Por: P. Diego Cano, IVE

 

Aldea de Mazirayo, Kahama, Tanzania, 12 de octubre de 2020

Les había dicho que les compartiría la carta que me escribió el P. Damián. Para los que no leyeron la crónica anterior les cuento el P. Damián me había escrito una carta el 1 de febrero de este año, y Dios quiso llamar al P. Damián a Su presencia el mes pasado.

Cuando me enteré de su fallecimiento recordé la carta, la busqué con cierta preocupación, porque me parecía que podía ser muy importante, y de hecho lo era. Una carta escrita en tono de amistad, contando cosas que no se cuentan a cualquiera, y por eso me siento honrado. Una carta escrita el mismo día que terminaba de hacer sus Ejercicios Espirituales Ignacianos de 30 días. Quiero que también ustedes la disfruten, porque Dios permitió en su Providencia que quedara entre mis papeles, que sea una carta muy reciente, y en que muestra con total sinceridad lo que pasaba por su alma. Se puede leer mucho entre líneas, como esa bondad característica en él, esa entrega sacerdotal a las almas que tenía encomendadas, sus luchas interiores y su gran confianza en Dios, su alegría y el gozo que Dios le estaba concediendo… y con el que lo preparaba para ese encuentro definitivo en el cielo… me llamó la atención esa frase suya: «así fueron pasando los días con nostalgia de cielo«. Anhelaba el cielo, que Dios le concedió… pienso que en los Ejercicios Espirituales le pedimos a Dios estar indiferentes a «vida larga o vida corta»… lo que más nos interesa es parecernos a Cristo, «por más le imitar»… «quiero y elijo», «es mi determinación deliberada». Qué gran gracia poder hacer unos Ejercicios de Mes en preparación para la muerte, ya haber experimentado «gran paz y alegría», como me dice en la carta. Una gran gracia poder perseverar hasta el final, poder morir como sacerdote, religioso, misionero, y a la vez estar trabajando en una obra de caridad… «Venid benditos de mi Padre», escucharéis, porque «lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis».

Gracias P. Damián por esta carta, que nunca te respondí. Tal vez fue providencial, porque por eso la conservaba, porque sabía que debía una respuesta. Gracias por esta atención con un amigo. Doy gracias a Dios por haberte conocido, y por los años que fuimos compañeros de misión en el Seminario Menor. Los sacerdotes de la Congregación rezamos nuestras misas por tu eterno descanso.

Te pido que nos ayudes desde arriba, para que perseveremos hasta el final, ¡firmes en la brecha!

P. Diego Cano IVE

(Aquí abajo transcribo la carta)
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Sabado 1 de febrero 2020, Rama Caída, San Rafael, Mendoza

Querido Diego:
¿Cómo estás? Espero que cuando recibas esta líneas te encuentres bien. Acabo de terminar los Ejercicios de San Ignacio y estoy feliz de haberlos podido hacer… Me acompañó una paz indecible… alguien tiene que haber rezado… yo me aferré a la coronilla de la Misericordia, a San José y a Santa Teresita y en cada dificultad a ellos me quejaba y te digo que fue de gran consuelo y mucho provecho. En el Ave María del rosario le decía a la Virgen que la quería mucho y que tuviera misericordia de este ingrato y pecador hijo suyo. Y así fueron pasando los días con nostalgia de cielo. Por eso digo que alguien debe haber rezado… hubieron tentaciones y dificultades pero todas pasaron… una gracia inmerecida los Ejercicios y todo lo que ello implica.

Vamos a ver cómo se pone ahora que sigue el día a día… Creo que tengo cambio de destino… En un momento de la segunda semana estaba tan dura la lucha que dije: ¡basta! Aquí está la hoja en blanco para que Dios escriba lo que quiera… ¡qué paz! Y qué alegría poder ratificar que nada me pertenece y así terminamos con un gozo indecible.

(…) Cuando llegué hace tres años aquí al Hogar, los chicos rezaban una oración por los sacerdotes y fue muy fuerte escucharla porque interiormente alguien me dijo: YO TE TRAJE AQUÍ PARA QUE ME SIRVAS EN MIS HERMANOS… (…) comencé a rezarla pidiendo por vos y espero que puedas rezarla también por mí:

Oración por los sacerdotes

Omnipotente y eterno Dios, dígnate mirar el rostro de tu Cristo, el eterno Sumo Sacerdote y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes.Recuerda, oh Dios misericordioso, que no son sino débiles y frágiles criaturas. Mantén vivo en ellos el fuego de tu amor. Guárdalos junto a Tí para que el enemigo no prevalezca contra ellos y para que en ningún momento sean indignos de su sublime vocación.

¡Oh Jesús!, te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones, por tus sacerdotes que sufren tentación; por tus sacerdotes que sufren soledad y desolación; por tus jóvenes sacerdotes, por tus ancianos sacerdotes; por tus sacerdotes enfermos, por tus sacerdotes agonizantes, por las almas de tus sacerdotes que padecen en el Purgatorio.

Pero, sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes que me son más queridos: al sacerdote que me bautizó, al que me absolvió de mis pecados; a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la sagrada Comunión; a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron, me alentaron y aconsejaron; a todos los sacerdotes a quienes me liga una deuda de gratitud.

¡Oh Jesús! Guárdalos a todos junto a tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Bueno, no te canso más… debe estar tan mal escrita esta carta con tantos errores y demás, que debes estar a punto de matarte de risa… Pero bueno, la intención era escribirte unas líneas a la distancia. Me encomiendo a tus oraciones. Te mando unas estampitas para vos y Pablo Folz que hicimos en el XVº aniversario sacerdotal y reces por todos.

Damián.

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