibe cada visita con un abrazo maternal.

«Vimos cosas maravillosas«… al pensar que habíamos elegido un momento propicio para visitarla, ella es quien nos sorprendió una vez más… cuando pasamos a los pies de la Imagen de la Virgen Aparecida, la misma que fue hace 303 años encontrada en las aguas del río Paraíba y que bendice y protege a nuestro Brasil durante tantos años, imaginamos que debido a la solemnidad que sucedería al día siguiente (Inmaculada Concepción), estaría lleno el Santuario, pensamos que no sería posible detenernos un rato a hablar con nuestra Madre, pero sin embargo… «vimos cosas maravillosas…» no fuimos nosotros quienes elegimos este día, sino ella quien nos preparó para estar ahí, en ese momento, y más aún, preparó todo el ambiente, la tranquilidad, el pequeño fluir de la gente ante la imagen nos permitió estar mucho tiempo ante Nuestra Señora… «vimos cosas maravillosas…» Sería imposible no hacer eso…

Al llegar a la imagen, en realidad el corazón late más fuerte, surge una emoción del alma, aparecen palabras, agradecer , agradecer y agradecer, palabras de agradecimiento son las que nos vienen a la mente, tantas y tantas gracias, el regalo de la vocación principalmente…las gracias personales de cada uno…las gracias a nivel comunitario, provincial…agradecer, agradecer y agradecer… Pero al mismo tiempo también pedir, porque “queremos expresar nuestro amor y agradecimiento a la Santísima Virgen, y al mismo tiempo, obtener su ayuda indispensable para prolongar la Encarnación en todas las cosas, haciendo un cuarto voto de Esclavitud Mariana[6], y mediante este voto también, ser “testigos de lo trascendente[7], para traer algún signo de esperanza y ser “testigos de esperanza” a un mundo que tanto la necesita… Sería imposible no hacer eso…

Santa Misa

Ni Jesús sin María; ni María sin Jesús… Todo por Jesús y por María; con Jesús y con María; en Jesús y en María; por Jesús y por María[8]. Sabiendo que “una comunidad religiosa nunca está más unida que cuando está alrededor del altar del Sacrificio de la Eucaristía[9], “vimos cosas maravillosas” porque teníamos ante nuestros ojos, en el altar mayor del Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida, el «principal acto de adoración, el sacrificio de alabanza que da a Dios gloria infinita«[10].  A pesar de todas las adversidades debidas a la pandemia en la que nos encontramos, pudimos participar en el Santo Sacrificio de la Misa por última vez antes de ir a España, en casa de nuestra Madre… Cuánto tuvimos para ofrecer en esta Misa, cuánta gratitud poner en el altar del Señor… Cuánto pedir también a Nuestro Señor por intercesión de María Santísima… No habría mejor lugar que el Santo Sacrificio, del cual “La gracia deriva para nosotros… y que la santificación de los hombres en Cristo se obtenga con la máxima eficacia…”[11]. «Vimos cosas maravillosas» y sería imposible no hacer eso…

Sin duda un pensamiento recurrente a lo largo de este hermoso día, fue que, la próxima vez que volvamos a este lugar, a la casa de Nuestra Madre Aparecida, si Dios nos lo permite, volveremos para ofrecer el Santo Sacrificio, volveremos como sacerdotes del Altísimo, como otros Cristos para ofrecernos en sacrificio de gratitud, alabanza al Padre, a través de las manos maternas de María y así los pensamientos se mezclan con las emociones… «vimos cosas maravillosas…» y no sólo vimos, sino que hicimos… pasamos un día con quién amamos, sería imposible no hacer eso…

¿Que sigue ahora?…

Aunque por ahora nos despedimos de la casa de Nuestra Madre Aparecida, llevamos en el corazón la certeza de que ella nunca nos dejará, como la gran responsable de preservarnos y guiarnos en nuestra vocación, incluso en España nos tendrá ella en sus brazos, pues al fin y al cabo somos brasileños, somos hijos de la Tierra de Santa Cruz… Una prueba clara de que aún en otro continente nunca nos abandonará y siempre nos presentará de alguna manera, es que estando nosotros “en el Pueyo de Barbastro”, todos Días tendremos la gracia de participar de la Santa Misa celebrada en un altar construido sobre la reliquia de los Beatos Mártires Benedictinos del Pueyo, pero sellado con una hermosa piedra de granito-rosa, piedra de nuestro querido Brasil …

Y es más, Dios mediante  veremos “cosas más maravillosas” cuando, en este altar, en la piedra de granito-rosa de la Tierra de Santa Cruz, firmemos nuestro holocausto perpetuo, entregando nuestra vida para siempre al servicio, a la gloria de Dios como miembros del Instituto do Verbo Encarnado… El día aún está muy lejos, pero sin embargo la emoción de aquí para allá seguirá creciendo y estamos seguros que, aunque haya un océano de distancia, siempre estaremos bajo el cariño maternal de la Señora de Aparecida, Madre y Patrona de Brasil y del pueblo brasileño.

Que ella proteja, guíe y, sobre todo, conceda a nuestra amada Congregación numerosas y santas vocaciones en esta querida Tierra de Santa Cruz.

¡Deo Gratias!

 

Sem. Harley Duarte Carneiro, IVE

Monasterio San Miguel Arcángel, Brasil

 

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[1] Lc 5,26

[2] Jo 1,51

[3] Dir. Vida Contemplativa, 65

[4] Dir. Vida Contemplativa , 10

[5] Dir. Vida Contemplativa, 65

[6] Constituciones, 17

[7] Dir. Vida Contempl Activa, 3

[8] Constituciones, 47

[9] Dir. Vida Contemplativa, 58

[10] Dir. Vida Contemplativa, 56

[11] Dir. Vida Contemplativa, 55