Por: P. Pablo Folz, IVE
Noviciado IVE Tanzania 05/03/2021
Nuestra historia comienza el día lunes, que es el día de descanso en nuestra Misión. Durante el almuerzo, el P. Jaime nos contó que su descanso en la parroquia había sido interrumpido muy temprano por una emergencia: tenía que ver a un enfermo grave, llamado Mikael, en el dispensario de las hermanas. El padre también nos contó que era uno de los miembros de la cofradía del Sagrado Corazón, devoción muy popular en estos lados. El enfermo pudo recibir la Confesión, la Comunión y la Unción de los enfermos. Todos los padres coincidimos que una vez más el Sagrado Corazón cumplía su promesa para con sus devotos. Y así realmente fue, porque a las pocas horas entregó su alma a Dios.
Al día siguiente, tuvo lugar el funeral en la casa, porque aquí es costumbre velar y enterrar a los muertos en la misma casa. Fue así entonces, que nos dirigimos a la casa del difunto y como el camino no nos dejaba avanzar más, tuvimos que estacionar un tanto lejos. Aun así, podíamos escuchar los cantos que entonaba un coro en honor al Sagrado Corazón; eran los miembros de la cofradía, a la cual pertenecía el difunto. Mientras escuchábamos estos mismos cantos, que no cesaban, nos dispusimos a celebrar la Misa.
El cuarto donde se encontraba el difunto era realmente estrecho, entrabamos no más de cinco personas rodeando al difunto. Allí comenzó la ceremonia con una pequeña oración. Luego nos dirigimos al patio donde continuaría la Misa. Y fue en ese mismo momento cuando los mismos miembros de la cofradía tomaron el cajón y lo sacaron de la casa colocándolo delante de una mesa pequeña toda destartalada que improvisaba un altar. Fue algo conmovedor ver a todos los miembros de la cofradía, vestidos de rojo, rodeando el cajón. Toda la ceremonia fue un vivo testimonio de que el Sagrado Corazón cumple sus promesas.
Fue también una buena ocasión para hacer apostolado, ya que se encontraba un grandísimo número de gente, muchos de los cuales, sino la mayoría, eran paganos. Terminada la Misa, fuimos en procesión al lugar del entierro, donde el catequista habló a todos los presentes sobre la devoción al Sagrado Corazón, y sobre la gran promesa de la perseverancia final. Cuando volvíamos a la parroquia, la misma gente comentaba que era muy común ver a Mikael, en las mañanas temprano, ir a la misa de la parroquia, hasta que sus piernas se lo impidieron.
Estos ejemplos ciertamente conmueven a la gente del lugar, a los misioneros, pero especialmente mueven al Corazón de Jesús a seguir cumpliendo sus promesas.
¡Firmes en la brecha!
Padre Pablo Folz, IVE
Misionero en Tanzania