Por: María de los Dolores Pérez, SSVM

 

Querida Familia en el Verbo Encarnado,

Retomamos la crónica. Quedé en contarles cómo esta “madre alcoyana” de Jesús se mostró madre cariñosa y buena con el ejercicio de la caridad. Ella es de aquellos que, adorando a Jesús presente en el Santísimo Sacramento, también lo saben reconocer escondido bajo los rasgos del prójimo.

Sobre el amor a Jesús en el Santísimo Sacramento hay testimonios muy hermosos. Varios de los adoradores son de edad avanzada, por lo que corrían más riesgo de poder contraer el Covid-19. Sus familiares no los dejaban salir, así que sabemos que cumplieron con su turno adorando a Jesús Sacramentado desde su casa. ¡Para el amor no hay fronteras! Alguna, para ayudarse, ponía una estampita con la imagen de una custodia y Jesús Sacramentado, y hacía su hora de adoración. Una de las adoradoras escribió cuando ya pudieron de a poquito reintegrase a la adoración en el templo, compartiendo la novedad con el Grupo de Adoradores vía WhatsApp: “¡Buenos días! Ayer todo fue muy bien, y estuve encantada de tanta maravilla para mí sola (es decir la iglesia vacía y el Santísimo expuesto para ella sola) (…)”. Otra adoradora le respondió: “¡Qué suerte Encarna!! Yo estuve sólo en espíritu, cerré los ojos y me sentí allí contigo. ¡Que el Señor tenga misericordia de todos nosotros!”

Hubo un par de hombres, de esos en los que uno ve encarnado el “Sí, sí – no, no” del Evangelio, para los que su compromiso de adoración estaba por encima del Covid-19, y de toda realidad humana. Ellos vinieron todos los días, en otro horario distinto del que acostumbraban venir, y con la finalidad de que nosotras pudiéramos tener al menos una comida juntas al día, pues nuestros horarios personales estaban organizados en función de poder cubrir las 24 horas de adoración. Uno de ellos hacía el turno de las 12.00 del mediodía hasta la una; allí lo relevaba el adorador de las 13.00 a las 14.00. Este último, quiso, de propia iniciativa, poner por escrito este regalo de poder acompañar a Jesús y de poder practicar la misericordia con el prójimo, en este caso concreto: con nuestra comunidad de vida contemplativa, compuesta de 7 miembros. El último día en que haría ese horario, cuando las cosas comenzaron a volver a la normalidad, y todos los demás adoradores podían retomar sus turnos, le dio vuelo a su pluma de poeta y puso por escrito los profundos sentimientos de su corazón de adorador. He aquí el texto:

 “Sesenta días a la una” (Memoria de un adorador durante la pandemia)-

de Juan Carlos Pascual

“Aquel día salí de la iglesia del “Santo Sepulcro” pasadas las dos de la tarde como en los últimos sesenta días….

… No fue una sensación de pena

    No fue una sensación de tristeza

Me invadió el sentimiento y la certeza de haber tenido el privilegio de haber estado en Su presencia durante este tiempo. Leyéndole en voz alta la Biblia, orando por mi círculo de gentes, por la humanidad entera…. Con nombres propios o con generalidades.

Mientras me dirija a casa las lágrimas corrían por mis mejillas; iba a echar de menos el privilegio brindado.

Iba a echar de menos a Jesús.

Iba a echar de menos al Espíritu de un Hombre que había vivido hace más de dos mil años, y que aún vive entre nosotros…

No era un once de mayo cualquiera. Desde esa misma fecha otras nuevas normas y libertades entraban en vigor; como que los adoradores volvieran a su hora habitual al Santo Sepulcro…. y con eso terminaba mi episodio.

El episodio de sesenta días a la una.

El episodio de echar el cerrojo al portalón del convento…. del silencio solamente roto por el piar de las golondrinas de abril, por la madera vieja que cruje, por el murmullo apagado de las hermanas en el refectorio.

El episodio de la sonrisa de la M. María del Monte Carmelo…

El episodio del agradecimiento de María Arca de la Alianza.

De la perseverancia de María del Espíritu Santo, de la preocupación de María de los Dolores, de los consejos de María de Bisila, de la dulzura de María Cáliz de la Eterna y Nueva Alianza.

El episodio de la generosidad de María Riparatrice.

Me invadió la pequeñez,

las lágrimas de un grano de arena

del alma microscopia vuelta ola…

Me llegaron hondo las certezas,

aquellas que esperan

Mi invadió el Espíritu de Jesús, de una forma sencilla…mientras volvía a casa y supe…

Supe; que Él estaba conmigo.”

 

Varios de los adoradores que tuvieron la posibilidad de leerlo compartían sus sentimientos, y celebraron el hecho de que hubiera puesto por escrito tan hermoso testimonio, pues tenían en común la alegría por la bendición que significaba el haber podido tener el templo abierto durante toda la pandemia, y el hecho de que la adoración al Santísimo Sacramento no cesó, ni en el templo del “Santo Sepulcro”, ni en los corazones de los adoradores… Asimismo, varios encontraron el modo de evadir el control de las calles y acercarse a hacer una visita al Santísimo cuando salían a hacer compras… ¡el amor es ingenioso y valiente! Muchos valoraban también que nuestra comunidad de vida contemplativa tuvo la gracia de contribuir a este milagro.

¿Y del amor al prójimo? ¿Cómo alimentó a Jesús su “madre alcoyana” cumpliendo el mandamiento de amar al prójimo? Bien, algo muy importante lo acabamos de decir. Al ejemplo de estos adoradores hay que sumar el de otros que, cuando les era posible, nos ayudaban con algunos turnos. Hubo un matrimonio que venían a la hora en que teníamos la recreación los sábados por la noche, por ejemplo.

Hemos sabido que varios monasterios en España sufrieron y sufren de escasez debido a la pandemia. A nuestra comunidad la sostuvo la caridad ardiente y desinteresada de nuestros amigos adoradores. El templo de adoración lo pudimos mantener abierto, por gracia de Dios, ciertamente, y esa gracia se manifestó también en la ayuda incondicional que nos brindó la comunidad de adoradores. Sin ellos hubiera sido imposible. Un gran número de ellos se manifestaron siempre atentos a lo que pudiéramos necesitar. Varias veces pasó que era sólo cuestión de escuchar a la despensera decir “Madre, hace falta tal cosa”, o “tal vez pudiéramos comprar tal cosa para variar el menú” y al día siguiente o a las horas tocaban el timbre y alguien, sin saber de nuestra necesidad o planes, nos traía lo que hacía falta con un sencillo: “¡Hola, hermanas! Fui al mercado y pensé que les podría venir bien esto.”

Ellos tuvieron y tienen con nosotras múltiples atenciones, y les estamos inmensamente agradecidos. Y, como ya lo sabemos, el amor es vínculo de unidad, así que, uno de los frutos más hermosos de todo este tiempo es la gran unidad espiritual con la familia de adoradores y los abnegadísimos sacerdotes de nuestra Arquidiócesis de Valencia que nos asistieron todos los días durante este tiempo de confinamiento. ¡Tuvimos la Santa Misa todos los días! ¡Tuvimos las hermosas celebraciones de Semana Santa con gran solemnidad! ¡Tuvimos confesiones semanales! ¡Adoración – varias horas – y la bendición eucarística todos los días! ¡Cuántas bendiciones!

La adoración perpetua en este templo dio inicio el 21 de octubre del año 2018, bajo la protección de san Juan Pablo II, en las vísperas de su fiesta. Durante el confinamiento estricto de la pandemia la adoración no cesó, aunque sí se interrumpieron los turnos de adoración habituales; estos se reanudaron el 18 de mayo de este año, día en que celebramos el centenario del nacimiento de san Juan Pablo II. Nuestro amado Padre Espiritual nos ha acompañado en este hermoso emprendimiento. Cuando pudieron regresar los adoradores les preparamos unos sencillos carteles de bienvenida a la entrada del templo, que apreciaron mucho. Decían: “Bienvenidos Adoradores” – “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.» (Mt. 6, 21) – ¡Vuestro corazón siempre estuvo aquí!” Pues en verdad fue así.

Deseamos, sinceramente, que desde este pequeño lugar en tierra española crezcan y florezcan los adoradores “en espíritu y verdad” (Jn. 4, 23-24), ¡Que se multipliquen! ¡Que engendren nuevas generaciones de santos que reproduzcan las gestas heroicas de los grandes santos españoles y den gloria a Dios con toda su vida! Y que tengan presente, como lo tienen ahora, que hay una misteriosa, pero no menos auténtica, presencia de Jesús en el prójimo… Jesús amado en la Santa Eucaristía… Jesús amado en el prójimo…. ¡“Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.”! (Mt.25, 40)

¡Que nosotras podamos dar ejemplo!

Al final, ya lo sabemos, triunfará la Sabiduría de Dios… Ahora, con ocasión de esta cruz con forma de pandemia que toca la médula de la humanidad para sanarla y salvarla, los “Poderes despojados” (Cf. Col.2, 15) nos miran son sorna y sonríen triunfadores… Pero Cristo ya venció… Por eso, que Dios nos conceda ver todo desde su óptica y podamos decir con el Salmo 106, (- que es una acción de gracias por la liberación, y del que el breviario ofrece la cita de Hechos 10, 36 como clave de interpretación:

“Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo” -), y que dice:

“Los rectos lo ven y se alegran, a la maldad se le tapa la boca.

El que sea sabio, que recoja estos hechos y comprenda la misericordia del Señor.”

Y mientras tanto, que el Buen Jesús encuentre en cada uno de nosotros a su madre y a sus hermanos, y que seamos un reflejo cada vez más nítido de su amor al Padre y a los hombres.

Una última cosa. Dios es muy compasivo con nuestras limitaciones cuando al prestarle nuestra voz, mente y corazón para proclamar su Palabra, introducimos algunas involuntarias variaciones al contenido…. Los angelitos que rodean la custodia en el templete donde se halla expuesto el Santísimo Sacramento deben haber abierto muy grande sus ojos al escuchar junto a los sones del órgano adaptaciones como: “Pero Dios los acribilla a “balazos” …” del salmo 63, el lugar de “los acribilla a flechazos…”; o “como un “cacharro” agazapado en su escondrijo…” en lugar de “como un cachorro”, en el salmo 16. ¡Que nos ayuden los ángeles! y el Señor nos siga sonriendo con misericordia.

Con la ayuda de Dios, siete veces al día, seguiremos dándonos cita con la Iglesia Universal para unir nuestra tenue voz a la Voz de Cristo y su Esposa, como nos invita el Salmo 106 (Oficio de Lecturas – Sábado de la tercera semana del salterio):

 “Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.

Ofrézcanle sacrificios de alabanza, y cuenten con entusiasmo sus acciones.”

 

¡Amén! ¡Que así sea!

Allí estaremos, con todos ustedes en nuestro corazón.

¡Que Dios los bendiga!

En el Corazón de nuestro Chiquitín, el Jesuset (Jesusito) de Alcoy,

y su Madre, la Virgen de los Lirios,

 

María de los Dolores Pérez, SSVM

Monasterio “San Juan de Ribera”, Alcoy, España