Por: Hna. María del Espíritu Santo, SSVM

 

Muy querida Familia Religiosa:

Ayer, 31 de mayo, Domingo de Pentecostés y día de la Visitación, en todas nuestras misiones a lo largo y ancho del mundo, hemos tenido la enormísima gracia de poder ofrecer a la Virgen Santísima nuevos esclavos de amor, que se han entregado a Ella en cuerpo y alma, para siempre… También aquí, en Alcoy, ha sido un día de inmensa alegría… Pero vamos por partes…

La restauración de la sacristía

Como hemos contado en alguna otra crónica (y pedido de oraciones), con motivo de la apertura de la Capilla de Adoración Perpetua en nuestra iglesia se debían hacer varios trabajos de adaptación y reparación en el templo, incluyendo el traslado de nuestro coro y de la sacristía. Con gran esfuerzo, y gracias a la ayuda del Ayuntamiento, se pudo instalar una rampa de acceso a la iglesia, se trasladó nuestro coro a otro lugar más espacioso y de mayor visibilidad hacia el altar, y se comenzó a restaurar un local lateral en el templo para hacer allí la sacristía.

Pero el capítulo de la Sacristía merecería varias páginas de anécdotas, pues lo que parecía trabajo de un mes, se alargó -por innumerables circunstancias y dificultades, especialmente administrativas pero no solamente…- a dos años! El proceso pasó por períodos de trabajo y de inactividad… Como dice el libro sagrado: “Hay un tiempo para destruir y un tiempo para construir...”. Comenzó el tiempo de destruir… y la sacristía parecía haber sido bombardeada con ferocidad… Pero el tiempo de construir no llegaba nunca…! Estos avatares también afectaron al desarrollo normal de la Adoración, que durante el “tiempo de destruir” debió ser trasladada al pequeño oratorio donde se hace la adoración durante las horas de noche y madrugada… Y después volver a su sitio…con todos los signos del “bombardeo” a la vista.

Los últimos 6 meses, la sacristía “provisoria” estuvo funcionando detrás del altar mayor, en un pequeño pasillo que habitualmente sirve para nuestro acceso al templo. Cuando se reemprendían las obras y parecía que ya se terminaban, un nuevo contratiempo sobrevenía… Y así durante meses…

Finalmente, nosotras mismas hicimos los últimos trabajos de pintura y decoración. Con la colaboración generosísima de varios amigos de la comunidad, que trasladaron muebles, terminaron la instalación eléctrica, y nos ayudaron a ornamentar el recinto, a principios de marzo ya estábamos casi listos, y pusimos fecha de inauguración: 19 de marzo. Pero Dios nunca deja de sorprendernos con su sentido del humor… Y cuando sólo faltaban 4 días, se declaró el estado de alarma y el confinamiento obligatorio en toda España… Hasta el sacerdote encargado de celebrarnos la misa, tan ansioso por estrenar la sacristía, debió permanecer encerrado en su casa desde ese día, y no pudo seguir viniendo a celebrar la Misa de la Comunidad… Así que cerramos la sacristía casi terminada, y a esperar el “tiempo de inaugurar”…

La consagración a la Virgen según el método de San Luis María

A principios de abril -en pleno confinamiento aquí en España- recibimos la noticia de que se comenzaría la preparación de los laicos que quisieran consagrarse totalmente a la Virgen. Enseguida enviamos la invitación a los adoradores, a las Madres de las 40 horas que están en contacto con nuestra comunidad, y a nuestros amigos y familiares. Algunos pocos nos preguntaron sobre el tema y se mostraron muy entusiasmados. Y dio inicio el tiempo de la preparación, pero no sabíamos con certeza cuántos eran los que se estaban preparando.

Mientras tanto, a mediados de mayo comenzó el proceso de des-confinamiento. Y fijamos una nueva fecha para bendecir e inaugurar la sacristía… Elegimos Pentecostés, pues en esos días ya se podría llenar medio aforo (la mitad de la capacidad del templo), y esto nos permitiría invitar a todos los que habían estado trabajando y ayudando en la restauración, que no eran pocos…

Contemporáneamente, un amigo de la comunidad preguntó si podía hacer su consagración a la Virgen en nuestra iglesia. Entonces, nos “despertamos” y avisamos en todos los grupos que los que se estaban preparando y quisieran podían consagrarse durante la Misa de nuestra Comunidad. Y nos pusimos a preparar todo para el doble evento…

Y llegó el día…!

