Por: P. Lorenzo Senaccioli, IVE

 

¡Querida Familia Religiosa!

Queríamos compartir con ustedes la gran alegría de haber podido realizar junto con las Hermanas un viaje a Karagandá, ciudad que se encuentra 1400 km al norte de Shymkent (Kazakstán).

 

El motivo del viaje ha sido visitar la nueva comunidad de las Servidoras que se fundó allí el pasado noviembre del 2020 y peregrinar, entre otros lugares, a la Catedral de Karagandá, donde descansan los restos del beato Vladislav Bukovinsky, patrono de nuestra comunidad sacerdotal.

 

Después de un largo viaje en tren llegamos a Karagandá, donde la temperatura era de algunos grados bajo cero y la ciudad estaba cubierta de nieve. Fuimos recibidos por el párroco de la catedral, que con gran caridad nos prestó un minibus con el cual hemos podido recorrer varios lugares durante toda nuestra estadía allí.

 

Los sacerdotes nos alojamos en la parroquia donde trabajan las hermanas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, en una pequeña ciudad llamada Shajtinsk, ubicada a 50 km. de Karagandá, donde trabaja el padre Valery, de origen alemán.

 

Al día siguiente fuimos a visitar la hermosísima catedral de Karagandá. Tuvimos la gracia de ser invitados a desayunar y almorzar en la curia de esta ciudad con el obispo Mons. Adelio Dell’Oro, que nos contó el trabajo que se está haciendo allí y la visión que tiene él de la misión. En este punto fue interesante lo que remarcó acerca de la belleza divina como medio eficaz de evangelización entre los kasacos. Nos hizo también muchas preguntas sobre nuestras misiones y sobre el Instituto e insistió que quisiera que trabajemos en su diócesis junto con nuestras Hermanas.

 

En la cripta de la catedral, tuvimos la gracia de celebrar la Santa Misa dos veces, en el altar donde descansan los restos del Beato Bukovinsky.

 

Este beato de origen polaco, amigo de San Juan Pablo II y por cuyo pedido él escribió sus memorias, fue unos de los primeros misioneros que trabajó en Kazajstán asistiendo a las comunidades de polacos, rusos y alemanes deportados en la época soviética. Realizó también algunos viajes apostólicos a Tayikistán, siendo el primer sacerdote en visitar este pequeño país.

 

Después de la Santa Misa rezamos ante la imagen de la Virgen de Karagandá, una bellísima estatua de María Santísima con el Niño Jesús en sus brazos, cuyos rostros poseen rasgos típicamente kasacos. Después visitamos la hermosísima catedral y probamos también el órgano, cantando algunas letanías del Verbo Encarnado y un canto a la Virgen.

 

El día siguiente tuvimos una visita guiada en el campo de concentración soviético “Karlaguer”, unos de los más grande de la antigua URSS, donde estuvo preso, entre otros sacerdotes, el beato padre Aleksey Zaritsky, patrono del noviciado de Tayikistán, y el ya nombrado beato Bukovinsky. Allí una guía, muy bien preparada, nos explicó cómo vivían los prisioneros y el contexto histórico de esa época. Realmente fue muy emocionante y fuerte a la vez, ver el odio hacia Dios y hacia el ser humano que movía el régimen comunista a torturar y matar a tanta gente inocente solamente por ser “enemigos del régimen” o simplemente familiares de ellos.

 

Cerca del Karlaguer está ubicado el cementerio donde fue sepultado el beato Aleksey Zaritsky, sus restos fueron trasladados con el tiempo a Ucrania. Una placa de mármol con una foto del beato, recuerda el lugar de su sepultura. Hacia allí fuimos primero en auto, y llegamos caminando, sobre 40 cm de nieve los últimos 500 metros, rezando de modo especial por nuestra fidelidad y perseverancia en la fe y en la vocación. Cantamos también allí el himno de los mártires de Barbastro.

 

Visitamos también en Karagandá el seminario diocesano. Allí nos recibió el rector, el padre Pablo, quien nos mostró las instalaciones del mismo y nos contó la historia de su fundación y construcción. Pudimos ver en el seminario el museo del Beato Bukovinsky y entre otras cosas que allí se conservan, vimos el pequeño cáliz que usaba el padre para celebrar la Misa en el campo de concentración, también una casulla morada usada por él, etc. Al final de la visita conocimos a los 3 seminaristas que viven allí, a otro sacerdote formador, con quienes conversamos un buen rato durante la merienda.

 

El último día de nuestro viaje, visitamos la comunidad greco-católica de Karagandá, donde trabajan dos sacerdotes ucranianos, el p. Dimitry y el p. Basyl, quienes nos recibieron muy bien y nos explicaron un poco acerca del templo y nos dejaron tocar la estola del beato Aleksey Zaritsky que conservan allí como reliquia.

 

Por último, también visitamos a las hermanas Servidoras de Jesucristo en la Eucaristía. Allí, la Madre Teresa Vangler nos invitó al almorzar con su comunidad y nos deleitó con sus cuentos e historias acerca de la Iglesia en Tayikistán, sobre los beatos Bukovinsky y Zaritsky, y sobre Gertrudis Detzel, patrona de la comunidad de las SSVM de Shymkent, etc., por más de 3 horas seguidas.

 

La hermana Teresa nació y entró en la vida religiosa en Dushanbé, Tayikistán, donde trabaja nuestro Instituto, y nos contó cómo vivía allí en la época soviética la numerosísima comunidad católica ruso-alemana atendida, clandestinamente al principio, por varios sacerdotes alemanes. Ella misma fue bautizada por el Beato Bukovinsky, en una de sus visitas apostólicas, y fue realmente una gracia escuchar de su voz como se vivía la fe en Tayikistán en esos tiempos tan difíciles.

 

En este viaje hemos podido experimentar la importancia y la gracia de pertenecer a una Familia Religiosa que va creciendo, por todo el trabajo en conjunto que se puede realizar; quizás somos testigos de todo el bien que se hace, pero también lo somos de otros tantos que se reciben, tanto de parte de los fieles como de los mismos sacerdotes y religiosos presentes donde trabajamos.

 

En esta tierra que tanto sufrió, bendecida por el holocausto que hicieron de sí mismos santos religiosos y religiosas, se ve mucha esperanza de nuevos cristianos.

 

Hay muchísimo por hacer y Dios bendice mucho nuestros pequeños sacrificios.

 

Damos gracias a Dios por nuestras misiones y rezamos para que puedan haber más vocaciones locales y muchas conversiones.

 

P. Lorenzo Senaccioli, IVE