P. Diego Cano, IVE
«Headquarter» misionero de Mazirayo, 10 de diciembre de 2020

Los días transcurridos en las últimas semanas han estado llenos de actividades muy hermosas, muy relacionadas con la Eucaristía, y la gracia que se recibe por los sacramentos. Pero no puedo dejar de escribir ahora, como es mi costumbre cuando salgo a algunas aldeas lejanas, sobre lo que ha sido nuestro trabajo misionero cotidiano. Entonces queda para la próxima aquello.

 Ahora estoy en Mazirayo, en uno de nuestros centros misioneros, o como me decía ayer un amigo «headquarters misioneros». Tenía pensado ponerme más temprano a escribir algo, pero a la tardecita me dí cuenta que las señoras de la aldea me habían traído comida para el mediodía, que no utilicé porque me dieron de comer en la casa de una de las personas que fui a atender. La comida era mucha, para más de cuatro personas, así que le dije al catequista que venga a la noche con algún otro así compartíamos la cena. Me dijo que sí, además porque quería charlar algunas cosas. Así pues que vino con otros dos hombres del grupo de los del coro y líderes de la capilla. Compartimos la cena y me hicieron las consultas que necesitaban, especialmente sobre el coro. Entonces nos distrajimos un rato con nuestra «cultura general del fútbol», que aquí les gusta mucho, y esto hizo que tuviéramos una cena distendida y eutrapélica. Llegué ayer, luego de pasar por entre medio de campos cultivados, que están brotando ahora en el tiempo de lluvias. Cultivan hasta el borde del camino, y dejan un espacio mínimo para el vehículo.

Al terminar la cena, el catequista comenzó a preguntar sobre las iglesias protestantes, dónde tuvieron su origen. Allí entramos en muchos temas sobre el origen de varias denominaciones protestantes, y a medida que les explicaba, habían más preguntas. Surgieron varios temas sobre todo ligados a la historia de la iglesia, el origen del anglicanismo, las iglesias ortodoxas, las iglesias protestantes, la iglesia nacional China… etc., etc. Se mostraron muy interesados, sobre todo al saber que estas cosas están unidas a errores filosóficos, teológicos, etc. Es decir, que entre tema y tema, se alegraban de ver la verdad, y reconocer muchas cosas que les parecían evidentes. Fue también en clima muy ameno, mientras uno de ellos levantaba la mesa y lavaba los platos, y seguía escuchando…

Al final, el catequista me dijo: «Padre, cuando venga a quedarse otras veces, organicémonos, así venimos con el grupo de hombres. De esa manera podremos conocer más nuestra fe, mientras charlamos, cenamos, y pasamos un buen momento.» ¡Claro que es una idea excelente!, y me admiraba cómo casi sin pensarlo, surge algo tan parecido a los grupos de hombres de La Finca en Argentina, y que también nos han enseñado en pastoral… grupo de hombres con el deseo de juntarse, conversar y discutir temas, conocer más la fe.

Esta mañana disfruté del aire fresco de este tiempo, sin viento, apenas una brisa suave y muy fresca. Antes de la misa en la pequeña capillita de la Virgen de Luján, comenzó a llover, pero no era una lluvia intensa.

Al principio eran muy poquitos, pero comenzamos de todas formas, y la gente siguió llegando. Luego de la misa fuimos a visitar a una señora que es uno de los feligreses más firmes, y que está enferma. Le llevamos la unción de los enfermos, aprovechó a confesarse, y recibió la comunión. Es miembro del grupo del Sagrado Corazón. Estaba acostada en el piso, sobre bolsas de arpillera, sin colchón. Caminamos muy poquito para llegar hasta su casa, y me agrada mucho saber que tenemos nuestra casa tan metida entre las casas del pueblo… todo tan propio de estos lugares, las casas de barro, con techo de pajas, pequeños pasillos entre ellas, que no están separados por medianeras ni nada. Las mismas casitas de dos ambientes forman un patio interno donde está el fogón, o una cocina techada, pero abierta, como un quincho. Toda esta zona es extremadamente pobre y sencilla. Cuando camino un poquito fuera de nuestra casa, los niños de las casas vecinas están pendientes, y comienzan a decir: «padre, padre»… y se empieza a atraer a otros niños. Los niños ven una sotana, o ven a los padres, y se vienen inmediatamente.

