“La peregrinación cristiana debe ir acompañada de cánticos, de manifestaciones de alegría”. Este es un buen resumen de la peregrinación que realizaron las hermanas del Benelux de la Provincia del Norte de Europa, María Puerta de la Aurora, en la primera semana de agosto. La travesía tuvo su inspiración cuando supimos que la peregrinación en Francia ya no sería posible, la cual, era la preparación para la renovación de nuestro voto mariano el 8 de septiembre.

En el plan original, íbamos a caminar desde la Basílica Mariana de Maria Sterre der Zee (María, Estrella del Mar) en Maastricht, Países Bajos, hasta la Catedral de Maria Consolatrix Afflictorum (María, Consoladora de los Afligidos) en Luxemburgo. En el camino pasaríamos por el santuario de Banneux en Bélgica donde apareció Nuestra Señora, cubriendo así los tres países donde tenemos comunidades: la región de Benelux.

Parece que Dios nos salvó al no hacer posible el plan original debido a restricciones por el Covid— ¡Porque no estábamos de ninguna manera preparadas para el viaje de 143 kilómetros a través de colinas y montañas! Al final, caminamos 126 kilómetros durante 5 días a través de la parte sur plana de los Países Bajos desde Maastricht hasta la Catedral de Den Bosch, donde se venera a Zoete Moeder (Dulce Madre).

Como preparación (espiritual, ¡no física!) para la peregrinación, vimos la conferencia del P. Miguel Fuentes sobre el papel de la peregrinación en la fundación de Europa (https://vozcatolica.com/el-camino-de-santiago-y-la-europa-cristiana/). Es parte de la cultura católica viajar y ofrecer las dificultades del camino para recordarnos que somos peregrinos aquí en la tierra, luchando y esforzándonos hasta que lleguemos a nuestra patria celestial. Europa en particular ha sido evangelizada por la cultura de las grandes peregrinaciones a Santiago de Compostela, Roma, Tierra Santa.

En agosto, una pequeña parte de los Países Bajos fue misionada por un pequeño grupo de hermanas caminando bajo el calor, con una imagen de Nuestra Señora de Luján en una mochila a modo de anda improvisada, rezando el Rosario… ¡y cantando!

¡Nuestra peregrinación terrenal debe ir acompañada de cánticos, no sólo porque manifiesta alegría, sino porque alivia la carga, mantiene el alma elevada a las cosas celestiales, nos aparta de la dificultad del presente sacrificio y lo hace soportable e incluso agradable! No estábamos preparadas físicamente para caminar tanto—nuestra vida ha sido bastante sedentaria, especialmente en la época del Covid. No estábamos realmente preparadas para temperaturas superiores a los 30 grados centígrados (un día de verano normal en los Países Bajos es de 25 grados centígrados). Entonces, ¿qué hicimos? … ¡Oramos … y cantamos!

Caminamos por el sur de los Países Bajos y encontramos numerosas Capillas Marianas en el camino… lo que fue más sorprendente fue ver lo bien cuidadas que estaban.  Cantamos en cada capilla, fue increíble ver la reacción de las muchas personas que conocimos y que apreciaron lo que estábamos haciendo. Una mujer que nos vio caminar por la calle comenzó a cantar la canción a Maria Sterre der Zee junto con nosotras. Más tarde nos alcanzó para pedirnos oraciones por su esposo enfermo. Un criador de cerdos no sólo nos permitió tomarnos un descanso muy necesario en su propiedad, sino que nos dio helado y café. Un hombre que estaba regando sus plantas con una manguera se compadeció de nuestras caras calientes y se ofreció a rociarnos con agua.

Caminamos por grandes ciudades, pueblos pequeños, en áreas boscosas y por la carretera—trece hermanas con mochilas y bastones para caminar, rezando el Rosario o escuchando meditaciones sobre la devoción Mariana, y la gente nos vio, vio a María y pensó en Dios. Tuvimos conversaciones con personas que luchan contra la Iglesia, personas que piensan que la meditación budista es lo mismo que la Cristiana, nos detuvieron dos reporteros de periódicos locales que querían informar lo que había pasado por su pueblo a sus residentes, y entramos a hogares de muchas personas generosas que dejaron que este extraño grupo usara sus baños y llenaran sus botellas de agua. Y cantamos mientras caminábamos.

Fuimos ayudadas no sólo a lo largo del camino, sino también por un equipo de tres hermanas que estuvieron a cargo de la logística para nosotros. Nos llevaron a nuestro punto de partida cada día (el punto final del día anterior) y nos recogieron al final del día. Nos trajeron el almuerzo (para que no tuviéramos que cargar más peso) y nos prepararon la cena. Y la última noche cantamos con ellas.

El último día, nos acercamos a la ciudad de Den Bosch con gran alegría… ¡nuestra peregrinación estaba terminando, la meta estaba en el lugar! Vimos la Catedral cuando todavía estábamos relativamente lejos y rezamos la última serie de misterios a medida que nos acercábamos. Cantamos la Salve Regina en las calles de una ciudad que una vez eligió una pobre estatua de María en lugar de una rica ornamentada para venerarla como su “Dulce Madre”. Desde entonces, la sencilla estatua se ha revestido con diferentes mantos ornamentados, pero la dulce sonrisa en el rostro de Nuestra Señora da una indicación de por qué fue elegida como la Madre de Den Bosch.

En la Catedral, cansadas después de los días de peregrinación, entonamos un último cántico para finalizar nuestra travesía ante la imagen de nuestra Madre Celestial.

Los cinco días de camino fueron una gran gracia para cada una de las que participamos, y esperamos también para todos aquellos que llevamos en nuestra larga lista de intenciones y para quienes conocimos en el camino. Una peregrinación permite renunciar a sí mismo y morir de muchas formas. Nos permite “dar un paso, un paso más” en el proceso constante de nuestra conversión. ¡Y nos permite cantar!”