Por: P. Esteban Curutchet, IVE (Samarcanda, Uzbequistán)

Es un hecho: en la Congregación uno nunca está solo.

Pero, ¿cómo – podrá preguntarse alguno – si hay algún caso en que algún misionero está solo en su misión? Y sí, físicamente hablando, hay algún caso, y por circunstancias que contrarían las intenciones mismas de nuestros superiores, en que algún padre está temporalmente sin un compañero de misión. Este es mi caso en estos meses.

Quisiera aclarar que lo referente a los superiores no lo digo para quedar bien con ellos o pecar de adulador, lo digo porque el deseo de mi provincial, en mi caso, no era que me toque estar un tiempo solo aquí en Uzbequistán, sino que fue el COVID-19 y las medidas impuestas en los países de Asia Central a causa de la pandemia actual, los que impidieron que sus intenciones se concretaran. Desde el mes de marzo las fronteras del país están cerradas.

Como les venía diciendo, en la Congregación uno nunca está solo. Y así es porque a donde vayamos siempre va a estar con nosotros Jesucristo presente en la Eucaristía, en nuestros sagrarios, y la Virgen Santísima, Madre particularmente protectora de los sacerdotes y religiosos. Si estamos unidos a Dios, nunca estamos solos. Y esto se nos enseñó siempre.

Uno nunca está solo porque está unido espiritualmente a su familia de sangre y podríamos incluir aquí también a nuestros amigos. Mantener firmes los lazos familiares e incluso profundizarlos más, se nos incentivó y enseñó siempre en la Congregación.

Uno nunca está solo siendo parte de la Congregación porque está unido a los fieles de su misión, sobre todo espiritualmente, cosa que también se nos enseñó siempre. ¿Qué cosa? Buscar la gloria de Dios y el bien de las almas por sobre todo. Esto nos une profundamente a ellos. Y ellos también nos cuidan y protegen con su cercanía y sus oraciones.

En la Familia Religiosa del Verbo Encarnado uno nunca está solo, porque está unido por medio de la oración a una inmensa cantidad de almas que rezan por uno. Para dar un ejemplo, baste nombrar al ejército de madres y mujeres que en todo el mundo rezan mensualmente por la perseverancia y santidad de los religiosos. Y ellas no son las únicas, hay muchas y muchos otros que ruegan a Dios por nosotros.

En nuestra querida Congregación uno nunca está solo, si no lo quiere estar. Tanto nuestros superiores o directores espirituales, están dispuestos siempre para escucharnos, aconsejarnos o simplemente para participar de nuestras alegrías misioneras o animarnos en nuestras luchas. A ellos no les es indiferente nuestro andar misionero. Quienes practican el coloquio con ellos saben que esto es así y que por tanto no estamos solos. Quienes no lo practican podrán decir cualquier cosa, ¡allá ellos!

En nuestra pequeña Familia Religiosa uno nunca está solo porque los compañeros en el Instituto, sean sacerdotes o hermanos religiosos, se preocupan por uno. Y esta preocupación o interés por aquel misionero al que le toca estar solo se manifiesta de diferentes maneras, a través de mensajes o de llamadas, como también por las oraciones y sacrificios que ofrecen por uno. Con respecto a lo primero, les puedo asegurar que en este año y muchas veces por iniciativa de ellos, recibí muchísimos mensajes o llamadas de distintos religiosos misioneros en Túnez, Italia, Rusia, Alemania, Lituania, Séforis, Argentina, USA, España, etc., y especialmente, desde Tayikistán y Kazajstán, otros dos países que junto con Uzbequistán, forman la Delegación del IVE en Asia Central. La mayoría de las veces, el motivo de las mismas fue simplemente compartir más no sea un rato comunitario de eutrapelia o de “Pro”, que gran valor tiene y tanto bien hace.

Uno nunca está solo, aunque le toque estar sin un compañero de misión, porque son los mismos miembros de la Tercera Orden de nuestra Congregación que se preocupan por nosotros también y de diferentes maneras. Destaco un hecho sobre este punto, en el que tuvimos la gracia de participar durante este año varios misioneros. Hablo de las charlas quincenales sobre la Devoción al Sagrado Corazón que pudimos darle a los terciarios de Buenos Aires, Argentina.

Lo que hemos dicho acerca de la cercanía de los compañeros en la congregación o de los miembros de la Tercera Orden dígase también en relación a la rama femenina de nuestra Familia Religiosa, las hermanas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará.

En la Congregación uno nunca esta solo, si no lo quiere estar, porque puede participar de distintos apostolados junto a otros religiosos, cosa que también nos mantiene unidos en nuestra Madre, la Congregación. Así, por ejemplo, las predicaciones diarias en español para VOZ CATÓLICA; las predicaciones diarias en ruso en el canal de YOUTUBE del Instituto; la ayuda que se da en los ejercicios espirituales predicados on line; etc.

Uno nunca está solo en nuestra pequeña Familia Religiosa, porque a través de las Crónicas, fotos de la Semana, etc., participa a la distancia de la obra que van llevando a cabo todos nuestros misioneros y misioneras, esparcidos por el mundo. Estas obras se convierten en nuestras también, al ser realizadas por miembros de nuestra querida Congregación.

En la Congregación, si uno quiere, nunca estará solo y podría dar más motivos pero ya es suficiente.

No tener un compañero de misión, evidentemente, tiene sus dificultades. A pesar de esto, no quisiera dejar un mensaje pesimista haciendo creer que uno vive triste y agobiado, ni tampoco un mensaje idealista, haciendo creer que todo es color de rosas, porque tanto uno como otro mensaje no concuerdan con la realidad.

Lo que me importa decir y que quede claro es que, aunque a alguno le pueda tocar alguna vez estar solo un tiempo, sea corto o prolongado, nunca será justo decir que el misionero en la Congregación está solo o que “lo dejan solo”. Eso no es verdad.

¡Qué María Santísima nos siga bendiciendo con numerosas y santas vocaciones!

¡Qué viva la Congregación! ¡Qué viva la Misión!