Por: P. Diego Cano, IVE
Aldea de Mazirayo, Kangeme, Tanzania, 24 de diciembre de 2020.
Querida familia y amigos:

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Hoy es 24 de diciembre por la mañana. Siempre esta fiesta es muy especial para todos, hay muchos preparativos, muchos de ellos son de cosas muy necesarias para los festejos y ceremonias, y en medio de ellos queremos tener el tiempo también para prepararnos espiritualmente. La noche de Navidad siempre es muy especial. Nochebuena… “la” noche buena, la más buena de todas… y por eso la vivimos de manera especial, pero depende mucho de cada uno, de que se viva desde la fe, y de que nos podamos adentrar en el misterio del Nacimiento del Niño-Dios.
Aquí estoy escribiendo estas líneas, pensando en todos ustedes, los que están “del otro lado”, como se podría decir, o me podría imaginar. Los que están leyendo esto, que escribo aquí, en la misión de Tanzania, en África… y que están unidos a nosotros espiritualmente, porque rezan por nosotros, porque están siempre siguiendo nuestras aventuras y actividades.
Les cuento que tengo un gran agradecimiento a Dios en mi alma por estar escribiendo esto desde aquí, justamente desde aquí, nuestra misión en Ushetu. Los días transcurridos han sido muy intensos, con muchas actividades, llenas de bendiciones y gracias. Un don enorme, y siempre quiero escribir algo para que no quede en el olvido, y para no enviar fotos y vídeos simplemente. Creo que lo más importante pasa por dentro de nuestro corazón, y eso muchas veces no queda reflejado en las fotos. Por eso se me han atrasado varios escritos, de varios eventos, que espero poder contarles, con la ayuda de Dios.
Como les digo, es muy difícil para mi expresarles la alegría que Dios nos concede a los misioneros. En estas tierras de misión hemos recibido bendición tras bendición… que nos parece tener que decirle como decía Francisco Javier ante tantas gracias, “Satis, Domine, satis” (¡Suficiente, Señor, suficiente!).

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Ayer cerramos el campamento de niños, los monaguillos, y la alegría era desbordante. Los misioneros no podíamos sino estar contentos como ellos, o más que ellos. Hasta me causa gracia pensar que anoche reenvié fotos y vídeos a todo el mundo, sin pensar que para muchos no les dice nada… o hasta les puede haber pasado de pensar que es algo tan trivial, que mande tantas fotos y videos de una fiesta con los niños. Personalmente, creo que es verdad que es algo de tan poca monta, pero para mi no lo fue. Me sentía ayer (y creo que hablo también por los otros padres y hermanas) con una alegría y un agradecimiento muy grande a Dios por estar en esta misión. Ayer vi a una multitud de niños saltar de alegría, gritar, aplaudir, con una euforia que no había visto nunca. Fue en el momento de decirles que teníamos regalos para todos, un par de zapatillas, y casi se nos saltan las lágrimas a los misioneros al verlos alegrarse de esa manera.
Me hizo pensar en la alegría del Niño Jesús al recibir nuestros pequeños dones. Creo que no nos imaginamos en la manera que Él salta y aplaude, y festeja, cuando nos acercamos al Pesebre, y nos arrodillamos, y le damos lo que tenemos, lo que somos. Casi nada, ¡qué le podemos dar! A veces pueden ser tan solo nuestras lágrimas, nuestros dolores, y nuestro sudor. A veces serán dones hermosos, virtudes y grandes actos, pero que siempre van llenos de nuestros defectos. Pero ahora trato de imaginarme a Cristo, en su alma, saltando y dando aplausos. ¡Lo alegramos con tan poco! Me gustaría esta noche, ante el pesebre de esta aldea pequeña lejana desde la que escribo, imaginar una sonrisa en el rostro del Niño Jesús, en el rosto de la Virgen y de San José.

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Aquí en Mazirayo, a 40 km del centro misionero de Ushetu, están haciendo unas imágenes del pesebre con barro, será de lo más humilde y rústico que se imaginen. Yo traje desde la parroquia una imagen del Niño muy hermosa. Creo que esta noche voy a ver la sonrisa en el rostro de Jesús, de María y José. Voy a ver la alegría de los pastores. Y el cielo se alegrará de ver tanta alegría en la tierra, en un lugar tan apartado. Celebraremos la misa de la noche en la pequeña capilla, por primera vez en la historia de estas aldeas de Mazirayo, la misa de Noche Buena.
Hagan la prueba esta noche. Miren el rostro del Niño Jesús, y verán que les sonríe… porque ustedes están allí.
¡Feliz Navidad!
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE