Por: M. Mary Our Lady of the Blessed Sacrament

 

Con el Miércoles de Ceniza hemos empezado el tiempo de Cuaresma, un tiempo en el cual unas de las tradiciones que tenemos como católicos es el restringirnos en el uso de la palabra “Aleluya”, término que se usa con gran alegría. Ahora, esta tradición se ha restringido solo al uso litúrgico, especialmente en la Misa. Aunque también podemos aprovechar este “ayuno” de la palabra “Aleluya” afuera de la Misa como un modo de acumular nuestras alegrías para la gran celebración de la Resurrección en la Pascua. En estos días, yo personalmente no he podido restringirme, por lo menos espiritualmente. Les contaré por qué.

Como ya han oído, la Tercera Orden Secular aquí en Tanzania empezó oficialmente el 25 de Diciembre 2018 y ya tenemos más de 250 miembros. Desde entonces hemos podido reunirnos con ellos cada dos meses, durante las fiestas de la Familia Religiosa, y en los días de reunión.  Este sábado pasado la reunión fue con más o menos 120 personas.  Esta ocasión es para ellos como un día de retiro, de formación y de tiempo en comunidad.  Siempre se tiene la adoración Eucarística con oportunidad para confesarse, el rezo del Rosario y un tiempo de Lectio Divina guiada, seguida por la Santa Misa, que es el centro del encuentro.  También hay charlas de formación, una dada por uno de los Padres del IVE y otra dada por una de las hermanas Servidoras.  Este sábado pasado el Padre Jaime habló de la Devoción Mariana de acuerdo a San Luis María de Monfort; y Madre Protectrice habló de la Cuaresma, la conversión y la importancia de la confesión.  Se tiene siempre también un tiempo de comunidad durante el desayuno y el almuerzo. Siempre tiene lugar el tradicional “fogón” (o show) dirigido por los seminaristas de aquí. ¡Los tanzaneses siempre tienen algo listo para algún fogón con canto y baile!  En este último la Hermana Gesú con las aspirantes, les enseñaron a algunas de las niñas un canto y baile en el que tenían que actuar como instrumentos en una orquestra, lo cual fue muy divertido y gracioso para todos. El Encuentro se culmina con una reunión organizativa dirigida por los líderes laicos del grupo.

Las que casi nunca faltan a los eventos de la Tercera Orden son las señoras de Nyasa.  Realmente es por culpa de ellas que no puedo sacarme el Aleluya de la cabeza. San Agustín dice que “El Cristiano debe ser un Aleluya de pies a cabeza” y estas cinco señoras, son ejemplo de ello.

Nyasa es unas de las aldeas más lejanas de la parroquia. Para ir o venir de allí en tiempo de sequía, se puede caminar unas tres o cuatro horas. Como ya habrán leído del Padre Diego, este octubre pasado hicimos una peregrinación caminando desde la parroquia de Ushetu, en Ibelansuha (donde está la Iglesia y nuestro convento) hasta la capilla de Nyasa portando la Virgen de Fátima, ¡y nos tomó unas cuatro horas con algunas paradas y con muchísima gente! Ahora en este tiempo de las lluvias se suma el río que se tiene que cruzar con un botecito de corteza.

Para llegar a la reunión o fiesta de la Tercera Orden, nuestras fieles señoras de Nyasa usualmente hacen este viaje el día antes para asegurarse estar cuando empiece todo. Cuando les preguntamos del viaje esta vez, nos dijeron que primero se juntaron en la capilla en Nyasa para rezar las oraciones de los Viernes dedicado al Sagrado Corazón. Luego empezaron su viaje a las 10 de la mañana y llegaron a la parroquia a las 3:30 de la tarde. El viaje entero, entre caminar y cruzar el río, les tomo cinco horas y media, ¡y eso que la mayoría de ellas, con la excepción de una, tienen seguramente más de 60 años! (¿No me digan que no quieran decir o por lo menos pensar un “Aleluya”?)  Llegaron en buena hora para juntarse con la comunidad de fieles de aquí para rezar el Vía Crucis. Siempre que vienen estas mujeres, ellas pasan la noche en unos de los cuartos que tenemos para voluntarios. Y dependiendo de a qué hora se termina la reunión salen el mismo día, o si se hace muy tarde, se quedan otra noche más para al día siguiente emprender el viaje de vuelta. Esta vez se quedaron hasta el domingo. Después de la misa, el desayuno y con una botella de un litro de agua bendita en las manos o en la cabeza, quisieron empezar su viaje y vinieron a despedirse. Pero para que tuviesen una mañana más tranquila decidimos llevarlas lo más cerca posible al río. ¡Estaban felices!

Nos subimos al vehículo y empezamos el viaje. Durante el camino, las mujeres entonaban himnos a la Virgen, y entre medio guiaban el camino advirtiéndome de los pozos y obstáculos. También aprovechábamos de hacerles algunas preguntas. Allí le pudimos preguntar más sobre los viajes que siempre hacen y por qué hacían este viaje cada vez. La respuesta tan simple, pero tan llena de fe, fue: “Porque queremos amar a Dios.”  Además, nos decían que una vez que no habían podido venir sintieron mucho la falta de esa reunión. Pienso que con la pureza de fe que tienen, ellas han podido entender el valor del Sacrificio de la Santa Misa (que no la tienen regularmente), la presencia de Jesús en la Eucaristía, el perdón de sus pecados en el sacramento de la confesión, la buena formación de la Doctrina de la Iglesia y de nuestra espiritualidad como Familia Religiosa basada en la Encarnación del Verbo.

Viajamos una hora y quince minutos hasta llegar a un punto en que no podíamos ir más adelante, porque el agua hacía difícil el continuar conduciendo.  Después de tomar algunas fotos, nos agradecieron profundamente. Y además nos dijeron que nos íbamos a ver otra vez el jueves. Les preguntamos por qué harían el viaje otra vez en menos de una semana. La respuesta fue que Jesús las esperaba en el retiro del Sagrado Corazón que se tiene en la parroquia cada primer viernes de mes. Nos despedimos y las vimos alejarse poco a poco; alegres, algunas de ellas, cargando sus botellas de agua bendita sobre la cabeza.  ¡Realmente son unas Aleluyas de pies a cabeza!

Le pedimos a la Virgen que estas señoras, con su fe y entrega total a Jesús, nos inspiren y animen, como religiosos y miembros de la Tercera Orden de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado en nuestro camino de santidad; a seguir a Cristo, como dice nuestro Directorio de Espiritualidad (134), por el camino regio de la Santa Cruz: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame” (Lc 9, 23).

En los Corazones de Jesús y María,

M. Mary Our Lady of the Blessed Sacrament