La finalidad de esta crónica será la de relatar de modo general el apostolado que hacemos en la Parroquia “Sagrada Familia” en Konsomolsk na Amure. Se trata de una ciudad pequeña con una población de 272 445 habitantes, está situada en el margen izquierdo del río Amur a 356 kilómetros al norte de Jabárovsk.  En el mundo ruso tiene su reconocimiento particular por la fábrica de aviones militar de la Fuerza Aérea Rusa, y será esta fábrica la que favorezca en gran parte al desarrollo de la ciudad y de la región; aunque también tenga su reconocimiento por las modernas pistas de esquí y patinaje sobre hielo, grandes complejos en donde los deportistas compiten y se entrenan año tras año, y en donde los turistas también aprovechan para recrearse. Se trata de una ciudad soviética, con su arquitectura propia del tiempo y con sus monumentos que recuerdan aquellas épocas de comunismo en el tiempo de URSS.

En esta ciudad, en un pequeño departamento, cada mes baja del cielo Nuestro Señor en la celebración del Santísimo Sacrificio de la Misa para ser recibido por los fieles católicos de la ciudad. Los fieles que asisten a la Misa son pocos, no se sabe con exactitud el número de católicos, pero los que participan en las celebraciones cada mes serán entre diez y quince personas.

El departamento consta de un salón grande ambientado para la celebración de la Misa, un pequeño dormitorio que a su vez funcione de sacristía, y la cocina comedor donde tiene lugar el clásico té festivo después de la Misa.

El itinerario es más o menos este: Se prepara la llegada de los religiosos informando a los fieles acerca de los horarios de las misas. Por lo general las celebraciones son, el viernes por la tarde y el sábado por la mañana. Previo a la Misa se expone el Santísimo para ser adorado por los fieles y se reza el Rosario. La Misa suele ser del todo particular, es una misa muy bella en la cual el sacerdote puede tomarse el debido tiempo para la celebración, los cantos son un poco más extensos y la alegría grande; y todo esto se debe a que nuestro fieles ya desde hace un mes que vienen esperando y deseando participar del Sacrificio Eucarístico y recibir a Jesús en sus almas. Luego de la Misa nos reunimos en la sala del té, donde cada fiel aporta de lo suyo para compartir en familia. Allí se conversa, se comparte, uno se pone al tanto sobre las cosas relativas a los parroquianos, a su salud y demás. En este tiempo, como también previo a la Misa, algunos fieles aprovechan a confesarse o a hablar con el sacerdote.

Quiero hacer además particular mención de dos de nuestros feligreses. Primero de la Señora Leonora, quien ha estado desde los inicios de la Parroquia en Konsomolk. Hija de padres polacos. Sería su padre quien fuera deportado en tiempo del comunismo, y luego de lo cual, destinado a vivir en una ciudad pequeña sin poder huir más allá de aquel territorio. Fue ella junto con su familia quienes trajeran desde Polonia la preciosa imagen de la Sagrada Familia que preside las celebraciones en esta nuestra humilde parroquia.

Otra fiel digna de mención es la Señora Elena. Ella es la que en estos últimos tiempos ha colaborado y colabora con la mantención de la casa-parroquia, y quien se encarga de disponer todo para la venida de los religiosos. Actualmente sufre un cáncer que arrastra ya desde hace algunos años, pero que ahora se le ha acentuado. La última vez que fuimos a la ciudad no pudo asistir a la misa porque se encontraba hospitalizada, aunque rogara a los médicos con insistencia el poder salir al menos para el tiempo de la Misa. Dos veces la visitamos al hospital, recibió la Eucaristía y administramos el sacramento de la unción. Realmente, debo confesar, que he quedado admirado por la devoción con la que esa mujer recibía en su corazón a Jesús Sacramentado y que gran alegría manifestó al ver a los padres y las hermanas llegar al hospital para visitarla. Con ella hablamos largo rato y jamás dejo entrever atisbo de queja, sino que más bien se preocupaba de como estábamos nosotros, de cómo están los fieles de la parroquia y de cuantos habían asistido a la celebración.

Pedimos pues particulares oraciones por el apostolado que realizamos en esta ciudad, por nuestros fieles y de modo particular por la Señora Elena, por su salud y fortaleza. Damos gracias a María Santísima bajo la advocación de Fátima por todas las bendiciones que hemos recibido a lo largo de este tiempo de apostolado, y le suplicamos continúe bendiciendo nuestras misiones aquí en Rusia.

Nuestra Señora de Fátima…

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