El 5 de noviembre se celebra la fiesta de todos los santos y mártires albaneses, pero de modo especial, los beatos mártires del tiempo del comunismo, y este año se cumplieron 30 años de la primera Misa celebrada públicamente, aunque todavía en forma clandestina durante del comunismo.

En Albania, el comunismo cayó en 1993, y produjo en la sociedad un corte entre las generaciones, por lo cual, podemos observar las ancianitas vestidas todavía con la ropa típica y el Rosario en la mano, que no logró arrancarles el odio de los comunistas, y por otra parte, los jóvenes, tratando de insertarse en una sociedad moderna, sin identidad y en la ignorancia religiosa. Sin embargo, la vida y la sangre de los mártires hace renacer cada vez más fuerte la sed de Dios en el interior de ellos, y el deseo de conocerle.

Para la fiesta de los mártires, el Obispo de nuestra diócesis (Sapa) “Monseñor Simon Kulli” organizó una peregrinación hasta la tumba de los Mártires que se encuentra en la Parroquia de Blinish, desde las distintas parroquias de la diócesis. Pero sorprendentemente, este año, pidió que los que libremente quisieran y pudieran, lo hicieran descalzos, pidiendo especialmente por el aumento y santidad de las vocaciones sacerdotales y religiosas, sin dudar que la sangre de nuestros mártires albaneses florecerá.

El mismo Monseñor, debe su vocación al testimonio de aquellos que sufrieron la persecución. Ya que como él mismo cuenta, cuando era pequeño, participó en un Misa celebrada por un sacerdote que había padecido las torturas en la cárcel durante el duro periodo del comunismo y debido a ello apenas se podía tener en pie mientras celebraba el Santo Sacrificio. Ante ello, a la mente del niño vino la pregunta, “y cuando él muera, ¿quién nos celebrará la Misa?; y entonces surgió en su interior el deseo de ser sacerdote para luego poder reemplazar a ese héroe de la fe.

Convocamos a los jóvenes que quisieran unirse a la peregrinación, y partimos desde nuestra Parroquia de Troshan a las 13:30 hs. Íbamos con todas las niñas de nuestra Residencia “María Tuci”, que se portaron como dignas hijas de estas tierras. Las más pequeñitas, con sólo 5 y 6 años, iban muy contentas y preguntando muchas veces por qué íbamos descalzas, y querían prestarnos sus zapatitos para que no nos dolieran los pies. Les explicábamos que era para ofrecer a Jesús, pidiendo vocaciones, y que Jesús había sufrido mucho más por nosotros. Entonces, Antonieta, una de las niñas, nos decía, pero Jesús después se murió….pero yo no quiero que se mueran”…Las chicas más grandes, de 12 y 14 años, también muy alegres a pesar de que también caminaban descalzas, nos interrogaban de por qué no había vocaciones en Albania; y aprovechábamos a incentivarlas a una respuesta generosa, si Dios así se los pidiese a ellas.

Pero no íbamos solo con nuestras niñas. Se nos unieron más de 50 jóvenes de la parroquia. La caminata iba intercalada entre Rosarios, y música religiosa. Y por fin llegamos a la meta después de casi 6 kms de caminata: La parroquia de Blinish, que custodia los restos de algunos mártires. Allí iban llegando los distintos grupos de la diócesis, entre cantos y oraciones, y hasta se veía ancianitos descalzos, con una envidiable piedad.

En la Homilía el Obispo recordó partes de la vida de su predecesor, el beato mártir, Mons. Vincenzo Prendushi, quien fuera arrestado después de celebrar una Misa de Confirmaciones, en Durazo. El pretexto para el arresto fue el hecho de que “había saludado a la Asamblea de manera fascista”, porque durante la consagración había extendido las manos y lo mismo en la invocación al Espíritu Santo y ellos interpretaron este gesto como un saludo fascista, esto fue suficiente para acusarlo de hacer propaganda contra el régimen. Pero una mujer alemana, Theresa Neumann, se lo había profetizado: «Serás obispo, y después de trece años como obispo morirás como mártir de la religión”.

Nuestro Obispo prosiguió su prédica afirmando que los cristianos son hombres y mujeres que caminan «contra corriente», que quien sigue a Cristo camina en sentido contrario al mundo. Los mártires fueron hombres y mujeres de carne y hueso, que -como dice el Apocalipsis- ‘lavaron sus ropas, blanqueándolas con la sangre del Cordero’ (7,14). «Ellos son los verdaderos campeones». Al ver a los mártires, aprendemos «a vivir la vida al máximo, aceptando el martirio de la fidelidad diaria al Evangelio y esforzándonos por imitar a Cristo».

Y concluyó: “Levantemos los ojos a este cuadro que representa a la Virgen María, Reina de los santos y mártires, y busquemos su intercesión en nuestras necesidades espirituales. Amén”

Sea entonces, la Virgen María nuestra capitana en el Camino al Cielo.

Hermanas misioneras en Albania