Luego fuimos en vehículo a la aldea vecina hasta la casa de una señora que hace unos meses visité porque estaba muy enferma, y ella estaba haciendo el catecumenado. Aquella vez simplemente fuimos a verla, charlar, bendecir agua y bendecir la casa, y rezar por ella. Pero debía seguir recibiendo catecismo para poder bautizarse. Hoy la vi mucho mejor de salud, y agradecieron las oraciones que hicimos por ella. Allí en su casa, debajo del árbol de mangos, le di el bautismo, la confirmación, y la comunión. Una milagro de sencillez el lugar y la situación. Pero una cosa grandiosa a la vez. Ella y su esposo eran paganos, ahora ella está bautizada, y su esposo ha comenzado a ir a la iglesia, y dice que se va a bautizar también.

Después, a esperar la comida. Me causó un poco de gracia, y me tuve que armar de paciencia también. «Nosotros los blancos traemos la prisa de nuestras sociedades», como nos enseña el P. Carrascal. Aquí no hay horario, y el reloj casi ni se usa. Estábamos todavía en las oraciones finales, luego de la comunión, y veo que una joven de la casa se acerca mucho a la mesita que oficiaba de altar, dice algo en el oído al catequista y éste le pasa el encendedor que estaba para prender la vela del bautismo. Me alarmé un poco, porque eso era señal de que recién iban a prender el fuego para cocinar… y eran ya las 12 del mediodía. Pero ahí estábamos, disfrutando del aire fresco, y haciendo lo que hacen ellos cuando se juntan: charlar. No hay apuros. Llegó un vecino a visitar. Los saludos con cada uno que llega, son de oficio. Hay que saludar uno por uno. Y luego, «karibu», bienvenido… eso no se puede dejar de decir nunca. Sentarse, y charlar. Pero para nosotros, misioneros, son momentos muy buenos, cuando se puede hablar de algún tema, y la gente escucha muy atenta. Sin embargo hasta cuando se habla del clima, del cultivo, de los animales o de lo que sea, es una cosa admirable para ellos que nosotros estemos allí, y que estemos como uno de ellos, es decir, sin apuro y con el único deseo de ser parte de la vida de ellos.

La comida llegó después de dos horas, y terminamos de comer cerca de las tres de la tarde. Un rato antes de terminar, llegaron tres hombres, unos vecinos… y «¡Karibu!» Hay comida para todos. Otros que abrían los ojos cuando me veían allí sentado debajo del árbol de mangos. Muchos, que no van a la iglesia no saben si sé swahili o no. Ellos no saben inglés y entonces no saben si saludarme o no. Por eso mismo, varias veces me adelanto y los saludo, y se alegran. A veces trastabillan un poco para responder el saludo cristiano, y eso suelta algunas risas, y se rompe el hielo. Otras veces ellos me saludan en sukuma, y yo respondo como puedo, y eso hace reír aún más. Sólo sé saludar, y a veces puedo captar por dónde va la conversación en sukuma… y disfruto de escucharlos hablar en su lengua, y trato de pescar algo.

Al volver pude también sacar algunas fotos a la iglesia que estamos construyendo aquí en Mazirayo. Les conté a ustedes en una crónica que cuando estaban poniendo el techo, una tormenta lo tiró abajo. Las pérdidas han sido grandes, pero gracias a la ayuda de algunas personas amigas, y a la colaboración de cada familia de esta aldea, ya se pudo techar, aunque faltó dinero para una parte. Dios mediante la próxima semana se podrá completar. Se ve grande la iglesia y va a quedar linda, aunque falta mucho trabajo. Pero con el paisaje de estos días, todo verde, tiene un marco impresionante.

Espero Dios me conceda verla rebosante de fieles algún día.

El silencio de esta noche y de este lugar, es impresionante.

¡Firmes en la brecha!

Diego Cano, IVE

PD: Les agradezco a todos por la campaña para hacer un regalo de navidad a los niños de la misión. Les cuento que hemos recaudado ya ¡761 Euros! Sigamos adelante con la campaña, ¡nos falta poco! Y seguramente que tendremos una hermosa fiesta para los niños, campamentos de navidad, y regalos para más de 3.000 pequeños.

Dios los bendiga. ¡Mil gracias!