Por: Hna. Maria de Itati y familia Lorente

 

Villa Atuel, 10 de Agosto 2020

Estimados Todos:

Escribo esta pequeña cartita para agradecerles a todos aquellos que nos escribieron para darnos las condolencias por la muerte de mi padre. Mi familia estará siempre agradecida por las oraciones y Misas que ofrecieron, y ofrecerán, por su descanso eterno.

Mi padre fue un hombre siempre muy sufrido debido a las circunstancias en que le toco vivir. El Nació en España, en un pequeño pueblo llamado Serón, de la Región hispánica de Andalucía, muy cercano a Granada. Nació en el medio de la Guerra Civil Española, mientras su padre estaba en la guerra y su madre trabajando en el campo para poder mantener a sus hijos en medio de la guerra. En el 1949, cuando tenía 12 años, vino de España a la Argentina junto con sus padres y sus hermanos (7), como tantos miles de inmigrantes que buscaron un horizonte mejor que el hambre que les había dejado la guerra. Y aunque español de sangre, (amaba su patria y siempre nos contaba de los hermosos momentos que vivió allá), siempre fue un buen hijo de esta tierra, nos decía “estoy agradecido con lo que me ha dado este país”.

Desde muy corta edad realizó el trabajo rudo y duro del cultivo de la vid, por este motivo su piel, que no estaba adaptada para este fuerte sol mendocino, sufrió múltiples lesiones y el sol fue dejando sus marcas en la piel con el paso de los años. Desde los 35 años sufrió la primera lesión cancerosa en la piel, y a los 55 años empezó su largo calvario de operaciones, rayos, etc. Nunca lo oí ni siquiera quejarse por las continuas intervenciones a las que se vió sometido durante su vida. Siempre fue el mejor paciente que he conocido, jamás desobedecía la orden de un médico. Tenía mucha confianza en la medicina y siempre pensó que podía curarse.

El tumor del último tiempo fue muy agresivo, lo operaron, le hicieron un injerto, le hicieron radioterapia y finalmente quimioterapia… pero nada resultaba…  Y cuando yo lo curaba de su herida en el rostro me decía “no te hagas problema me van a hacer un injerto”. Un mes antes de morir le pidió a su oncólogo que le hiciera un injerto, pero lamentablemente no se podía.

Pudo recibir todos los sacramentos. El último tiempo el P Damián, IVE le dio los sacramentos y le traía la comunión semanalmente. El P. Nicolás Ortiz (Real del Padre) le dio los sacramentos y aún la confirmación bajo condición. En el momento ultimo, cuando ya estaba agonizando, el P Fabián (Villa Atuel) le dio los últimos sacramentos mientras dejaba este destierro. Se durmió en el Señor, y aunque la muerte siempre es dolorosa y difícil, nos dejó una gran paz. Eran las 11,30 de la mañana de un sábado 8 de agosto.

No pudimos velarlo a causa de la pandemia, pero lo tuvimos en casa un par de horas, en las que pudimos rezar a los pies de su cama con mi madre y mi hermano, mis superioras y las hermanas de mi comunidad. La tristeza de no poder tenerlo más tiempo con nosotros fue superada por la gracia de que hubiese podido ser asistido con todos los medios que la Santa Iglesia concede a un moribundo. Tenía el escapulario y murió un sábado… pienso que la Virgen se lo habrá llevado.

Nos queda un profundo y bellísimo recuerdo de su paso por esta vida, llena de buenas obras. Siempre fue un padre ejemplar y un buen marido. Los que lo conocieron saben que era muy hospitalario y muy generoso, pagando a sus obreros un pesito más de lo que la ley estipulaba.

Me impresionaba cómo después de un granizo que le había destrozado toda la viña, al otro día sin quejarse, sin rebelarse con Dios, se ponía su pañuelito en la cabeza (que le cubría toda la cara por el sol) y su sombrero, y retornaba a su viña. Tenía esa fuerza de voluntad y ese temple propio de los agricultores de este desierto mendocino. Y ese temple fue el que lo hizo fuerte en la enfermedad, fuerte en los reveses de la vida… fuerte hasta el final.

En vez de llorar por su partida debemos darle gracias a Dios por los años que estuvo con nosotros… Gracias Dios Padre por habernos dado un padre así.

Mi familia les agradece por todas las oraciones y misas que han rezado por mi padre. Les pido que la tengan muy presente a mi madre en su dolor.

Que Dios y su Madre Santísima los bendiga.

Hna. Maria de Itati y familia Lorente

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