Por: P. Diego Cano, IVE
Ushetu, Kahama, Tanzania, 3 de noviembre de 2020
Ya es la segunda vez que realizamos esta caminata. El año pasado surgió la idea por dos motivos especiales: la llegada de la imagen de la Virgen de Fátima, desde Portugal, que trajo el P. Johntin; y en segundo lugar, la invitación que nos hicieron a unirnos al “Rosario de mar a mar”, un rosario en todo el mundo, recordando la última aparición de Fátima, y pidiendo por la paz y por la vida de los no nacidos.
No hay mucha tradición de caminatas y peregrinaciones, al menos en esta zona, por eso dudábamos si la participación sería numerosa o no. Gracias a Dios nuestras espectativas fueron superadas, porque se ve siempre en el pueblo fiel, el amor a la Virgen María, que es lo que mueve a estos actos que expresan un verdadero amor a nuestra Madre, y manifiestan también nuestra fe Católica. El año pasado hubo gran participación, y pensamos que este año sería mejor, y así fue. Cada vez participa más gente, y van tomando cariño a estas peregrinaciones.
La caminata es de un total de 24 km, desde nuestra iglesia parroquial de Ushetu, hacia la aldea de Nyasa, hasta la capilla dedicada a la Virgen de Fátima, donde se encuentra la hermosa imagen. Salimos bien temprano, para que no nos agarre el calor del mediodía de Tanzania, que es calcinante. Así que a las 5:30 am estábamos en camino, con un nutrido grupo de fieles, caminando en la noche y mientras se comenzaba a ver el amanecer. Durante la caminata rezamos los 20 misterios del rosario, intercalados con cantos, y momentos en los que poníamos cantos religiosos por los altoparlantes. Toda la gente camina junta, y es un motivo de gran alegría, mientras se reza, se canta, y se conversa.
Por momentos se va pasando por algunas aldeas, donde la mayoría de los habitantes son paganos, pero allí se van sumendo cristianos, los cuales se sienten orgullosos al ver que el grupo de católicos es numeroso. De todas las aldeas van saliendo fieles para sumarse a la peregrinación y se va engrosando el grupo. Pasamos por la aldea de Mkwangulwua, Makuba, e Itumbo.
En ésta última, nos esperaban con un té y galletas a todos los peregrinos. Allí llegamos a contar unas 400 personas aproximadamente. Hubo gran alegría, porque es la primera vez que hacemos esta parada, y queremos que sea una tradición. Esta aldea está a cinco kilómetros antes de arribar a Nyasa. El otro motivo de gran alegría es que allí estamos construyendo una iglesia nueva, muy grande. Tiene por patrono a San Pío de Pietralcina, y en la semana anterior la habíamos terminado de techar. Todavía le falta mucho trabajo, pero así como está nos mostraba lo hermosa que va a quedar. Entramos todos dentro de la iglesia, lo que indicaba la capacidad que tiene, con lugar para todos. Tiene dos cruceros, como la iglesia de Nuestra Sra. de los Dolores, en la Finca.
Luego de un té rápido, seguimos caminando y se iban sumando los niños y mucha gente de las aldeas cercanas a Nyasa… se había hecho un grupo enorme, y con gran fervor se iba cantando hasta la iglesia de la Virgen de Fátima. Los niños venían con ramas de árboles en las manos, y hacían acordar a la entrada de Cristo en Jerusalén en el día de Ramos, pero ahora acompañando a la imagen de la Virgen.
Luego de un pequeño descanso comenzamos la misa, cerca de las 11:00 de la mañana. Había mucha más gente afuera que adentro de la iglesia. El próximo año tendremos que pensar en hacer la misa afuera. Hubo mucha alegría y mucho fervor. Al final de la misa algunos grupos de niñas dedicaron cantos y bailes a la Virgen y a los peregrinos. Fue muy hermoso ver a los fieles rezando a los pies de la Virgen después de la misa, y en mi caso fue la primera vez que ví esta expresión de devoción en estas tierras. Van tomando cariño a la Virgen, van comprendiendo que si bien es una imagen, es por medio de ellas, de las imágenes, que alimentamos nuestra devoción, y que Dios mismo ha querido derramar tantas gracias por medio de su Madre… por medio de sus imágenes.
Al terminar la misa todos comieron una comida muy sencilla, polenta y porotos, como para tomar fuerzas para regresar cada uno a su aldea. Contratamos dos camiones que regresaron a la gente hasta Ushetu, y los demás pererginos, de las aldeas cercanas, regresaron caminando. Fue una gran jornada, y la gente se va entusiasmando en participar cada año. Les decíamos que el próximo año inviten a todos en sus casas, que no se puede quedar nadie, y que inviten a los vecinos, aún a los que no tienen fe, a los que no son católicos… pues la Virgen derrama tantas gracias, que puede atraerlos a la fe a los paganos. Que será ella quien les conceda la gracia de creer.
Les dejo las fotos, pero inentaré de juntar en un sólo vídeo todas las grabaciones de ese día, porque creo que se podrá percibir mejor la alegría y la gran cantidad de gente que acompañó a la Virgen.
Dios los bendiga a todos.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE