P. Diego Cano, IVE
Ushetu, Tanzania, 17 de diciembre de 2020
Procesión de Corpus Christi en noviembre… y, en este año 2020 todo ha sido posible, desde adoración desde los autos, y celebraciones por internet. En nuestro caso lo anormal, ha sido el calendario, pues celebramos el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el primer domingo de adviento. La razón fue que debido a la pandemia, en la fecha propia del calendario para celebrar esta gran fiesta, el gobierno había pedido que no se realizaran encuentros de muchas personas, ni procesiones. Entonces los obispos de Tanzania recomendaron que hagamos una fiesta pequeña, y que si Dios quiere, y cuando todo mejore, se podría realizar la procesión con gran solemnidad, como se merece. Gracias a Dios, y a tantas oraciones, en estas zonas la pandemia no ha tenido efecto, y por eso mismo recibimos la indicación de celebrar el Corpus Christi antes de que termine el año.
En estos lados la gente tiene una gran devoción a esta fiesta. Es increíble que una vez hablando con un sacerdote mayor, que nunca vino a África subsahariana, me decía que «hay que aprovechar las grandes devociones de la gente, las devociones populares, como el domingo de Ramos y el Corpus». Me admiro de su gran sabiduría pastoral, y del conocimiento de la fe de la gente. Porque en verdad que son las dos fiestas más concurridas, junto con la Pascua y la Navidad, por supuesto.
La gente se puso contentísima de saber que tendríamos «fiesta de la Eucaristía», como dicen ellos. Nosotros pudimos realizar dos procesiones, una en cada una de nuestras parroquias: Ushetu y Kangeme. En la parroquia de Ushetu la realizamos en la aldea de Mbika, pues cada año rotamos entre las aldeas más grandes. Eso les gusta mucho, porque la capilla de la aldea se viste de fiesta al recibir tantos visitantes. Generalmente se da almuerzo a toda la gente, y para eso aportan todos y se preparan. Pero este año no hubo tiempo de preparación pues el aviso del obispo llegó diez días antes. Pero de todas formas, hicieron almuerzo para todos, realmente increíble.

Una de las particularidades de hacer la procesión en este tiempo es que ya comenzaron las lluvias. Por lo tanto siempre está el peligro de «chaparrón». Por el contrario, lo positivo es que el paisaje está todo verde, y realmente se disfrutaba la vista en el momento de caminar con la Sagrada Eucaristía. Con el P. Pablo Folz tratamos de llegar temprano y no demorarnos en comenzar, porque sabíamos que la procesión sería larga, con las cuatro bendiciones, y por la tarde siempre hay más riesgo de lluvias. Comenzamos a caminar a las 12 del mediodía, y cuando en un momento se despejó un poquito, y las nubes dejaron pasar el sol, comenzamos a traspirar como locos. Gracias a Dios se volvió a nublar, pero luego de la primer bendición apuramos el paso, pues se veían unos nubarrones tremendos y negros, que podían traer la lluvia. Sería un gran problema para tanta gente. Pensamos que tienen que haber participado más de 500 personas. Pues entonces, apuramos el paso.
Siempre se forman en dos filas, y es la manera de que sea ordenado.

Si van en grupo, no se puede controlar, especialmente a los niños. Así que la procesión se ve hermosa, los niños adelante, luego las niñas de la infancia misionera (Watoto wa Yesu),
los monaguillos y catequistas con sus albas. Al centro, la Eucaristía, y los sigue el coro, con la «bicicleta parlante», y el pueblo fiel, ordenadísimo, primero las mujeres, y cerrando las filas los hombres.
Luego de los tres altares y bendiciones en el camino, entramos en la iglesia, con gran algarabía. ¡Es impresionante cómo saben festejar a nuestro Señor! Cantan, bailan, y dan gritos de alegría, que son un gusto. Dentro de la iglesia rebosante de gente se dio la cuarta bendición mientras se escuchaba que comenzaba a caer la lluvia. El P. Víctor Guamán, que fue a la otra parroquia, nos contó lo mismo, no acababan de entrar a la iglesia para la última bendición y se les largó un aguacero tremendo. Para nuestra gente el agua es una bendición, y qué más después de las cuatro bendiciones Eucarísticas, recibieron la bendición del agua para los cultivos.

Las bendiciones eucarísticas en la calle son recibidas en un gran silencio que muestra devoción. Para el sacerdote que da la bendición con el Sacramento, es un momento muy fuerte que se imprime en el alma. Ver esa multitud arrodillada al aire libre, recibiendo la bendición y mirando atentamente el Santísimo Sacramento.
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del altar!
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE