I-“El amor es difusivo por sí”

El amor que Dios derrama en nuestras almas nos da vida y sabe cambiar las cosas pequeñas y cotidianas de nuestra misión en algo hermoso y de valor eterno. Dios, que no se deja ganar en generosidad, nos pone a diario ocasiones para que Su amor pueda llegar a las almas. Esto es lo que experimentamos en Khabarovsk, a orillas del río Amur, sobre la frontera con China, en la penúltima parada del tren transiberiano, donde solamente muy pocas personas desean bajar.

Khabarovsk pertenece a la provincia de Dalnivostok, lugar donde iban los presos, quienes con gran sacrificio y sufrimiento construyeron las ciudades sobre la frontera con China y trabajaron las minas y los bosques.

Nuestra región es una zona militar, donde reina hasta el día de hoy el ateísmo. Muchas personas con quienes nos encontramos recibieron una educación atea y tienen heridas profundas en sus almas. Hay muchas familias separadas, madres solteras, hijos sin papás, problemas graves de alcoholismo y violencia familiar. La vida es dura por el clima áspero, los vientos fuertes, la temperatura promedio de 25 a 35 grados bajo cero durante los largos meses de invierno.

Nuestros fieles son por lo general descendientes de polacos, ucranianos, lituanos y coreanos, que durante el tiempo soviético fueron trasladados a estas tierras y trajeron consigo las semillas de la fe, recibidas en germen de sus padres o abuelos. Por eso su testimonio de vida cristiana, su amor por Dios y su fidelidad a la Iglesia, hacen de nuestra parroquia una familia. Nuestros fieles nos hacen experimentar numerosas veces que el amor es difusivo de sí y son un gran aliento para nosotros, misioneros en el extremo-oriente de Rusia.

En el seno de cada familia, los hijos son los dones más apreciados. También nuestra misión tiene semillas de nuevos cristianos, sin duda fruto de los sufrimientos martiriales de tantos cristianos en este lugar. Tenemos aquí un grupo de niños y adolescentes, provenientes de familias muy carenciadas, que alegran la vida de nuestra parroquia. Algunas niñas han comenzado a visitarnos los fines de semanas. Con ellas estamos haciendo una hermosa catequesis para profundizar en la fe. Ellas son hijas de madres solteras y han conocido el sufrimiento desde su más tierna edad. Al inicio vinieron simplemente para jugar y pasar un tiempo de alegría, con el paso del tiempo comprenden mejor lo que significa vivir junto a Dios.  Por eso buscamos que vivan el espíritu que reinaba en la casa de Nazaret, hogar de la Sagrada Familia. Nuestras niñas también son “Hijas de María”, según les hemos explicado y como tales han empezado a participar activamente en la vida parroquial y dan un hermoso testimonio rezando el rosario y participando en la Misa. Nos ayudan a decorar el convento y la Iglesia, lo cual es una actividad nueva en sus vidas. Nunca antes habían adornado un árbol de Navidad o hecho alfombras de aserrín para Corpus Christi. Es lindo ver que nuestros fieles han iniciado a apreciarlas y entablan a veces pequeñas conversaciones con ellas.

Dos de las niñas, Kyra (7) y su hermana, Vicka (13) no estaban bautizadas. En unas “Buenas Tardes” el P. Geovanny Arbelaez, IVE les habló acerca de la paternidad de Dios. Luego Vicka pidió a su mamá el permiso para ser bautizada porque quería ser hija de Dios, porque ella no conoce a su papá y desea que Dios sea su Padre. Su hermanita Kyra escuchó esta conversación y empezó también a insistir en querer tener a Dios como Padre. La mamá inicialmente se opuso. Nadie en su familia era bautizada y ella no sabía nada de Dios. Finalmente, terminó diciendo a las niñas que tal vez el próximo año, con la esperanza que el próximo año las niñas olvidasen el tema. Sin embargo, todos los días las niñas hacían la misma pregunta durante varios meses y apenas empezó el año 2020 las niñas se presentaron recordaron a su mamá que con el comienzo del año llegaba la hora de bautizarse. Durante las “vacaciones con Dios” (el campamento de invierno) la mamá se animó a venir para conocer la Iglesia y pudimos hablar largamente con ella. Su vida es muy sufrida, creció en un hogar del estado y nos decía: “Me doy cuenta que ustedes ayudan a mis hijas y que ellas lo necesitan. Yo nunca tuve a nadie que me ayudase”.  Consiente de la necesidad que tienen sus hijas del apoyo divino y humano para poder tener un futuro mejor, accedió al bautismo. El 12 de enero fue el gran día en el cual la Iglesia festejaba el Bautismo de Jesús y fue también celebrado el bautismo de María Kyra y María Victoria. La mamá acompañó a sus hijas durante todo el día del bautismo e hizo sus primeros pasos de acercamiento a Dios. La alegría de las niñas era notable: “Ya no tengo pecado,” decía Vicka, “somos blancas y puras,” repetía Kyra. Ellas han adquirido el hábito de confesarse frecuentemente y siguen ahora con clases de catecismo para poder recibir la comunión el 8 de diciembre.

II- “Que sean felices en el tiempo y la eternidad”

La cuarentena por la pandemia del coronavirus fue difícil para todos y lo fue también para nuestras niñas. Tuvimos que suspender sus visitas semanales a nuestro convento y a la iglesia. Nos mantuvimos en contacto por medio del teléfono y así pudimos darnos cuenta de sus necesidades. Debido a esto planificamos algunas visitas a sus casas, recordando que San Ignacio de Loyola, en “la contemplación para alcanzar amor” dice que el amor se ha de manifestar más en las obras que en las palabras.

Un domingo después de la Misa, en plena cuarentena, nos comunicamos con Arina y su mamá. Estaban tristes y deprimidas, porque ya no tenían más nada en su heladera. La mamá nos decía que no viniéramos a visitarlas, porque ni siquiera tenía un té para ofrecernos. No les hicimos caso, fuimos al supermercado e hicimos una buena compra para ellas. Cuánto dolor en el corazón por tomar consciencia que hay parroquianos nuestros que no tienen que comer, o quienes comen habitualmente sólo un poco de pan, fideos, arroz, papas o grano sarraceno. Debemos dar gracias a Dios por los bienhechores, que son instrumentos de la providencia de Dios, no solamente para nosotras, sino también para las personas necesitadas que atendemos. Durante este tiempo de coronavirus pudimos conocer mejor el sufrimiento que hay detrás de muchas puertas cerradas, convirtiendo el tiempo de cuarentena en ocasión para acercarnos de otra manera a las personas y practicar la caridad con mayor intensidad.

El viernes 29 de mayo fue el cumpleaños de Olga, la mamá de Valentina (13 años). La familia vive en una sala-cocina, con 5 personas. La mamá de Olga está muy enferma de cáncer y además cuida un chico de 33 años, con discapacidad motriz severa. Olga hace grandes sacrificios para tratar de cuidar su familia. Se quedó muy feliz con nuestra visita y agradecida con los alimentos y zapatos nuevos que le pudimos regalar, porque ella había dado sus propios zapatos a Valentina, para que pudiera venir a la Iglesia. El día 2 de junio nació Irina, nieta de Olga, cuya hija Julia (18 años) a quien pudimos asistir cuando estaba pasando un momento muy difícil al inicio de su embarazo. Demos gracias a Dios por la niña que nació.

Después de visitar la familia de Kyra y Vicka, y constatar su triste realidad, llevamos a Kyra a nuestra casa. La niña estaba muy feliz, porque desde mediados de marzo no había venido más a la casa. Había bajado bastante de peso, al igual que la mamá. Era muy notable que les faltaba hasta lo necesario para comer, lo mismo que en la casa de Arina. Por esto decidimos que era mejor que las niñas volviesen a venir los sábados a nuestra casa y se quedasen hasta el domingo. Nuestro Obispo nos apoyó, dando permiso para poder continuar con esta pequeña obra de misericordia. Las niñas están muy felices y nosotras también. Nos anima lo que dice Don Bosco: “Uno solo es mi deseo: que sean felices en el tiempo y en la eternidad”.

III- “Dejad que los niños vengan a mi”

Desde hace más o menos un mes, casi todos los días golpea nuestra puerta una niña del barrio de 9 años, llamada Sasha. Muchas veces trae amigos, que con gran curiosidad se acercan a nuestra puerta, tratando de entender un poco mejor quienes somos. Nos piden un vaso de agua, galletas o simplemente nos hacen preguntas. Un sábado Kyra y Vicka habían llegado a la hora del almuerzo y Sasha, quien estaba sola, tocó la puerta temprano. Vicka abrió y luego me cuestionó diciendo: “Hace frio afuera, porque no la dejan entrar?!” Tenía razón Vicka y así entró por primera vez en casa Sasha. Vicka le hizo el interrogatorio y finalmente le mostró nuestra capilla, explicando que los reclinatorios sirven para rezar, dándole ejemplo como se usan. Sasha aceptó feliz la invitación de quedarse a comer. Está muy flaquita y visiblemente necesitada. Ella vio un dibujo que nuestras niñas habían hecho, colgado al lado de la puerta de entrada y unos días más tarde volvió para traernos su propio dibujo de tres monjitas bajo un arcoíris. Se puso muy feliz cuando lo colgamos también al lado de la puerta.

Un sábado por la tarde miramos la película de Santa Bakhita. Cuando Bakhita defiende su vocación delante la madre superiora de las Hermanas Canonsianas y el Obispo, quienes dicen que hay que tener “un corazón grande” para seguir a Cristo, Kyra se levantó de golpe y me abrazó fuerte, para decirme en el oído que ella también quiere ser monjita cuando sea grande. Luego abrazó a María Bienaventurada y expresó el mismo deseo. Cuanta alegría debe tener el Corazón de la Virgen al escuchar los deseos tan puros y sinceros que brotan del corazón de una niña que ha descubierto el amor de Dios en su vida.

“La caridad salvará al mundo”, decía el santo Don Orione. Quisiéramos dar gracias a Dios por habernos mandado a la misión y por darnos la posibilidad de atender a los niños, enseñándoles que son amados por un Padre celestial. Demos gracias a Dios por mandarnos Sus hijos. Durante la aparición de la Virgen a Sor Lucia en Pontevedra, la Madre de Dios pidió reparación por las ofensas recibidas. Una de las razones del sufrimiento del Corazón de Virgen es a causa de las personas que alejan a los niños de María y de Jesús. Esperamos poder consolar al Corazón de la Virgen por permitir que estos niños rusos, que no conocían a Jesús, se puedan acercar cada vez más a Él.

Maria Bienaventurada, Maria da Penha, Maria de Anima Christi
Comunidad Nuestra Señora de Khabarovsk. Rusia