Querida familia religiosa,

Antes de que el tiempo siga pasando, quisiéramos compartir con ustedes la enorme y singular gracia que Dios nos ha concedido el pasado 17 de septiembre, día en que la Iglesia recuerda y conmemora a nuestra patrona Santa Hildegarda de Bingen, día también en que festejamos nuestro sexto año de fundación.

La singular gracia ha sido la profesión perpetua de nuestra hermana María Forma Dei. El hecho de su consagración y compromiso definitivo es sin duda, la primer gran gracia que recibimos ese día, pero también lo han sido las circunstancias que han rodeado este evento, y que han hecho que esta entrega signifique una bendición muy especial no sólo para nuestra comunidad y misión, sino para toda la Iglesia en Luxemburgo.

Dios sabe mejor que nadie cómo hacer las cosas y se sirve de los medios más insólitos y tal vez hasta despreciables para realizar grandes obras… ¡Todos lo hemos podido experimentar por su gracia!

Pues aquí, podríamos decir que gracias al COVID19 las cosas han salido mucho mejor de lo que nosotras hubiésemos podido pensar o programar, aun cuando implicó esfuerzo y sacrificio; como fue el hecho de que la familia de la hermana María Forma Dei no pudiera estar presente. Seguramente esta renuncia, aceptada y entregada con alegría ha sido motivo de muchas bendiciones.

Fue debido a las restricciones y leyes de distanciamiento social que pensamos en que valía la pena pedir permiso para realizar esta ceremonia en una Iglesia más grande, para dar la posibilidad a las familias del Centro Espiritual de participar de la misma, cosa que no hubiese podido ser si la hacíamos en nuestra Iglesia.

Antes de esto, invitamos a nuestro Cardenal, Mons. Jean-Claude Hollerich, a presidir, quien enseguida nos respondió diciendo que contábamos con su presencia.

Cuando pensamos en una Iglesia más grande, nuestra mente se dirigía a la Catedral, sobre todo porque es el Santuario de Nuestra Señora, Consoladora de los Afligidos, patrona de Luxemburgo. Parecía difícil poder lograr esto, ya que faltaba muy poco tiempo y normalmente las celebraciones en la Catedral se programan con mucha anticipación. Contrariamente a nuestras expectativas, el párroco de la Catedral se mostró muy disponible para ayudarnos y nos facilitó el lugar y todo lo necesario para la celebración.

El vicario general, por deseo del Cardenal hizo pública la invitación y la extendió a los sacerdotes de la diócesis. Motivo por el cual, también quisieron hacer una entrevista a la Hermana María Forma Dei, para que fuese publicada en la página web de la arquidiócesis.

El tiempo fue pasando muy rápido… Nuestra comunidad contaba en ese momento con dos hermanas menos, quienes se encontraban en Roma haciendo un curso de griego bíblico. Todos sabemos la cantidad de pequeños detalles que hay que tener en cuenta en celebraciones así. Gracias a Dios, una vez más pudimos constatar lo que significa la Familia Religiosa, y las hermanas de la comunidad apostólica y de la provincia asumieron como propia esta fiesta, haciéndose cargo de muchos de los oficios. Sin la ayuda de ellas y de los padres del IVE hubiese sido imposible preparar todo lo necesario.

Recibimos también en esos días de preparación, la feliz noticia de que la M. Corredentora junto con la M. Sponsa Amabilis podrían viajar para estar presentes ese día. Novedad que significó otro motivo de gran alegría.

Impresionó y admiró también toda la ayuda recibida de parte de nuestros bienhechores, del equipo de sacristanes de la Catedral, del organista y del párroco, del maestro de ceremonias. Éste, al finalizar la celebración le dijo a una hermana: “Hasta ahora no sabíamos cómo se hacía una celebración de votos perpetuos, pero ahora que lo sabemos esperamos que pronto haya otra”.

Y un detalle no menor, fue el hecho de que la Virgen llevase el vestido que nosotras le hicimos a modo de exvoto un año después de nuestra fundación, ya que fue una gracia que Ella nos concedió.

Pudimos experimentar la idea que la piedad popular repite constantemente en los cánticos en honor de la Reina y Señora de este país: como Ella tiene que estar presente en lo más íntimo de las vidas de todos sus habitantes… He aquí un canto popular que expresa esta idea, con su traducción:

Léif Mamm, ech weess et nët ze son,
wéi gär ech bei dir sin.
Léif Mamm, ech kann nët vun dir gon,
bis ech erhéiert gin.
Querida Mamá, no sé cómo decirte cuánto amo venir a verte.
Querida Mamá, no puedo dejarte hasta no ser por ti escuchado.
Léif Mamm, du helleg Kinnigin!
Looss all déng Kanner ëm dech sin,
géi du mat hinnen Hand an Hand
a seen, a seen eist Lëtzebuerger Land! 
Querida Mamá, tú, Reina del Cielo,
deja que tus hijos te rodeen
y camina tú con ellos, su mano en tu mano
en ésta, tu tierra luxemburguesa.

¡En una ocasión tan importante y singular como esta, Ella no podía no estar presente!

Fue como una caricia de esta Madre, quien fue testigo de honor de la consagración y entrega de esta hija suya.

Por lo poco que hemos podido ver, este hecho ha tenido amplia repercusión en muchas personas, no sólo en quienes pudieron estar presentes, sino también en quienes supieron de esto a través de los medios de comunicación. Han llegado sea por carta que por email manifestaciones de agradecimiento a María Forma Dei por su consagración, comprometiendo sus oraciones por ella.

También ha sido de admirar las reacciones de algunas de las familias, quienes, a pesar de estar llenos de actividades, ya que se trataba de un día de semana durante el período de reinicio del ciclo escolar, hicieron todo lo posible por estar presentes, ya que sus pequeños hijos no se querían perder una oportunidad así. Hubo hasta quien prefirió renunciar a su fiesta de cumpleaños (sacrificio no menor para una niña de 8 años).

Podríamos decir mucho más, pero pienso que es suficiente como para que nos ayuden a dar gracias a Dios y pedirles que recen por la perseverancia y santidad de la hermana María Forma Dei y de todos los misioneros en Luxemburgo, así como el aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas.

¡Desde el Corazón de Europa, en el Corazón de Jesús! ¡Viva la Virgen, viva la misión!

María de la Unidad, contemplativa en Luxemburgo