Por: P. Diego Cano, IVE
Ushetu, Tanzania, 14 de enero de 2021
Amigos de nuestra misión:
Espero que estén muy bien, y como todos los años, es mi deber agradecer a todos los que han colaborado para que los niños de nuestra misión tengan algún regalo de Navidad. Muchos de ustedes auydaron en la campaña que abrimos en Paypal, otros colaboraron con donaciones personales. El objetivo de la campaña de Paypal se vio completo… y fue superado con abundancia por la donaciones que nos han llegado por otras vías. Quería, entonces, contarles de todo lo que hemos podido regalar en estos fantásticos días navideños.
Por una parte, pudimos comprar dulces: caramelos, chupetines (Chupetes, chupeta, chupachús, o popi como le dicen en Costa Rica… o como se le diga en tantas partes del mundo hispanoparlante). Es que el primer objetivo es poder enviar caramelos y chupetines a todas las aldeas, para que la Nochebuena o el día de Navidad, todos los niños que vayan a la iglesia puedan recibir al menos un pequeño regalo. Así que calculamos unos 8.000 dulces. Les repartimos las cajas y paquetes a los catequistas unos días antes de la fiesta, y de esa manera cuando hacen la celebración de la palabra lo reparten. En pocas aldeas podemos repartir nosotros mismos, los sacerdotes, porque sólo llegamos en esos días a los centros más importantes. En la mayoría de las aldeas los reparte el catequista del lugar. Esta es una de las razones por la que éste regalo es algo muy hermoso, porque si bien es simple y muy sencillo, podemos llegar a todos los puntos de la misión, a las 43 aldeas, y a “miles” de niños.
Es mi costumbre comenzar a comprar estos dulces temprano, pues entre los chupetines (son lo más esperado), caramelos, y galletas, debemos cargar más de 40 cajas. Se darán cuenta que no entra en ningún vehículo pequeño… y además comienzo a comprar temprano, unas dos semanas antes, para asegurarme de que los negocios tengan el stock necesario, y también a medida que nos va llegando el dinero. En cada viaje a la ciudad, cargaba en el autito una decena de cajas. Los dueños del negocio me conocen desde hace algunos años, y ya saben qué voy a comprar antes de que les diga.
Otra ocasión de repartir muchos regalos y premios son los campamentos de varones y de niñas. El campamento de varones lo hacemos antes de Navidad, y el de niñas entre Navidad y año nuevo. Años anteriores los hacíamos de cuatro días y actualmente los hemos extendido a cinco días. No escribiré ahora la crónica de estos campamentos, sino que simplemente les agradezco por la generosidad de ustedes. Tuvimos 160 varones, y 409 niñas, en los respectivos campamentos. Con las donaciones recibidas, también pudimos hacer que los días de campamento sean de mucha alegría, pues mejoramos la comida de esos días: carne dos días, soda dos días, y además la fiesta de clausura. Los campamentos son días de mucha alegría, y son un verdadero regalo navideño para todos ellos.
Además pudimos contratar algunos vehículos para traer a los chicos desde los lugares más alejados. Muchas veces de las aldeas más apartadas no podían venir por la dificultad de llegar. Algunas aldeas quedan a 40 km de distancia, y aunque queden a 15 o 20 km, es un viaje largo. Sin embargo de algunas aldeas vinieron caminando esa distancia… hasta 25 km. Los vehículos de transporte no son de lo mejor, y de verdad que queremos seguir mejorando eso, es decir, poder transportar a los niños en vehículos más seguros, que no sean camiones de carga. Pero bien, lo importante es que gracias las donaciones, participaron muchos más niños y niñas, y de lugares muy apartados. De algunas aldeas era la primera vez que venían. Muchos niños llegan a Ushetu y miran todo como si estuvieran en la ciudad. Hubieron muchos más regalos el día de la clausura de los campamentos, pero les contaré en detalle más adelante.
Por último, otro de los regalos que hacemos es una venta de dulces, el día de Navidad en el oratorio, y los días subsiguientes, hasta el año nuevo. Es costumbre en estas tierras que los papás le den alguna monedita a sus hijos para que se compren algo. Los chicos caminan y preguntan diez veces antes de comprar, para estirar lo más posible su dinero. La mayoría de las veces es muy poco. Pero muchas veces van a los lugares más poblados a comprar, al “centro”, donde el ambiento no es muy bueno, por el alcohol, la música, etc. Por eso es que el oratorio les brinda este servicio, pues mientras están en un ambiente alegre, cristiano, no tienen que ir a otra parte. ¡Y su dinero rinde con creces! Por supuesto que nuestro “negocio” termina con “grandes pérdidas y deudas”… que son pagadas por ustedes. Es decir, que aún aquí se venden los dulces por debajo del precio real, y los niños se regocijan con eso.
En los días de Navidad, previos y posteriores, hemos hecho miles y miles de regalos. Las veces que a los sacerdotes y hermanas nos tocó dar regalos, nos emocionamos hasta las lágrimas con la alegría de los chicos. La mayoría de ellos esboza una gran sonrisa, y un “¡gracias, padre!”, que bien paga los sacrificios de la vida misionera. Y pienso que a más de uno de ustedes les encantaría poder cruzar los mares y continentes para venir a escuchar esos “¡Gracias padre!”, y ver esas sonrisotas de dientes bien blancos, y verlos saltar de alegría. La alegría de esos días, yo no la cambio por nada del mundo.
Mil gracias siempre a todos ustedes. A todos los niños les decimos que deben rezar por los que nos hacen posible poder dar tantos regalos. Y los niños rezan en serio… es decir, han rezado por ustedes.
¡Mil gracias a todos!
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE