Por: Nov. Henrique Mascarenhas Andreão, IVE

 

Quien ha leído acerca de la evangelización de cualquier país, ciertamente se encontrará con sacerdotes y religiosos que avanzaban entre valles y montañas, selvas y desiertos buscando almas para convertirlas. Sus esfuerzos eran indescriptibles: largas caminatas sin el equipamiento que hoy consideramos indispensable, poco alimento y climas extremos. Eran los primeros que llevaban la cruz de Cristo a pueblos paganos y salvajes, eran las primeras Misas, los primeros pasos.

Entre todos esos valerosos heroes, siempre hay algunos que se destacan porque llegaron a la imitación perfecta de Cristo y que vivían “la aventura misionera” en su punto más alto, los primeros entre los primeros. En Brasil, dos de esos misioneros descuellan: San José de Anchieta, Apóstol de Brasil y patrono de nuestro Seminario; y San Antonio de Santa Ana Galvão; primer santo brasilero y patrono de nuestro noviciado.

Anchieta (1534-1597) es el auténtico misionero y padre de Brasil: construyó “Reducciones Jesuíticas”, catequizó a los indios, fundó ciudades e hizo largas y fatigosas caminatas para llevar el Evangelio a las tribus. Cada 15 días, por ejemplo, recorría 101 Km a pie desde la ciudad de Vitoria (en donde se localizaba el Colegio Santiago) hasta la aldea de Reritiba (actual ciudad que lleva su nombre), y muchas veces llegaba a hacer una caminata todavía mayor, llegando a la aldea de San Pablo de Piratininga, actual São Paulo, de la cual fue uno de sus fundadores. San José de Anchieta daba los primeros pasos de Brasil.

Galvão (1739-1822) es el ejemplo de santidad para todo brasilero: abandonó todo lo que su pudiente familia poseía para consagrarse enteramente al servicio de Cristo, fundó monasterios, auxilió a los más necesitados, vivió plenamente el más alto grado de virtud. Su santidad emanaba luz para a todos los que estaban a su alrededor, haciendo que su fama de santo sea conocida en todo Brasil. El pueblo constantemente lo defendía y luchaba contra las persecuciones de los enemigos de la fe católica de la época. San fray Galvão daba los primeros pasos de los brasileros elevados a los santos altares.

Nuestro curso de noviciado también está dando los primeros pasos, sea en el Instituto, sea en la vida religiosa y en el camino de santidad. Después de pasar un año en el noviciado, daremos nuestros primeros pasos en el seminario en la búsqueda del Sacerdocio y de la vida religiosa. Fue entonces que decidimos seguir los pasos de aquel que es ejemplo para los misioneros brasileros, especialmente para nuestro Instituto, y realizamos “Los pasos de Anchieta”, recorrido que remonta los 101km que el Santo recorría desde Vitoria hasta la actual Anchieta. Fue la primera vez que el Noviciado realizó dichos pasos. En realidad, que un grupo grande de los nuestros, los haya hecho. Éramos 15 novicios y el P. Tito Paredes, nuestro maestro de novicios. Fueron 3 días largos y fatigosos que llegaban hasta a 12 horas de caminata en apenas un día bajo un sol radiante. Pero todo esto valió la pena y lo ofrecimo por nuestra Familia Religiosa, por Brasil y por el aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

3/2

Iniciamos los pasos a las 5:00 am en la catedral de Vitoria, que está ubicada al lado del Palacio Anchieta, actual sede del Gobierno Estatal y antiguo Colegio Santiago. Atravesamos el puente que une Vitoria hasta la ciudad de Vila Velha en donde celebramos la Santa Misa en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, la Iglesia más antigua de Brasil que todavía está en actividad (la Iglesia fue construidaa en el año 1535). Seguimos nuestra caminata pasando por la ruta y por la costa en donde pudimos contemplar las bellas playas y selvas que hermosean el camino. Finalmente, después de 35 km recorridos llegamos a la casa de los familiares de uno de los novicios, en que se ubica en el límite de Vila Velha y Guaraparí para pasar allí la noche.

4/2

Retomamos la caminata a las 5:00 am yendo por la arena de la playa. Allí celebramos la Santa Misa al hermoso nacer del Sol y seguimos caminando algunos kilometro en la arena. Era un trecho muy difícil por el calor y el esfuerzo físico que era casi el doble debido a la arena, pero la belleza e inmensidad de las aguas nos alentaba: éramos apenas nosotros y el mar. Eran las mismas arenas que San José de Anchieta recorrió tantas veces para llevar la cruz y el Evangelio. A donde él dio sus pasos, nosotros también dabamos los nuestros. Después de unos buenos kilómetros más (en total 31 km durante todo el día) llegamos a la playa Das Castanheiras, todavía en la ciudad de Guaraparí, en donde pernoctamos.

