Por: P. Diego Cano, IVE
12 de marzo de 2021
La anterior crónica sobre la escuela de las hermanas me da pie para compartirles las fotos y contarles del acto de fin de año 2020. El año pasado ha sido un año muy especial para todos, en todos los lugares del mundo, y por eso haber celebrado el fin del ciclo lectivo en la escuela, fue un motivo de alegría y acción de gracias. Un año con muchas dificultades y sacrificios, pero por eso mismo, dimos gracias a Dios al finalizar y ver que nos ha protegido tanto en nuestra misión.
Cada año se hace el acto de egresados, pero los que egresan son los niños de jardín de infantes, que pasan a la escuela primaria. Por ahora no tenemos egresados de 7° grado, los primeros serán los de este año 2021. Es muy divertido ver a los niños de nivel inicial, tan pequeños, pero que se les hace sentir que son los homenajeados en la ocasión, nuestros “pequeños egresados”.
Comenzamos con la celebración de la Santa Misa, con la participación de todos los alumnos y maestros, y una gran cantidad de familiares que habían llegado. Los niños que egresaban de jardín ingresaron en la procesión de entrada, todos con una banda roja que los identificaba. La ceremonia estuvo muy bien preparada por las hermanas, que hicieron participar a todos: monaguillos, las niñas que bailan, las lecturas, las ofrendas, etc. Todo a cargo de los alumnos, y muy bien logrado.
Después de la Misa hicimos la foto en el frente de la Iglesia con la comunidad educativa a pleno: las hermanas, los maestros, empleados, todos los alumnos, los papás, etc. Las fotos no salieron como deseábamos porque comenzaba a llover, y a tronar, anunciando que se venía un aguacero, así que entre que nos mojábamos y apurábamos el trámite, todo era medio caótico, pero a la vez muy divertido, pues nos causaba gracia a todos la situación bajo la lluvia.
Inmediatamente comenzamos a llevar a todos hacia el salón parroquial, que es en la antigua iglesia. Aquél edificio antiguo de adobe, pudimos restaurarlo, cambiarle todo el techo, enlucido, ventanas… y la verdad que nos protegió muy bien en eta ocasión. Se largó una tormenta tremenda, mucha agua, y muy ruidosa… muchísimos truenos. Menos mal que estábamos todos en el salón parroquial. El día anterior me habían venido a pedir unos plásticos de la parroquia para armar unos toldos en el patio de la escuela. Gracias a Dios que me hizo acordar, y les propuse organizar la fiesta en el salón, “por las dudas si llueve”.
Comenzamos el acto de colación y de fin de curso, pero parecía que jugábamos al “dígalo con mímica”. No se escuchaba nada por el ruido de la lluvia en las chapas de cinc, a pesar de usar micrófonos y audio. De todas maneras, los bailes y cantos estuvieron muy bien. Cuando amainó la tormenta ya estábamos en la entrega de premios a los destacados, a los maestros y trabajadores de la escuela. Como es tradición, se termina con el almuerzo festivo para todos. Fue una gran fiesta, desde la Misa hasta la mesa. Cuando todos se despedían con mucha alegría, el día estaba hermoso, despejado y fresco.
Se sumaba a la alegría del año terminado, el hecho de que pocos días antes las hermanas habían recibido la aprobación oficial de la escuela por parte del gobierno. Una gran alegría ver cómo crece este gran apostolado, y cómo crecen los niños “en sabiduría y en gracia”. Actualmente asisten 160 niños a la escuela, y esperamos que siga creciendo.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano IVE