La Misa comenzó con el templo todo lo lleno que se podía. Presidía nuestro capellán de Misa, y concelebraba el Arcipreste. Fue muy impresionante cuando llegó el momento de la consagración, y pasaron todos al frente… nerviosos, emocionados… delante de la Virgen de Luján, hermosa, circundada de flores y cirios, y ahora, de 17 nuevos esclavos de amor, para toda la eternidad…!

Verlos allí a todos, de pie, rezando la oración a la Virgen, entregándole todos sus bienes interiores y exteriores, el valor de sus obras pasadas, presentes y futuras… pagó con sobreabundancia todos los trabajos de estos tres años que llevamos en esta ciudad. ¿Qué puede dar mayor satisfacción, mayor alegría y consuelo, que presenciar una tal oblación, y no de uno (que ya sería muchísimo) sino de tantos…? Durante esos breves minutos, pasaron ante la memoria las distintas circunstancias en las que cada uno de ellos se ha ido acercando a la Comunidad a lo largo de estos tres años; incluso algunos, después de mucho tiempo lejos de Dios, volvieron a la vida sacramental, comenzaron a hacer adoración al Santísimo (todos ellos hoy son adoradores), varios hicieron Ejercicios Espirituales… y ahora estaban allí, entregándose a la Virgen como esclavos perpetuos…

Espontáneamente, venía a la mente la cita de Is (49,20-21): Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: «Este lugar es estrecho para mí, hazme sitio para establecerme». Y tú pensarás para tus adentros: «¿Quién me engendró a estos? ¿quién me los ha criado? ¿de dónde salen estos?».

Dios da a los religiosos unas alegrías muy hondas que solo en el Cielo podremos expresar…

Luego de la bendición final, se hizo la bendición de la sacristía, tan esperada. Apenas terminó la bendición, todos se agolparon en la reja de nuestro coro, especialmente los nuevos consagrados a la Virgen. Contentísimos todos, y muy conscientes de lo que acababan de hacer. Uno comentó que iba a volver a escuchar dos o tres veces los vídeos de la preparación, para poder entender mejor lo que significaba esto. Poco más tarde, nos llegaron varios mensajes, como estos: “Estoy muy agradecida y emocionada por toda la formación recibida. Gracias.” “La consagración ha sido un regalo precioso.” “Ha sido muy bonito. Ahora toca estar a la altura…”. “Que la Virgen nos conceda servirle con fidelidad”. “…Durante mi preparación he comprendido cosas y situaciones que pasaba por alto, y especialmente hoy ha sido como mi segundo bautismo, pero con la consciencia de lo que hago y lo que significa de hoy en adelante, así que muchas gracias por todo.

Verdaderamente, todo salió tan bien, y había un ambiente de tanta alegría, tan familiar, que no podemos más que decir: “Todo lo ha hecho Ella”

Para terminar…

Hay algo que ya sabemos y siempre se dice, pero aunque sea repetir no podemos omitir… Es una gracia inapreciable trabajar juntos, como Familia Religiosa. No sólo por una cuestión práctica, sino, sobre todo, por la fuerza que da el espíritu de familia llevado al trabajo apostólico. Sólo Dios sabe cuántas horas de trabajo sacrificado de tantísimos hermanos nuestros hay detrás de todo el material de apostolado que nos llega periódicamente por los distintos medios de comunicación, sin contar con el tiempo invertido para organizar eventos, y demás cuestiones logísticas, que redunda en bienes espirituales incalculables para muchísimas personas, a muchas de las cuales sólo podemos llegar por medio de un videíto o de una homilía grabada. Por eso, gracias a todos!

Encomendamos a sus oraciones los adoradores, especialmente los que se han consagrado a la Virgen, para que se dejen moldear por Ella a imagen de su Hijo Jesucristo. Y para que siga creciendo la familia!

Unidos en el Verbo Encarnado,

Hna. María del Espíritu Santo