Por: P. Diego Cano, IVE
Campamento de niñas 2020
(Continuación de la crónica anterior)
El campamento de niñas siguió a la navidad, y asistieron unas 410 chicas. Las hermanas trabajaron muchísimo en esos días, como se imaginan. Un gran trabajo es el cocinar para un batallón, y después los juegos por grupos. Hicieron salidas a la montaña también por grupos. La iglesia estaba llena de niñas, y en particular estas chicas que son las que bailan y cantan en las misas en sus aldeas. También en los fogones en la noche y en las competencias era impresionante ver cantar y bailar a ese grupo de 400 niñas todas juntas al unísono y al ritmo.
También fue muy alegre la misa de clausura y el fogón final. Para la misa todas se vistieron con sus vestidos amarillos y blancos, con los colores papales por ser la infancia misionera. Les pedí al terminar la misa que nos agradecieran cantando como ellas saben, con mucha fuerza, el canto de la navidad… “Pastores de la montaña”. Es también emocionante, pues cantan con toda fuerza, y bailando todas juntas, levantando las manos al momento del “gloria in excelsis Deo”.
Para finalizar el campamento también se realizó un fogón, y una comida de fiesta. Al terminar repartimos regalos como en el campamento de niños, con la diferencia que aquí fueron ¡410 pares de zapatos! También hubieron caramelos, galletas, sodas…. Y Biblias para todas. Como eran tantos regalos, los cargamos en la camioneta de las hermanas, e hicimos una entrada triunfal con los regalos, que me gustaría que vieran ustedes. Pocas veces he visto una reunión tan llena de felicidad.
Una de las cosas que nos facilitó estos campamentos, y que hayan podido participar tantos chicos, ha sido que ustedes nos han ayudado para estos días. Procuré contratar dos camiones para traer a los niños y las niñas de las aldeas más lejanas. Vinieron chicos de aldeas que nunca habían podido participar, pues llegan a estar a 30 km, y hasta de 40 km de distancia. Antes no venían porque no tienen medio de movilidad, y hacer esa distancia caminando hace que sea imposible participar. Pero esta vez fue una gran gracia, haberlos podido traer hasta la misión de Ushetu. Muchos de ellos, cuando llegaban a la misión, miraban todo como si estuvieran en la ciudad, y nuestra iglesia, una catedral. Muchos de ellos no han salido nunca de sus aldeas, y esta oportunidad de socializar y estar con tantos otros chicos, les ayuda a abrirse mucho más. Aprenden a rezar, aprenden nuevos juegos y cantos… y salen un poquito de su realidad tan limitada de una aldea perdida en el monte.
Mil gracias a todos ustedes por la ayuda, pero también agradezco inmensamente a los sacerdotes, especialmente al P. Víctor y los novicios; y a las hermanas todas, con la novicia y las aspirantes, que trabajaron muchísimo. Sin todos ellos, hubiera sido imposible tener estos días de gracia para más de 560 niños.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE