«De la Eucaristía viene la fuerza para vivir la vida cristiana y el celo para compartir esa vida con los demás». -San Juan Pablo II

Debido al COVID-19, en la mayoría de las parroquias, los sacramentos han sido pospuestos hasta el final de la cuarentena, Ahora que las restricciones mermaron, aprovechamos la oportunidad para terminar de preparar a los alumnos para que reciban el Sacramento de la Sagrada Comunión.

Como las clases de catecismo fueron suspendidas antes de terminar el año, y todos los retiros habían sido cancelados, los alumnos tenían que refrescar sus conocimientos. Con el fin de terminar la catequesis y que los niños estén realmente preparados para recibir a Jesús en la Eucaristía, decidimos tener una maratón de retiros, dándoles un curso intensivo incluyendo los contenidos que todavía no habíamos podido enseñar.

El total de niños en preparación para la Primera comunión era de 200. Solo podíamos tener 30 alumnos a la vez, por lo cual dividimos a los niños en grupos. Hicimos «miniretiros» durante tres fines de semanas consecutivos consiguiendo que todos los niños participaran. En cada retiro tuvimos tres talleres rotativos. En un taller hicieron una actividad manual que sirve como recordatorio de su día de primera comunión; en el segundo taller practicaron cómo recibir la Sagrada Eucaristía de manera piadosa y adecuada, y escribieron una carta a Jesús en el Santísimo Sacramento. En el último taller, tuvieron el examen de los contenidos más importantes que tenían que saber para recibir su Primera Comunión. Es así que el retiro fue una buena y útil herramienta para la revisión de todo lo que aprendieron durante  el año.

Los niños estuvieron muy bien dispuestos y entusiasmados al participar en el retiro, a pesar de las reglamentaciones que debimos seguir como el uso del barbijo, y un número de no más de 10 niños en cada aula.

Pudimos experimentar la alegría de los padres cuando recogieron a sus hijos, y supieron que estaban listos para recibir su Primera Comunión. Tanto los niños como los padres salían de la oficina con cara de felicidad, manifestando aquella alegría del alma que se refleja en el rostro, aquella felicidad que solo viene de las cosas de Dios.

Ahora que los retiros y preparativos han terminado, tendremos misas y celebraciones de primera comunión durante todo el mes de julio y agosto. Cada fin de semana durante dos meses habrá “nuevos tabernáculos” en el mundo.

Nuestro querido Padre Espiritual, San Juan Pablo II, dijo en una de sus homilías:

“Cada vez que nos reunimos en la Eucaristía, somos fortalecidos en santidad y renovados en alegría, pues la alegría y la santidad son el resultado inevitable de estar más cerca de Dios. Cuando nos alimenta el pan vivo… nos asemejamos más a nuestro Salvador resucitado, que es la fuente de nuestra alegría… Que la alegría y la santidad abunden siempre en vuestras vidas y florezcan en vuestros hogares. Y que la Eucaristía sea para vosotros… el centro de vuestra vida, la fuente de vuestra alegría y de vuestra santidad.»[1]

Esto es exactamente lo que estamos experimentando ahora, ya que el Rey de reyes y Señor de señores está entrando en tantas y tan pequeñas almas, hambrientas y sedientas del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. ¡Si hay tanta alegría aquí en esta tierra, imaginemos qué alegría hay en el Cielo!

Pedimos continúen orando por los frutos de estos retiros y por los niños que recibirán a Jesús por primera vez en los próximos dos meses, por su crecimiento en el amor a Jesús en el Santísimo Sacramento y por su perseverancia final. Confiamos todas estas pequeñas almas al cuidado de nuestra Santísima Madre.

¡Que Dios los bendiga a todos! ¡Viva la Misión!

En Cristo y su madre María,
Hna. Mary Faithful Virgin, SSVM
Misionera en Avondale, Parroquia San Roque

[1] Juan Pablo II, Homilía Santa Misa en el Estadio Nacional de Karachi, Pakistán, 16 de febrero de 1981