Por: P. Roque Buezas, IVE

 

Los pesebres vivientes, desde sus orígenes con San Francisco de Asís en la ciudad de Greccio, en Italia, han dado siempre abundantes frutos espirituales en la rica y valiosa tradición de reproducir el Nacimiento del Redentor, queriendo prolongar el misterio a lo largo de los siglos y sobre todo manteniendo y acrecentando la fe en la Encarnación del Verbo. El pesebre, y más aún cuando es representado, nos ayuda a contemplar el misterio del amor de Dios que se reveló en la pobreza y sencillez de la cueva de Belén. Interpretando los distintos personajes nos vemos, de algún modo, suavemente obligados a sumergirnos en la misma adoración con que todos aquellos se postraron ante Dios hecho niño en un pobre portal.

Esta crónica trata, simplemente, acerca de un pesebre viviente, que hemos podido representar el pasado 20 de diciembre con nuestros chicos de los Hogares de Caridad en San Rafael, Argentina. Ahora bien, quizás a más de uno le surja la siguiente pregunta: ¿Por qué escribir una crónica acerca de algo que se hace siempre en muchas de nuestras casas, cuando vamos llegando a fin de año? Nadie puede negar el valor que encierra un pesebre viviente, sobre todo cuando se trata de llevar el mensaje del evangelio a las familias, pero… ¿Acaso se trata de un pesebre viviente especial? Creo que sí, por el modo en que Dios se mostró, una vez más, como Padre providente y atento a nuestras obras de misericordia.

El simple hecho de que quien les escribe haya tomado la iniciativa de escribir un pesebre viviente es, por cierto, un don de Dios. Nuestro Padre Espiritual, San Juan Pablo II, afirmaba: «Es el Espíritu Santo quien impulsa a anunciar las grandes obras de Dios»[1]. Yo nunca escribí una obrita de teatro, ni la más mínima, en mi vida; y cuando tuve el deseo de hacerlo, providencialmente di con la hermana María de las Virtudes (quien, por su parte, ya ha escrito varios en su vida… detalle del que me enteré tiempo después). Ella trabajó con muchísimo esmero, más la idea que en un principio tuvimos en mente no fue la de algo tan grande como lo que finalmente terminó siendo; es que la obra fue tomando mayor dimensión con el paso de los días y en la medida en que otros religiosos se sumaban al equipo de trabajo. En la generosidad y creatividad con que cada uno de ellos fue haciendo su aporte a la obra teatral[2] que de a poco se iba gestando, pudimos ver la mano providente de Dios, conforme a lo que dice la carta circular del 1 de julio de 2017 sobre la “creatividad apostólica y misionera”, dirigida a los miembros de nuestra familia religiosa: «en este anunciar las obras de Dios, es casi como una consecuencia natural de la acción del Espíritu Santo, suscitar en el corazón de los misioneros iniciativas de toda clase, para que con gran arrojo y mayor entusiasmo aun, no solo se embarquen en la noble empresa de salvar almas, sino que se multipliquen los modos y la búsqueda de ocasiones para el anuncio evangélico»[3].

Realmente, se vivió todo en un clima de “trabajo en equipo”. Para que puedan darse una idea: la madre Tramonti, desde Suiza, diagramó el libreto; la hermana Pasión, del Colegio Isabel la Católica le puso música al cántico con que los ángeles adoraron al Niño; luego, con la ayuda de los religiosos, empleados, profesionales y voluntarios de los Hogares se hicieron las grabaciones (pues nuestros chicos actúan con voces en off); luego comenzaron los ensayos con nuestros chicos (para muchos de ellos resultó difícil, pues este pesebre viviente tuvo un esquema teatral muy distinto de lo que están acostumbrados); luego la madre Notre Dame se tomó el tiempo de elegir la música… y luego vinieron todos los preparativos, la escenografía, el padre Oscar Barraza armó la iluminación, iban surgiendo ideas… y cada vez más gente se vio involucrada; ninguno por interés propio, sino en vistas a poder contemplar mejor el misterio de la Navidad. Y todos comprendiendo que este año el pesebre viviente sería algo distinto de todos los otros años, sin dejar por ello de cumplir con las labores que cada uno tenía en su comunidad religiosa. Cuando nos dimos cuenta, la obra ya la estaban traduciendo al árabe y al ucraniano para representarla en Egipto y en Ucrania el próximo 6 de enero (fecha en que festeja la Navidad la Iglesia de rito Oriental). La verdad, creo que más que de “trabajo en equipo”, deberíamos hablar de “espíritu de familia”: «¡Cuán cierto es esto para nosotros, pues nuestro carisma es que todos nuestros miembros trabajen por la evangelización de la cultura[4]! Ya que “en la tarea de evangelizar la cultura no son suficientes esfuerzos individuales o de alguna generación, sino que se hace necesario un gran movimiento que vaya creciendo en extensión y profundidad”[5]»[6].

Creo que todo el esfuerzo realizado en equipo toma un valor especial cuando lo consideramos en el marco del año que hemos vivido. Este 2020, los miembros que nos desempeñamos en las obras de misericordia en Argentina, hemos recibido muchísimas bendiciones. Con una mirada humana, cualquiera podría cometer el error de ver tan solo la mitad del vaso vacío, y quedarse solamente en el hecho de que en el año que terminó hace pocos días hemos algunos momentos duros, sobre todo si consideramos las partidas de varios de los nuestros a la Eternidad (los padres Rubén Maldonado, Damián Morales y Gaspar Farré, además de algunos de los angelitos y abuelos…) y el hecho de que en las semanas más duras de la pandemia muchos de nuestros empleados se vieron obligados a dejar de asistir a nuestro Hogar (lo cual hizo, evidentemente, que los religiosos tuviéramos que redoblar los esfuerzos para atender a nuestros chicos). Ahora bien, mirar las cosas de ese modo no sería mirar la realidad tal como realmente es; la realidad es lo que Dios ve… Y, visto con los ojos de Dios, todo lo que nos sucedió fue una lluvia de bendiciones (¡la alegría con que Dios nos hizo vivir todas las dificultades nos da testimonio de ello!).

Pero fue justamente el misterio de la Navidad el que nos hizo reflexionar en la posibilidad de coronar este 2020 sacrificado con un último esfuerzo, con algo más, con un plus, con algo distinto… ¡Con un pesebre viviente! Que nos ayudara a todos los que trabajamos en obras de misericordia a renovar en nosotros la convicción que brota de la Fe, y que nos fue inculcada por nuestro fundador desde los inicios de estas obras dedicadas a la atención de las almas necesitadas que Dios nos ha encomendado: “En ellos está Dios”. El mismo Cristo nos lo tiene dicho: «… os digo que cuanto hicisteis a uno de éstos mis humildes hermanos, a MI me lo hicisteis» (Mt 25,40). Si esto no se entiende, tampoco se podrán entender nuestras obras de caridad.

Por último, creo importante destacar el que en este 2020, gracias a una ocurrencia genial de uno de nuestros sacerdotes, decidimos terminar la interpretación de la obra de un modo especial, retomando la antigua costumbre de muchos autosacramentales de antaño, esto es: con la adoración al Santísimo Sacramento por parte de todos los actores y del público presente. Es decir que lo que finalmente Dios realizó entre nosotros el pasado 20 de diciembre fue más que una contemplación del misterio de la Navidad… fue, más bien, una verdadera adoración del Niño Dios “realmente presente entre nosotros”, con el mismo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad con que lo adoraron la Virgen, San José, los ángeles, los pastores y los magos hace ya más de 2000 años.

«Así como la familia es una comunidad de personas en el amor, una comunión en el amor, así nuestras casas deben ser comunidades de caridad, hasta tal punto que se pueda decir que en ellas vive el mismo Cristo»[7]. Esto que afirma nuestro Derecho Propio, lo vivimos cada día de un modo especial en nuestras casas de Caridad, ya que el mismo Cristo envuelto en pañales y necesitado de los cuidados de los hombres, se encuentra particularmente presente en la persona de las almas necesitadas que nos han sido encomendadas:

 

Mirad que el Niño divino
está escondido en ellos
Él no habla, pero agradece
lo que hacéis por Él en ellos…[8]

P. Roque Buezas, IVE

 

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[1] Redemptoris Missio, 1.

[2] El género teatral de esta obra es, propiamente, el de “recreación piadosa”.

[3] Carta Circular 12/201: “Creatividad apostólica y misionera”, p.7.

[4] Cf. Constituciones, 30.

[5] Constituciones, 268.

[6] Carta Circular 18/2018: “Unidos en Cristo… como una Familia Religiosa peculiar”, p.11.

[7] Directorio de Oratorios, 62; op. cit. Cf. Gal 2, 19-20.

[8] Tomado del canto angelical con que los coros celestiales celebran gozosos el nacimiento del Redentor por la Virgen María, a fines del tercer acto.