El 26 de agosto celebramos nuestra patrona, Santa Teresa Jornet, quisiera contarles en pocas líneas algunas de las actividades que hemos realizado y el bien que Dios nos permite hacer desde nuestra comunidad, ubicada en General Alvear, Mendoza, en Argentina.

Nuestro apostolado principal es la atención espiritual de los ancianos y enfermos de nuestra parroquia, asistimos semanalmente a más de 100 ancianos y enfermos, llevando la comunión y a muchos de ellos acompañándolos en su soledad. También ayudamos en la catequesis a 120 niños y en la liturgia parroquial. Semanalmente desde nuestro convento, junto a un grupo de jóvenes voluntarios distribuimos mercadería a quienes la necesitan. Estos apostolados que realizamos en tiempos normales se han visto afectados raíz de la pandemia.

Desde el inicio de la cuarentena en nuestro país, se ha incrementado el número de familias necesitadas. La gente acude diariamente a nuestro convento a pedir ayuda material, pero notamos que también vienen buscando consuelo, buscando a Dios.  Ancianos, jóvenes, padres de familia, todos acuden golpeando la puerta de nuestro convento.  Tuvimos que organizarnos mejor para conseguir alimentos. Lo primero que hicimos fue acudir a San José. A sus pies pusimos la lista con los alimentos que necesitábamos para las familias. Además, le encendimos una vela, para que ni de día ni de noche San José se olvidara de nuestro pedido. Lo segundo fue pedir, por redes sociales colaboración, siguiendo el ejemplo de nuestra santa patrona, Teresa Jornet, quien afirmaba “cuantos más pobres, más bienhechores”, y a ella también acudimos con nuestros pedidos. Fue así que San José y Santa Teresa Jornet se organizaron muy bien y enviaron mercadería y bienhechores para aliviar a tantas familias necesitadas.

Además de la mercadería que nuestros bienhechores nos brindan con gran generosidad, también Caritas diocesana nos envía mercadería para las 150 familias que asistimos semanalmente.  Al crecer los casos de Covid en nuestro departamento y habiendo conocido la municipalidad nuestra labor con los más necesitados, nos proveyó de todo el material de protección según el protocolo, para poder seguir realizando nuestra labor de caridad.

Los hombres no solo necesitan cosas materiales, buscan también el rostro de Dios, la misericordia, la paz, la caridad; es la sed y el hambre que el mundo de hoy padece.  Como religiosas del Verbo Encarnado tenemos la responsabilidad de reflejar su misericordia y su amor. Poco es lo que podemos dar como ayuda material, pero es incalculable y sin medida lo que ellos reciben al ser atendidos con caridad y con afecto.  Como esposas del Dios de la Misericordia somos sus canales para que el mundo de hoy lo conozca, y aunque sea pequeño nuestro aporte y nuestra entrega cotidiana, como decía la Santa Madre Teresa Jornet a sus religiosas «No hay nada pequeño, cuando se hace a gloria de Dios».

Rezamos por todos ustedes y nos encomendamos a sus oraciones.

Madre Maria del Rocío, SSVM