Por: P. Diego Cano, IVE

 

Ushetu, Tanzania, 5 de enero de 2021

A fines del año pasado venía contándoles acerca de las primeras comuniones, pero se vino tan rápido el fin de año, con sus hermosas fiestas navideñas y los campamentos de niños, que me fue imposible seguir escribiendo. Además me pareció importante poder escribir algo por la navidad, y de esa manera también poder prepararme para esa fiesta.

Con mucha frecuencia a los misioneros nos sucede que para las grandes fiestas religiosas también tenemos mucho trabajo, y por eso corremos el riesgo de que pasen esos días sin que tengamos un momento de reflexión para poder vivir el misterio con más intensidad, más espiritualmente. La Navidad es una de esas fiestas, pues tenemos muchísimo trabajo, con el fin de año escolar, las primeras comuniones en tantos centros, el cierre de año lectivo en las casas de formación, el campamento de monaguillos, la misa de Navidad en varias aldeas, el oratorio que se aumenta en los días de fiesta, el campamento de niñas que es muy numeroso, y finalmente llega fin de año y año nuevo. Hoy, después de haber vivido con mucha intensidad todas estas actividades, retomo el hilo de los relatos.

El año que pasó hicimos celebración de primeras comuniones en cinco centros, y los números finales son como sigue: Nyasa 70; Mazirayo 116; Ibelansuha 108; Ilomelo 41; Kangeme 121. Total de primeras comuniones en nuestras dos parroquias: 456. Podemos decir que fue un gran año.

Las primeras comuniones son precedidas por un día de examen de catecismo y primera confesión. Suele ser un día muy intenso, pues hay que examinar a todos los niños y jóvenes, y luego confesarlos. En cada centro estuvimos presentes varios religiosos y las hermanas para poder hacerlo lo más rápido posible. En los centros más grandes pudimos estar confesando tres y cuatro sacerdotes por tres horas o más.

Pero el esfuerzo de los niños, de los catequistas, de los religiosos y las hermanas, y finalmente de los sacerdotes, se ve premiado por el día de la primera comunión, en el que reina una verdadera alegría. Se nota en los rostros llenos de felicidad, de manera especial una vez que termina la misa. Tratamos de tener buenos obsequios para cada uno de ellos, un rosario, una biblia ilustrada, y dulces. Todos agradecen mucho.

Hago una breve referencia a los vestidos y uniformes que usan los niños para esta ocasión, pues muchas veces sucede que cuando envío las fotos, algunos lectores se sorprenden de ver que están “tan prolijos”, y que “las niñas tienen tan bonitos vestidos”. Creo que si bien hay a quienes los papás les pueden comprar ropa nueva para la ocasión, la mayoría de ellos usan ropas arregladas, remendadas, y prestadas.

Si pudieran ver las fotos en detalle, verán el estado de los pantalones de los varones, con muchos descosidos y remiendos, algunos pantalones sostenidos con una cuerda, las zapatillas o zapatos rotos, con los dedos que asoman, y algunos con calzados prestados, evidentemente, por lo que se puede ver en la desproporción del tamaño. Pudimos ver muchas niñas que llevaban su vestido arreglado o con remiendos y costuras caseras, y algunas de ellas llevaban calzados muy pobres, que prefieren dejar en el banco y pasar a comulgar descalzas. Nos llena de admiración, y nos enternece también, porque nos muestra a las claras que se trata de niños pobres, de aldeas muy lejanas. Pero hay otra cosa… de verdad que “brillan” en su primera comunión, por sus rostros alegres, y sus miradas puras.

Y nosotros los misioneros, ¿acaso no vamos a agradecer a Dios por tantos frutos? 456 primeras comuniones en un año tan especial como el 2020 que pasó, es un don para agradecer infinitamente. Sobre todo si pensamos que en tanto lugares del mundo no han podido celebrar misas, o han tenido que cerrar el catecismo, o hacer catequesis virtuales, etc. Notamos que Dios nos ha bendecido con un amor de predilección, y así ha bendecido a todos estos niños, con un regalo insuperable: la Eucaristía. Recemos por la perseverancia de todos ellos, que sigan recibiendo el Cuerpo de Cristo, con un amor siempre más grande.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE