Por: P. Esteban Olivares, IVE

 

Querida familia religiosa,

Queríamos compartir con gran alegría dos acontecimientos muy importantes para nuestra provincia aquí en Brasil. En la Solemnidad de San Juan Pablo II, Padre Espiritual de nuestra familia religiosa y en el marco del año jubilar de los 25 años de nuestra presencia en las Tierras de Santa Cruz, 6 de los nuestros recibieron el habito monástico. Este acto es de suma importancia para todo religioso contemplativo, como nos lo recuerda nuestro Directorio:

Como signo de su apartamiento del mundo y de su consagración a Dios en la vida contemplativa, los monjes vestirán un hábito sencillo y modesto, a la vez que decente y pobre[1]. Será blanco[2] y estará compuesto de un sayal con capucha, un cinturón de cuero y un escapulario que, a la altura del pecho, llevará bordado el escudo de nuestro Instituto[3].

 

Por otra parte, cómo no recordar aquellas palabras del Papa Magno, que nos decía: En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios[4].

El segundo hecho que queríamos contarles, y no de menos importancia, es que por gracia de Dios ese mismo día pudimos bendecir y dar por concluido en nuestro monasterio San Miguel Arcángel, un campanario que de 12 metros de altura. Es una obra pequeña, pero de gran significado para todos nosotros. Es una construcción muy sencilla de tres niveles. En el arco de entrada colocamos la placa conmemorativa de la bendición y agradecimiento al Príncipe de la Milicia Celeste por su constante protección; también colocamos una imagen de nuestra Señora Aparecida y otra de San Mauro (discípulo de San Benito) patrono de nuestra Diócesis, regalo de nuestro querido padre y obispo, Mons. Jose Negri (PIME).

Continuando con la descripción de nuestro campanario, en el segundo nivel colocamos una gran imagen de San Miguel Arcángel de 2 metros 80 cm de alto, representando su protección sobre nuestro monasterio y toda nuestra Provincia. La imagen fue un regalo del padre Emanuel Martelli (superior provincial) junto con la colaboración de todos los padres, que misionan en estas tierras, para expresar toda la ayuda y protección recibida en estos 25 años de fundación de parte de San Miguel a cada uno de nuestros miembros. En el tercer y último nivel, colocamos una campana de 43 quilos, labrada de manera tradicional en una de las familias de artesanos de campanas más importantes de Minas Gerais, con la inscripción: “Quién como Dios” y el nombre de nuestro monasterio. Finalmente, coronando todo el campanario una ‘Cruz’ y una ‘M’ símbolo de María (al igual que el campanario de nuestra querida “Finca”).

Por gracia de Dios en nuestro monasterio actualmente viven 10 religiosos que llevan vida contemplativa. Al ser pequeño todos pueden imaginar todas las dificultades y estrecheces que se suelen pasar, como lo es en todo comienzo, pero todos por gracia de Dios estamos con la convicción de que debemos ser generosos (recordemos lo que nos dejó el primero de los nuestros: estamos en los comienzos debemos ser santos[5]).

La decisión de construir este pequeño pero gran símbolo (nuestro campanario), antes que edificar más celdas, o agrandar la casa fue unánime, pues Dios y las cosas de Dios siempre deben ocupar el primer lugar. Recordemos el significado del campanario, con palabras del P. Buela en su obra “Mi Parroquia Cristo Vecino”, decía en el capítulo dedicado al campanario:

 En el lenguaje de la Liturgia la campana se llama signum, señal; y lo es no sólo porque señala la vida del templo, sino porque, además, tiene muy altísima significación.

*Es símbolo de la vigilancia y de la Providencia de Dios sobre todos los hombres y mujeres. Se pedía «…cuando la voz de este vaso traspase las nubes, un ejército de ángeles proteja a tu grey…».

*Es símbolo de la contemplación, suspendidas entre el cielo y la tierra, «no llegan a ellas –dice el Cardenal Gomá– el tráfago de las humanas cosas, sino en cuanto dicen relación a Dios».

*Recuerdan incesantemente a los hombres la santidad de Dios al llamarnos para la oración, el culto, la Liturgia. Son como la voz de Dios que llama a sus ovejas, que nos protege de los peligros y nos conduce por el camino del bien. Es un recordatorio de los misterios y verdades de nuestra santa religión[6].

Teniendo en cuenta estas consideraciones podemos decir que, a través de esta pequeña obra, estamos dando inicio a una nueva etapa en nuestro monasterio, pues todos los días recordaremos la vigilancia y la providencia de Dios sobre cada uno de nosotros, todos los días recordaremos que nuestra vocación es empezar a contemplar de modo imperfecto aquí en la tierra lo que queremos contemplar perfectamente en el cielo. Así cada campanada es la voz de Dios, suave y amorosa melodía que nos llama a su encuentro en la oración.

Querida familia religiosa no podemos negar que en este año jubilar por misericordia divina hemos podido experimentar como la providencia divina esta suscitando vocaciones para la vida contemplativa en nuestra pequeña familia religiosa, por eso de modo especial queremos encomendarnos a sus oraciones y les pedimos que, en sus súplicas a Dios, Le rueguen que siga mandando más vocaciones para la vida contemplativa a este país de dimensiones continentales.

Cuenten con nuestras oraciones.

P. Esteban Olivares, IVE

_________

 

[1] Cf. PC, 17; Cf. CIC, 669 § 1

[2] El color blanco pretende simbolizar la Transfiguración (acorde con nuestro fin específico), las vestiduras blancas por la sangre del Cordero y las tres “cosas blancas” que caracterizan a la Iglesia Católica: la Eucaristía, la Santísima Virgen María y el Santo Padre.

[3] Directorio de vida contemplativa, 134.

[4] Vita Consecrata, 8.

[5]  Marcelo J. Morsella, A Pepe, San Rafael, 19 de setiembre de 1984. In Fuentes, M. A., Soy capitán triunfante de mi estrella, (San Rafale-2011 A 25 años del fallecimiento de Marcelo Edición corregida y aumentada) p.102.

[6] Buela, C. M., Mi Parroquia Cristo Vecino,  pp.183-184