Por: P. Diego Cano,IVE

 

Ushetu, Tanzania, 7 de septiembre de 2020.

Pensamos en hacer una peregrinación a alguna iglesia de la Virgen María, sobre todo por estar en el tiempo de la preparación para la consagración, y porque necesitábamos pedirle su protección especial sobre nuestra misión y sobre todo el Instituto. Aquí en Tanzania no hay grandes santuarios, o lugares de antigua tradición; y por otra parte es difícil estar haciendo largos viajes, pues estamos en una misión alejada, y llegar a otras parroquias o pequeñas capillas dedicadas a la Virgen, significa más de un día para ir y volver.

Queríamos hacer alguna peregrinación, pero ofreciendo también el sacrificio de la caminata y del cansancio. Nos pareció muy buena la idea que habían tenido las hermanas hace algunos meses, y realizamos como ellas, la caminata hasta la Virgen de Luján de Mazirayo.

Esta aldea está a casi 40 km desde nuestra misión en Ushetu, y decidimos hacer el recorrido en dos días. La razón es que de noche no es conveniente estar caminando por lugares tan descampados, y de día es muy caluroso, sobre todo al mediodía hasta las cuatro o cinco de la tarde. Por eso comenzamos el viernes, desde la parroquia de Ushetu, a la tardecita, cuando el sol todavía pegaba fuerte, pero sabíamos que iría menguando. Hicimos una oración en la iglesia parroquial, y salimos rezando el rosario y cantando. Fuimos los padres Víctor y yo, junto con los religiosos, novicios y postulantes del IVE.

El primer tramo de la peregrinación era hasta la parroquia de Kangeme, San Martín de Porres, que también está a cargo nuestro. La casa está justo a mitad de camino a Mazirayo, así que fue nuestro punto de descanso esa noche. La caminata es una gran oportunidad para rezar, y también para compartir gratos momentos en comunidad. Entre bromas y cantos el tiempo se pasa rápido. Rezamos los veinte misterios del rosario, divididos en cuatro partes, y mucha gente que nos veía pasar se hacía la señal de la cruz, o nos saludaba con el tradicional “¡Alabado sea Jesucristo!”. Otras personas se ponían a caminar un rato con nosotros, y nos acompañaban en algún misterio del rosario, y se volvían.

Fue muy divertido en algunas aldeas, que repartíamos caramelos a los niños, y se comenzaron a juntar muchos, y caminaron con nosotros como tres o cuatro kilómetros, cantando los típicos cantos de la misión popular. La gente miraba asombrada, porque no es para nada común ver una “peregrinación” a pié… para la gran mayoría era la primera vez que lo veía. De hecho nos preguntaban: “¿A dónde van?” A lo que respondían los religiosos, “Peregrinamos a la Virgen de Mazirayo”… “¡Hasta Mazirayo a pié!”, exclamaban admirados. Cada lugar por donde pasábamos, el grupo de religiosos cantando y rezando, con sus hábitos talares negros… causaba mucha impresión, y era una muy buena “misión popular”.

Llegamos a Kangeme de noche, cerca de las 8:00 pm. La gente del lugar nos tenía preparada la cena, así que aprovechamos a cenar e ir a dormir temprano. Esa noche tuvimos una invasión de “siafu” en la casa… pero gracias a Dios no se encaramaron contra ninguno de nosotros. Para los que no hayan leído la crónica en que contaba de estos insectos, les cuento simplemente que son hormigas muy agresivas, carnívoras, y se mueven como un ejército, tanto que su nombre técnico es “army ants”.

La mañana del sábado madrugamos, así podíamos caminar con el aire fresco. Fue muy lindo recorrer las calles de Kangeme a esa hora, y rezando el primer rosario de ese día. No había nadie y la claridad del amanecer nos mostraba el pueblo que estaba todavía descansando. Esta segunda parte del camino hasta Mazirayo, es mucho más agreste y descampada. La gente nos miraba con asombro y muchos niños no se animaban a acercarse a saludar. De todas formas algunos religiosos iban haciendo su apostolado saludando y explicando qué estábamos haciendo.

En mi caso particular ha sido una experiencia muy buena para ver en los lugares donde vive la gente. Muchas veces pasamos en auto, pero apenas si nos percatamos de muchas casas que están en medio del monte. Podemos ver cómo hay pequeños poblados que se han ido formando, y en los que podamos decir que en su mayoría son paganos, donde tendremos que llegar para predicar el evangelio.

Llegamos a Mazirayo cerca de las 11:00 am, cuando el sol ya comenzaba a pegar fuerte. Al llegar entramos en la pequeñísima capilla junto con la gente que nos esperaba, allí agradecimos a la Virgen, rezamos, cantamos y veneramos la imagencita. Pusimos a sus pies todas las intenciones de esta caminata. Luego tuvimos la Santa Misa con todos los fieles, y allí les expliqué el sentido de hacer peregrinaciones, y que se trata de una tradición de siglos… incluso desde del Antiguo Testamento tenemos testimonio de que los judíos debían peregrinar al Templo al menos una vez al año, como en efecto lo hacían Cristo y la Sagrada Familia. En el Nuevo Testamento nos sobran ejemplos de peregrinaciones cristianas, a las tumbas de los apóstoles, a Tierra Santa, a los santuarios marianos.

Después de la misa fuimos al lugar donde ya se está construyendo la nueva iglesia de la Virgen de Luján, que será bien grande, y por mucho tiempo creo que será el edificio más grande de esa aldea. Allí nuevamente rezamos, y los niños cantaron los cantos de la Santa Misión que se había realizado en el mes anterior allí mismo. Reina en esa comunidad un gran clima de alegría y fervor, signo del Buen Espíritu.

Ya les contaré en otra oportunidad cómo va la construcción de esta iglesia, que será un gran centro de espiritualidad para toda esa zona.

Luego de almorzar, emprendimos el regreso en vehículo hasta nuestra casa. Damos agracias a Dios y a Nuestra querida Madre de Luján, por tantas gracias recibidas. Fueron dos días grandiosos, de mucha alegría y gozo, mucha oración y sacrificio.

¡Viva la Virgen! ¡Viva la misión!

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE