Por: P. Diego Cano, IVE

15 de febrero de 2021

La falta de agua es un gran problema. En nuestra misión no estamos exentos. Como ya les he contado, nuestra misión abarca dos parroquias que son limítrofes entre sí (Ushetu y Kangeme), comprendiendo un territorio de 2.300 km2 aproximadamente, con más de 43 aldeas. Hay lugares donde el gobierno ha procurado agua para los habitantes, pero no son tantos. En el lugar donde tenemos el centro de la misión ya tenemos bastante solucionado este asunto, pues tenemos grandes tanques para guardar agua de lluvia, y además tenemos un pozo de agua que gracias a una bomba eléctrica nos brinda agua para todas las casas de formación, para la casa parroquial, la casa de las hermanas, y el dispensario. Este pozo es fundamental para nuestra supervivencia, especialmente en los meses de sequía. También pudimos excavar otro pozo en nuestra aldea, y colocar una bomba manual, para uso de toda la comunidad de donde vivimos.

Pero en general podemos decir que el agua es un gran problema. En algunas aldeas tienen pozos excavados por el gobierno, pero no sé realmente en cuántas… creo que podemos contarlos con los dedos de una mano. En la gran mayoría de las aldeas no tienen más que ir a sacar agua en los pozos excavados a mano, o en lugares donde brota agua. Los pozos excavados a mano, muchas veces no proporcionan gran caudal de agua, así que quien los ha excavado, lo usufructúa. Ya sea para su uso personal, o para cobrar a los que vienen a sacar agua, aunque el sistema consiste en un balde y una cuerda, y nada de bombas.

En otros casos hay cisternas naturales, donde brota el agua, pero siempre es muy sucia, y hasta en algunos lugares llevan a abrevar a los animales, las vacas entran en el agua, beben y ensucian, por supuesto… y de ese lugar nuestra gente obtiene el agua. Los problemas comienzan a surgir en los meses de sequía, que son casi la mitad del año, desde mayo a noviembre. Muchos de esos pozos, ya sean excavados a mano o naturales, se secan. La gente debe comenzar a ir cada vez más lejos a buscar el agua, en algunos casos deben caminar más de dos kilómetros. En otros casos, deben sentarse a esperar a que brote el agua suficiente como para poder extraerla con un cacharrito. Una vez encontramos tres mujeres esperando junto a un pozo, y cuando le preguntamos cuánto tiempo suelen esperar para poder obtener un balde de 20 litros, nos dijeron que dos y hasta tres horas.

El agua que se suele obtener no es potable, necesita ser hervida. Pero la mayoría de nuestra gente no puede hervir el agua, por la sencilla razón de que para eso se necesita leña. Ésta debe ser también buscada y traída desde lejos, o se debe comprar carbón, y la mayoría no tiene el dinero suficiente para comprar una bolsa de carbón por mes. La leña generalmente la buscan las mujeres y los niños o jóvenes de la casa. Se hacen atados de leña y los cargan sobre la cabeza, y así también caminan mucho, a veces más de uno o dos kilómetros. La leña debe ser usada para cocina; y el agua que se trae en baldes, es para cocinar, lavar la vajilla, la ropa, bañarse, etc. Por esto que aquí les explico entenderán cuán difícil para ellos es poder dedicar tiempo y leña para hervir el agua para beber toda la familia. Esto explica porqué en muchos casos se dan problemas de estómago, enfermedades como el tifus, además de parásitos y bacterias. Las verduras y otras legumbres y alimentos no pueden ser lavados ni higienizados como se debería, y las manos y utensilios son lavados muchas veces con agua que ya ha sido utilizada.

Por eso, el agua es un gran problema y una gran necesidad. A veces me gustaría imaginar en nuestros países, aún en medio de la vida sencilla de nuestras tierras, lo difícil que sería tener que vivir “buscando el agua”. Hagan el ejercicio de pensar que toda el agua que usen en el día la tuvieran que ir a buscar a dos kilómetros de distancia, pero caminando ida y vuelta. Imaginen ahora, desde el lugar donde están sentados leyendo esta crónica, un lugar que les quede a un kilómetro, o kilómetro y medio. Bien, ahora imaginen que deben ir dos veces al día a ese lugar a buscar 20 litros de agua, e ir y volver caminando.

