Por: Padre Pablo Pérez, IVE

Quiero escribir una crónica de un hecho muy sencillo, pero que puede dar muchas fuerzas a nuestros misioneros dispersos por el mundo, en lugares aislados en algunos casos, y con grandes pruebas de fe en otros.

El pasado sábado 6 de febrero, en nuestro seminario menor “San Tarsicio”, en Brasil, retomamos una actividad semanal que los menores esperan con ansias: El resumen de actividades de la Familia religiosa en el mundo.

En más de una ocasión los chicos manifestaron ansiedad por el retorno de tal actividad, mostrando gran interés por conocer más sobre el IVE. Fue así que en el horario del día sábado logramos separar 45 minutos para esta actividad.

Uno de los menores del último curso preparó dos vídeos de la “Aventura Misionera”, algunos sobre las actividades en nuestra Provincia y leyó dos crónicas mientras mostraba fotos. La alegría y el interés se reflejaba en la cara de los chicos, y el deseo misionero ciertamente se acrecentó en varios.

Yo creo que no digo nada nuevo si hablo del interés que suscitan las actividades de las distintas misiones, y no es cuestión de números, sino de voluntad de darlo todo por Cristo, la cual se manifiesta en el fervor con el cual un misionero relata sus grandes éxitos, sus actividades comunes para él, pero no para todos, o también algún fracaso que endulza con reflexiones espirituales.

Los que pasamos por el seminario, y creo que lo mismo ocurre con las hermanas, ansiábamos siempre la visita de los misioneros, los relatos de sus corridas apostólicas, su testimonio de alegría, etc. Particularmente los que se están formando necesitan de ideales a los cuales adherirse, ¿y qué mejor modelo que el del misionero que vive su vocación en plenitud? En un mundo de anti-héroes los misioneros pueden ser un verdadero testimonio del verdadero hombre grande.

También creo que los misioneros que están más solos, en misiones más distantes, o en situaciones en las cuales humanamente no se puede hacer mucho, reciben un gran estímulo en las historias y palabras de otros como ellos que cuidan las fronteras de la Iglesia en la misión.

Puede ser una mezcla de estilos poco literaria la mía, pero quisiera personalmente, y por los menores también, agradecer los esfuerzos que hacen nuestros misioneros, los cuales, en medio de sus grandes labores apostólicas, se toman momentos que podrían ser de descanso para compartir con la familia sus aventuras. ¡Gracias misioneros generosos! ¡Gracias por ser misioneros! ¡Gracias por compartir sus misiones! Sepan que cada vez que recibimos una crónica de ustedes nos recuerdan que están allá afuera combatiendo por el Reino de Cristo, y que es nuestro deber sostenerlos con nuestras oraciones.

Nunca piensen que hoy nadie lee una crónica, porque eso no es así, nunca piensen que no vale la pena el esfuerzo, porque sí lo vale, yo doy fe de que es muy útil para todos, en especial para los que se preparar para ir a acompañarlos algún día al campo de batalla. ¡Rezamos por ustedes, y esperamos sus relatos misioneros!

Padre Pablo Pérez, IVE