Por: Novicio Henrique Mascarenhas, IVE

 

«Esa fue la respuesta que le pedí a la Virgen», dijo un hombre a un grupo de novicios después de escucharlos cantar el solemne «Salve Regina» ante la imagen de nuestra Señora de Aparecida. ¿Qué reunió a un hombre con los novicios y qué hizo que una canción mariana más entre miles de canciones a la Virgen diera la respuesta cualquiera al problema cualquier de ese mismo hombre cualquier? Esa escena parecería ser un acaso para muchos, pero sabemos que allí estaba el digitus Dei. La divina providencia unió al hombre que buscó la ayuda de Dios para su problema y a un grupo de novicios de nuestro Instituto.

¿Cuál era su problema? ¿Cuál era su nombre? ¿Su historia? No lo sabemos y no lo sabremos en esta vida. Pero, ¿qué hacía este grupo de novicios allí? Lo sabemos. Ese hombre ciertamente compartió su historia con su familia. Ahora compartimos la historia de los 18 novicios, nuestra historia, también con Nuestra Familia.

30 de agosto 

Nuestra historia comienza el día antes de la reunión con ese hombre. Estábamos almorzando cuando el Padre Paulo Colombiano anunció que íbamos en peregrinación al Santuario Nacional de Nuestra Señora de Aparecida al día siguiente. El objetivo era orar por las vocaciones, por nuestra consagración a la Virgen según el método de San Luis de Montfort y por la renovación del voto de la esclavitud mariana de todos los miembros. Gritos de alegría.

Nuestra Señora Aparecida es la patrona de Brasil y de nuestra Provincia. La historia de más de 300 años lleva a miles de fieles a llegar al Santuario durante todo el año y en el 12 de octubre, Día Santo. Para nosotros esa noticia fue como un 12 de octubre. Algunos aún no habían ido al santuario y para aquellos que ya habían ido la alegría era la misma: visitar Aparecida es siempre un momento único para todos los católicos brasileños, especialmente para nosotros que haríamos nuestro primer viaje como novicios en estos tiempos de pandemia.

31 de agosto 

4:00 – Nos despertamos.

En menos de media hora todo ya estaba dentro de la van en la entrada del noviciado. Continuamos el viaje de más de 200 km entre siestas y músicas hasta Roseira, la cercana ciudad de Aparecida, que está a sólo 12 km del Santuario.

8:00 – Tuvimos nuestro desayuno mejorado para comenzar la caminada y rezamos las Laudes. El sol ardía, pero nada para detener la peregrinación.

8:30 – Seguimos a pie y rezando el rosario durante el resto de la ruta. Entre saludos y sonrisas pasó un coche gritando «Bienvenidos». En lo profundo del fondo, detrás de una montaña una imagen gigante de Nuestra Señora de Aparecida. Una señal de que ya estábamos muy cerca.

10:30 – Cuando llegamos a la ciudad fuimos a la primera capilla dedicada a Nuestra Señora de Aparecida, donde se produjo el milagro de las velas, en la que las dos velas que iluminaban la imagen se fueron de repente y se encendieron, sorprendiendo a los devotos presentes.

Desde allí fuimos al lugar donde comenzó la historia: el río Paraíba do Sul. En ese tramo del río los pescadores Domingos Garcia, João Alves y Filipe Pedroso encontraron la imagen de la Virgen cuando echaban las redes. Primero el cuerpo, después la cabeza. Cada punto importante de la historia de la devoción iba acompañado de las explicaciones del Padre Paulo.

Seguimos al Santuario por el camino que está adornado con representaciones de los misterios del Rosario en tamaño real.

Finalmente, llegamos al Santuario. Todos impresionados, incluso aquellos que han visitado Aparecida otras veces. En el centro la colosal basílica, y junto a ella las grandiosas representaciones de los 12 apóstoles. En Aparecida sólo se mira hacia arriba, tal la grandeza de la casa de la Virgen. Todo sube.

12h – Tan pronto como llegamos participamos en la Santa Misa, en la que el Padre Pablo concelebraba con otros cuatro sacerdotes. Visitamos la sala de las velas y la gran sala de los “ex-votos” con historias e objectos de miles de milagros de la Virgen.

15h – También fuimos a la Basílica Vieja, donde adoramos al Santísimo Sacramento y participamos en un acto de consagración a la Virgen hecho por sacerdotes redentoristas que cuidan de todo el Santuario.

En nuestro breve pasaje por Aparecida visitamos dos veces la imagen de la Virgen. Allí encontramos a ese hombre del principio de la historia. La «Salve Regina» entregaba a cada uno de nuestros miembros a nuestra Reina y Madre, para que nos convirtamos en verdaderos esclavos de ella, «Apóstoles de María», para que podamos llevar el nombre de María y Cristo a todas las culturas. Para que María sea la Reina de Nuestro Instituto y despierte vocaciones a la Santa Iglesia. Para que María sea nuestra guía y abogada.  Finalmente, simplemente Jesús y María, María y Jesús.

Al final de nuestra peregrinación, frente a la gracia de poder convertirnos en esclavos de María (en el próximo día 8 de septiembre), podemos exclamar lo mismo que ese hombre: «esa fue la respuesta que le pedí a la Virgen».

Novicio Henrique Mascarenhas, IVE