5/2

Comenzamos nuestros pasos a las 04:15 am cuanto todavía estaba oscuro y no  había nadie en las calles de la ciudad. Era el último día y estábamos con muchas expectativas para llegar al anhelado Santuario Nacional de Anchieta, lugar del tránsito del Apóstol de Brasil para la Patria Celeste. Pasamos por playas vacías y otras que sólo se ven en las películas, largos senderos entre las piedras y la selva. En nuestro camino pasamos por una gran cruz en la ciudad de Ubu: allí según una tradición, el cuerpo de San José de Anchieta se cayó del transporte cuando era llevado para la ciudad de Vitoria. Los indígenas gritaban “Aba ubu” (“el padre se cayó”) de ahí toma el nombre dicha ciudad. Cuando llegamos a la ciudad de Anchieta, después de 35km ya con los pies doloridos y con ampollas veíamos una pequeña parte del santuario en lo alto de la ciudad. Subimos el pequeño monte y cuando llegamos a las escaleras dimos nuestro último esfuerzo (magis) y subimos corriendo con mucha alegría el último trecho de la caminata. Finalmente llegamos. Fuimos recibidos por el Rector del Santuario y celebramos la Santa Misa agradeciendo el buen éxito de los pasos y sus frutos. Cantamos por primera vez en el santuario el himno compuesto por nuestros seminaristas y recibimos la bendición con las reliquias del Santo.

Finalmente, al volver para la base celebramos el fin de la caminata con las tradicionales pizzas y con la sensación del deber cumplido.

A pesar de las dificultades, dolores y ampollas en los pies a lo largo de toda esa caminata, Dios nos llenaba de cuidados: sea de los familiares, amigos, benefactores que nos ayudaban de diversos modos, o por los hermosos paisajes que consolaban nuestros dolores, o hasta por los desconocidos que nos paraban a lo largo de la caminata para ofrecernos agua y comida, un poco de descanso, o nos felicitaban y conversaban con nosotros. Por cada paso que dábamos rumbo al santuario Dios nos colmaba de innumerables gracias.

¡Pero no es solamente eso! Continuamos nuestra convivencia con los seminaristas escalando montañas que están entre las más altas de Brasil. Y en la fiesta de la Cátedra de San Pedro llegó el gran anuncio: pasamos todos para el seminario. Por eso, en el día 23/2 estando a punto de ir para el seminario y cerrar nuestro año de noviciado con llave de oro, decidimos hacer otra peregrinación. Recorreríamos 15 km más saliendo de la ciudad de Guartinguetá (ciudad en donde Fray Galvão nació y vivió parte de su vida, e incluso celebró su primera Misa) pasando por su casa, por la Iglesia en donde fue bautizado hasta el Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil y de nuestra provincia. Pedimos especialmente por cada uno de nosotros que pasabamos al seminario, por los nuevos novicios y en reparación por los pecados cometidos contra el Sagrado Corazón.

Fueron 15 km: uno por cada novicio que pasaba al seminario. Con el sol radiante después de casi 3 horas de caminata rezando el Rosario (durante todo ese tiempo) finalmente llegamos a Aparecida y celebramos el Santo Sacrificio en la Capilla de los Apóstoles. La misma tiene un significado muy especial: es el punto más próximo de Nossa Senhora Aparecida (pues está ubicada al otro lado de la pared que está inmediatamente después del altar) y el altar fue consagrado por San Juan Pablo II cuando vino a Brasil.

Tenemos la certeza de que cumplimos nuestra misión. Pero no solamente eso. Tenemos la certeza de que cada uno de los grandes santos nos ayudó, María nos guió: iniciamos los “Los pasos de Anchieta” con la Misa en la Iglesia del Rosario y finalizamos nuestra convivencia con la Misa en el Santuario de Aparecida; San José de Anchieta nos guió adonde él murió y dio su paso a la vida gloriosa, nosotros también finalizamos nuestros pasos de Anchieta para dar nuestro mayor y primer paso: el seminario y la santidad; San Antonio de Santa Ana Galvão nos guió: iniciamos nuestra peregrinación final en donde él inició su vida terrera y en la gracia; San Juan Pablo Magno nos guió: finalizamos todo nuestro año celebrando en el propio altar que él mismo consagró.

Tal vez esta crónica esté llena de “primeros”: pasos, santos, Misas, himnos, novicios, etc. Pero eso es porque los “primeros” tienen un significado especial. Los primeros son importantes. Por los primeros apóstoles la Iglesia se difundió; por los primeros misioneros las diferentes naciones conocieron a Jesucristo, “los primeros” son el ejemplo, ellos trazan el camino y, al final, en nuestro Instituto como dijera el primero de los nuestros que fundó en cielo: “somos los primeros y tenemos que ser santos”[1]. ¡Dios y la Virgen guien nuestros pasos!

 

Nov. Henrique Mascarenhas Andreão, IVE (hoy, Seminarista de 1º de Filosofía)

 

________

[1] Marcelo Javier Morsella, Testimonio del Padre Gaspar Farré; 10 de junio de 1987.