Por: P. Jesús Javier Segura, IVE

 

El pasado sábado 12 de diciembre, memoria de la Virgen de Guadalupe, pudimos celebrar la vestición de 14 novicios para la Iglesia de Dios: 4 italianos, 7 españoles, 3 del centro-norte de Europa.

Con el noviciado comienza la vida de un instituto, comienza la vida del novicio[1]. Es el tiempo de las primeras impresiones, tiempo del albor de los primeros amores y de los frescos toques del Espíritu Santo, que ya se dejan sentir en el postulante.

El noviciado es escuela de oración, de sacrificio, de virtud, algo parecido a Nazaret: de trato familiar y silencioso con Jesús[2], con María, bajo la sombra providente de José. Se parte de cero y se apunta a ideales muy nobles.

Cada novicio es un mundo. Pareciera que la gama de los cuatro temperamentos de Hipócrates y Galeno quedase disuelta en una miscelánea de variopintos modos de ser que cada uno trae consigo. Y sin embargo, todos visten ahora de oscura tela que denota una armónica fusión de ideales que unen a estos muchachos con lazos de hermandad más fuertes que el de las cadenas de los genes. Porque la sotana es signo exterior de un exigente programa de vida común de cada novicio.

Se parte del relictis omnibus[3] (dejadas todas las cosas) para apuntar a hacer del propio ser una oblación total a Cristo Rey[4]. El novicio tiene que aprender a huir de la mediocridad como de la peste, a sentir náuseas por la tibieza y la disipación. Se acabó la vida del mundo. La vida del noviciado apunta a la búsqueda exclusiva y sobrenatural de Dios[5], a aprender a rezar y a sufrir por Cristo[6], a andar en humildad y sin ninguna confianza de sí[7], a entregarse con alegría[8], a gozar de la pobreza[9], a asimilar virtudes humanas y cristianas[10], a enamorarse de la liturgia[11], de la Escritura[12], de la Eucaristía[13], de María[14], de la Cruz[15]. A tener un mismo pensar y sentir con la congregación y con la Iglesia[16], a ser deseosos de anunciar a Cristo con todo el ser[17], con las alas de la libertad[18].

Y como siempre se deberá ser novicio[19], siempre se deberá llevar la sotana, y llevar sus ideales bien metidos en la piel, huesos, venas y sangre. Por eso al final de la misa los novicios han pedido esta gracia a los Sagrados Corazones: «deseamos ardientemente poder perseverar hasta la muerte con estos santos hábitos… y poder presentarnos ante Ti revestidos de este signo…».

La vestición de sotanas es un momento de mucha alegría interior, como pudo vivirse en la celebración con los familiares. El himno del patrón, el beato Pier Giorgio Frassati, retumbaba en el fogón con guitarra, saxo y trompeta anunciando que «con Pier Giorgio verso l’alto noi vogliamo camminar»[20].

Estamos muy en deuda con mucha gente que reza y ofrece sacrificios por nosotros. Las oraciones recibidas son la clave de todo esto. De forma especial somos muy deudores ante nuestros compañeros difuntos como Suor Betharram, Suor Corpus o el p. Jesús Morales que poco antes de zarpar hacia lo alto nos han asegurado que iban a seguir con un pie en la tierra intercediendo por las vocaciones.

Los novicios han querido expresar por escrito algunas impresiones de este día tan marcado para sus vidas. Van aquí algunos testimonios:

«Quiero agradecer al Seminario Menor por haber protegido mi vocación durante 7 años…es una inmensa gracia de Dios haber perseverado hasta este día…» (Joseph, Escocia, ex menor).

«Nos hemos revestido de Cristo, hemos dejado el mundo. La Virgen nos ha dado su manto para que nos vistamos con Él» (Edgar, España).

«Nos despertamos sabiendo que era el gran día: el día de despojarnos de nuestras vestiduras para revestirnos con la armadura de Cristo» (Jorge, España).

«A pesar de haber estado demasiado tiempo en el mundo, por gracia de Dios el mundo no ha logrado apagar la voz de la llamada, que me animaba a dejarlo todo y dar la vida por Cristo y los hermanos» (Giovanbattista, Italia).

«Pocos minutos antes de la vestición, mi padre me preguntó: “¿Cómo te encuentras?” Y yo le respondí: “Creo que estoy a punto de dar el primer paso para ser del todo libre» (Viktor, Eslovaquia).

Hay que rezar mucho por estos muchachos, para que puedan llevar con soltura la sotana, es decir, que vivan con naturalidad el peso sobrenatural de este hermoso programa de nobles ideales que su hábito negro expresa. Y que lo hagan con gran ánimo. Como decía Teresa de Ávila: «espántame lo mucho que hace en este camino animarse a grandes cosas»[21]. Pues nosotros queremos animarnos no sólo a grandes, sino a colosales cosas, como ver pronto una oleada tan grande de sotanas y hábitos religiosos que haga rasgar las vestiduras de los mundanos y que ponga en apuros cada año a los maestros de novicios que deban contratar nuevos sastres y costureros para vestir a sus pupilos.

P. Jesús Javier Segura, IVE

 

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[1] Cf. Directorio de Noviciados, 4.

[2] Cf. Directorio de Noviciados, 71

[3] Lc 5, 11

[4] Cf. Directorio de Noviciados, 84.

[5] Cf. Directorio de Noviciados, 16.

[6] Cf. Directorio de Noviciados, 31.

[7] Cf. Directorio de Noviciados, 77

[8] Cf. 2 Cor 9, 7

[9] Cf. Directorio de Noviciados, 79.

[10] Cf. Directorio de Noviciados, 157.

[11] Cf. Directorio de Noviciados, 161.

[12] Cf. Directorio de Noviciados, 160.

[13] Cf. Directorio de Noviciados, 164.

[14] Cf. Directorio de Noviciados, 103.

[15] Cf. Directorio de Noviciados, 78.

[16] Cf. Directorio de Noviciados, 34; Directorio de Noviciados, 162.

[17] San Juan Pablo II, Carta al cardenal Ugo Poletti, vicario general de la diócesis de Roma. Ciudad del Vaticano, 8 septiembre 1982.

[18] Cf. Directorio de Noviciados, 183.

[19] Lo expresaba con esta afirmación san Bernardo: “Novitius semper ero”.

[20] Con Pier Giorgio hacia lo alto queremos caminar.

[21] Santa Teresa de Jesús, Vida, 13, 3.