Por: Hna. María Vera Cruz

Querida Familia Religiosa:

Con gran alegría les enviamos unas líneas contando los hermosos días transcurridos en la convivencia que realizamos las hermanas de fundación de las provincias Nuestra Señora de Luján y Nuestra Señora de los Buenos Aires. Nuestro Padre Espiritual dice: “Convivencia… escuela de vida. En ella se aprende a esforzarse por alcanzar una meta, a ayudarse recíprocamente en los momentos difíciles, a gustar juntos el silencio y a reconocer la propia pequeñez en un ambiente majestuoso y solemne.”[1]

En el mes de enero fuimos a Purulón, ciudad del sur de Chile, para descansar viviendo la caridad en comunidad. Este regalo se lo agradecemos a las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón, quienes nos prestaron el lugar donde pudimos realizar la convivencia. Fue la primera vez que lo hacíamos las dos provincias juntas, lo cual fue de gran provecho para todas, ya que pudimos compartir y aprender mucho con tantas hermanas de diversas misiones. Fueron días de un gran espíritu de familia, el cual reinó de un modo divertido entre las hermanas más chicas y las más grandes, entre deportes, juegos, mates, charlas, ¡divagues y risas! Y algo para recalcar fue el haber tenido la posibilidad de recordar, en el simple conversar y con gran gozo, los primeros tiempos de nuestra fundación.

Pudimos visitar diferentes lugares, tales como, Villarrica, Pucón, el hogar de nuestras hermanas en Loncoche, el museo del Padre Francisco Valdés Subercaseaux, Siervo de Dios franciscano, quien misionó en el sur de Chile en bien de muchas almas. También pudimos disfrutar de la belleza que nos ofrecía la naturaleza, haciendo la escalada hasta el pie del volcán Villarrica, visitando diferentes lagos, ríos transparentes, cascadas preciosas y el mar con un atardecer “de cuadro”. Pudimos andar en lancha, en kayak, pescar, hacer un lindo fogón y contemplar la hermosura del cielo estrellado.

El Padre Marcelo Cano y el Padre David Ramírez nos acompañaron en la convivencia, con gran entrega y espíritu paterno. El Padre Cano estuvo en la primera etapa, y las homilías fueron sobre la Santa Misa del Padre Pío, enriquecido con nuestro derecho propio y los elementos no negociables. El Padre David nos habló sobre el libro “Pedagogía del dolor inocente” del Padre Carlo Gnocchi, destacando el valor de enseñar a los niños a ofrecer el sufrimiento, porque, como dijo la Santa Madre Teresa de Calcuta, “la tragedia del mundo no es que haya mucho sufrimiento, la tragedia consiste en que todo ese sufrimiento se desperdicia”[2].

Las hermanas de Chile, junto a diversos bienhechores, nos recibieron de modo excelente, lo cual implicó mucho trabajo para ellas, previendo la logística con gran generosidad. ¡A todos ellos les estamos muy agradecidas! Intentaremos devolver en oraciones lo que han hecho por nosotras.

Un momento importante en la convivencia fue la Santa Misa del viernes 17 de enero en honor a Santa Catalina de Siena, por la apertura del año dedicado a ella. Santa que para nosotras es Patrona y ejemplo de la cual aprendemos a ser mejores esposas de Cristo.

Terminamos la convivencia con la Santa Misa de clausura, con nuevos destinos de nuestras hermanas, con la entrega de premios… ¡y con un divertido bingo! Lo vivido en estos días nos ha dado fuerzas para empezar este año que Dios nos regala. Por eso a Él y a María Santísima les agradecemos tantos beneficios, buscando ser guiadas por “el ansia de nuestro corazón inquieto, que anhela poseer el Infinito”[3].

Hna. María Vera Cruz

[1] SAN JUAN PABLO II, Angelus, Les Combes (Valle de Aosta), 11 de julio de 1999.

[2] Citado por FOURRÉ, Connie, Encuentra tu camino a pesar de la violencia intrafamiliar, ed. San Pablo, Bogotá, 2011, 172.

[3] Directorio de Espiritualidad, n° 216.