A orillas del rio Mosa, en nuestra vecina ciudad de Maastricht se venera a la Santísima Virgen María bajo el título: Nuestra Señora “Estrella del Mar” (Sterre der Zee).

Cuenta una historia en torno a esta imagen que en cierta ocasión un soldado quiso darle un sablazo a la Virgen. El Niño Jesús, que María tiene en brazos, tiene un bracito rodeando el cuello de su Madre y el otro extendido hacia adelante. Al soldado le pareció que con este gesto el Niño le decía: “¡no toques a mi Madre!” Y no pudo ya el soldado mover su brazo que le quedó totalmente paralizado, cayéndosele el sable que sostenía en su mano. Las religiosas que fueron testigos de este hecho rezaron por el soldado, que se convirtió y arrepintió de sus faltas. A su conversión también siguió otro milagro que fue la recuperación del movimiento en el brazo.

Ya desde Niño muestra, Nuestro Señor, que es Verdadero Dios y Verdadero Hombre, el Dios que “con mano poderosa y brazo extendido nos sacó de Egipto, con gran terror, con señales y milagros” (Dt. 26, 8). El que sacó a Israel de en medio de ellos, porque es eterna su misericordia; con mano fuerte y brazo extendido. El que partió en dos el Mar Rojo, porque es eterna su misericordia y llevó a Israel a cruzarlo por el medio…; y precipitó al Faraón y su ejército en el Mar Rojo, porque es eterna su misericordia (Salmo 135). «No por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Señor, porque los amabas» (Salmo 44,3).

Proyecto “Rege, O Maria”:

A inicios de este año quisimos preparar a algunos amigos que frecuentan nuestro Monasterio “Ecce Homo” para que se consagraran a la Virgen. Algunos de ellos también pertenecientes a las parroquias que nuestros Padres tienen aquí en el sur de Holanda. Ya estaba todo listo para enviar la carta de invitación cuando nos llegó la primera ola del covid19, y tuvimos que suspenderlo.

No hace falta aclarar lo dificultoso que fue a lo largo de este año poder tener las celebraciones litúrgicas y llevar adelante los apostolados, adaptándolos a las nuevas circunstancias. Pero con todo esto va a quedar más de manifiesto, en medio de esta “pandemia”, Dios obra “con mano poderosa y brazo extendido” y que Él tiene en su mano el hilo de los acontecimientos.

Pasaron los meses y, viendo que las actividades sociales volvían un poco a la normalidad, nos encomendamos a la Virgen y enviamos las invitaciones. La respuesta fue que de todos los que la recibieron, veintidós quisieron participar de las ocho catequesis preparatorias siguiendo el Tratado de San Luis María y así consagrarse a la Virgen en materna esclavitud de amor. Y veintitrés si contamos al padre Lemmens, sacerdote diocesano que dio varias de las catequesis y que también se consagró junto con la gente que él ayudó a prepararse (finalmente los que se consagraron aquí fueron 17, una ya se había consagrado y venia para renovar la consagración, y dos esperan hacerla más tarde pues no pudieron venir ese día). Aclaremos que la mayoría eran personas de edad avanzada y que por lo tanto se necesitaba un poco de heroísmo en ellos para vencer un poco el miedo al contagio de coronavirus. Si la consagración se hacía, si estas personas mayores perseveraban y querían venir, y vencían el miedo al contagio era, todo esto algo confiado al brazo poderoso de Nuestro Señor, que puede frenar la peste, sostener a los vacilantes… que puede todo.

A causa del COVID tuvimos que suspender, entre otras cosas, las catequesis del Rege, o Maria. No sabíamos hasta cuándo, ni si íbamos a poder continuar. También realizamos durante este tiempo procesiones pidiéndole a la Virgen su auxilio, y sumamos el canto diario del Stella Coeli exstirpavit que se volvió novena quasi ad perpetuum. Y siguieron las catequesis. Por gracia de Dios se frenó el contagio de todos los conocidos y amigos que se estaban preparando y alguna de nosotras que cayó en cama.

Otra “pandemia”:

¿Por qué en esta imagen sigue el Niño Jesús con el brazo extendido? Porque hay otra “plaga” mucho más antigua, mucho más extendida, mucho más grave: el pecado original y nuestros pecados personales. Jesucristo vino para salvarnos del dominio de las tinieblas. Y lo hizo con mano poderosa y brazo extendido.

También aprovechamos, durante las catequesis de la consagración, para invitar una vez más a las almas a la confesión sacramental, al gran tesoro de la confesión. Por gracia de Dios varios pudieron aprovechar bien este medio y fue causa de mucho gozo para todos.

Una de las catequesis que tuvimos fue sobre las falsas devociones, y se habló con mucha sencillez sobre la importancia de no confiarnos falsamente en la devoción a la Virgen y posponer nuestra enmienda dejando la confesión para la hora de la muerte. Algunos no entendían aún el gran bien que se les presentaba. Mientras esperamos la ocasión favorable para volver a hablar con aquellos, cuando estén más dispuestos, pensamos que el Niño Dios de la imagen de Nuestra Señora Sterre der Zee sigue con el brazo levantado. Es el mismo Cristo que Miguel Ángel representó con el brazo en alto porque es el Supremo Juez, el brazo de Cristo Omnipotente. Pero ante todo sigue en alto porque es el brazo de un Sacerdote. El brazo del Sumo y Eterno Sacerdote que nos espera… espera en alto para poder absolver a los que se acerquen a recibir su misericordia, y es el brazo del Buen Pastor que va a buscar a las ovejas descarriadas, y las protege del enemigo. Ese brazo, por gracia de Dios sigue en alto y que espera repetir el milagro de la conversión del soldado.

Preparación final y día de la consagración:

En el grupo de los que se preparaban había mucha alegría. También lo hicieron con mucha fidelidad, querían prepararse lo mejor posible. Las dos últimas catequesis estuvieron a cargo del Padre Andreas, IVE quien vino también a escuchar las confesiones en preparación a la Consagración.

Para la consagración elegimos el día de la Inmaculada Concepción (día de gran fiesta pues además de ser solemnidad en toda la Iglesia, es la patrona de nuestra Diócesis y la Iglesia de nuestro monasterio está consagrada bajo este título de la Inmaculada Concepción). Tuvimos que dividir el grupo en dos para que se pudieran respetar las normas. El primer grupo se consagró durante la misa el 7 de diciembre a la tarde celebrada por el padre Andreas y el segundo grupo durante la Misa del día siguiente, celebrada por el padre Lemmens.

Después de la Misa pasaron al locutorio para que pudiésemos saludarlos y felicitarlos por su consagración, allí firmaron sus fórmulas de consagración y recibieron un recordatorio. Hubo también propuestas de parte de ellos para seguir con algunos encuentros para ir profundizando cada vez más lo de nuestra consagración.

Encomendamos a las oraciones de todos a estos nuevos esclavos de amor, hijos de María, por su perseverancia final. Algunos otros que esta vez no pudieron consagrarse están pidiendo que volvamos a hacer lo de la consagración. Recen también por ellos.

 

En Cristo y María,

Hermanas del Monasterio “Ecce Homo”

Valkenburg, Holanda