Por gracia de Dios, pudimos ayudar a varias aldeas a tener su pozo, aunque estamos muy lejos de poder darles agua a todos los que necesitan. De todas formas, es una alegría muy grande para nosotros haber podido obtener la ayuda de un donante para hacer un pozo de agua en un colegio secundario del estado. Es un establecimiento que se encuentra a 8 kilómetros de nuestra casa, y allí estudian más de 700 jóvenes. Los colegios generalmente tienen una parte dedicada al alojamiento, pues muchos estudiantes vienen de aldeas lejanas, y se quedan allí toda la semana. También los profesores y directivos tienen sus casas en el terreno del colegio, y por lo tanto se trata de una gran población cercana a la escuela, a la que se suman muchos vecinos.

En septiembre el director de la escuela de Mweli, de la aldea de Mbika, me escribió una nota solicitando la excavación de un pozo de agua, pues desean agregar dos años más al colegio secundario (5to y 6to año, que sería todo el secundario completo), pero no podrían hacerlo sin tener agua. Tampoco podían aumentar la capacidad de alumnos internos, por este mismo problema. Yo le respondía que nos pondríamos en campaña de buscar quien nos ayude, pero que lo más importante es que recemos para que Dios nos ayude. Le pedía que le avise al grupo de estudiantes católicos que allí asisten, que son unos 200. Pero que también le diga a todos los alumnos que recen, aunque sean de otras religiones. Por nuestra parte, le pedimos de manera especial a San José, que nunca deja de escucharnos.

Ya he visto tantos verdaderos “milagros” de la providencia por intercesión de San José, que casi no me sorprendí al recibir la noticia de un donante que hacía tiempo me pedía que rece para que se concrete un negocio, y que lo había logrado… ahora deseaba donarnos ¡un pozo de agua! Estos pozos que excavamos son muy costosos, y no quiero decirles ahora cuanto cuestan para que no se asusten. Pero son costosos porque se trata de pozos de más de 80 mts de profundidad, que garantizan tener agua todo el año, y el agua es analizada para que sea agua apta para el consumo humano.

Todo surgió tan rápido, que ya en diciembre fue excavado el pozo, y la semana pasada, una vez que los alumnos habían regresado a las clases, se hizo la bendición. El padre Victor Guamán fue al colegio, junto a dos religiosos en formación. Las autoridades hicieron salir al patio a todos los alumnos para agradecer a los misioneros, a la Iglesia Católica, en la persona del padre, por haber obtenido agua para el colegio y toda la comunidad. El P. Victor aprovechó a decirles a los alumnos que deben rezar siempre por los donantes, quienes han querido quedar en anonimato, para que Dios los cuide y guarde siempre a ellos y sus familias. Después se dirigieron todos hasta el lugar donde está el pozo de agua, para bendecirlo. También construimos una gran cruz de cemento junto al pozo. Es nuestro deseo que la cruz acompañe a cada pozo de agua, y así les recuerde a todos que ha sido la Iglesia Católica quien les ha otorgado este regalo, y que la cruz siempre les recuerde la bondad de Dios con ellos. Se hizo la bendición del agua, del pozo, de la cruz, y de todos los presentes. Los alumnos católicos dedicaron después varios cantos en agradecimiento, junto a uno de los hermanos religiosos que siempre va al colegio de apostolado, para dar charlas y catecismo.

Quería compartirles esta gran alegría, y que sigan rezando para que Dios nos conceda la posibilidad de brindar este servicio tan elemental a muchos más. Por gracia de Dios, hemos podido excavar ya 14 pozos de agua, y de algunos de estos les podré contar en próximas crónicas.

 

Dios los bendiga.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE