Nuestras Constituciones nos señalan que “el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios, sin el espíritu de las Bienaventuranzas”.

Es una gracia poder colaborar con la paz aquí en Tierra Santa, una tierra marcada desde hace siglos por la violencia y la guerra. Sólo la caridad y la gracia de Dios tienen poder para transformar los corazones. Y como cristianos, es hermoso poder dar testimonio del amor de Dios, derramado sobre el mundo desde la cruz de Jesús.

El día 7 de febrero, en Tel Aviv tuvo lugar un apostolado impensado y totalmente inaudito, un encuentro con 45 jóvenes judíos en el Santuario de San Pedro en donde, por gracia de Dios, estamos ayudando apostólicamente.

¿Quiénes son estos jóvenes y cómo surgió este encuentro?

El gobierno ha empezado una “escuela de preparación pre-militar” para los graduados del colegio secundario (high school) que tiene como objetivo principal la educación de los jóvenes el año anterior al ingreso en el ejército. Consiste en un programa de 10 meses combinando estudio, trabajo comunitario y vida grupal. El propósito es ayudar a formar la identidad personal de sus miembros y desarrollar en ellos una cosmovisión basada en el encuentro con diversos ámbitos sociales.

Curiosamente fueron los mismos muchachos quienes pidieron conocer algo sobre el cristianismo y poder entender sobre la fe y vida cristiana.

Ellos se comunicaron con la sra. Yisca Harani, un alma excepcional, judía y muy firme en sus convicciones, pero a la vez de mente amplia y corazón pacífico, que ha dedicado gran parte de su vida al estudio del cristianismo y al diálogo con los cristianos, particularmente con el catolicismo.

Fue ella quien me invitó a participar de este encuentro y dar testimonio de mi vida cristiana y religiosa. Según me dijo, era importante dar este testimonio, de lo contrario “es como quien enseña sobre las rosas y no les muestra una rosa a los alumnos”.

El encuentro se realizó en una sala grande del santuario, no en la iglesia por respeto a las convicciones religiosas de estos jóvenes (provenientes todos de familias judías). Las edades oscilaban entre 18 y 19.

Yisca les explicó primero sobre el cristianismo y sobre la Iglesia, cabe aclarar aquí que ella tiene mucho, muchísimo conocimiento sobre nuestra fe, siempre está organizando encuentros y reuniones de formación para los guías de las peregrinaciones (que son siempre judíos) y para todos aquellos que quieran aprender sobre el cristianismo. Yisca es una persona muy culta, profunda y respetuosa de la fe cristiana, gran conocedora de los lugares santos.

Luego de la introducción que ella les dio, entré yo en la sala donde estaban todos reunidos ¡les aseguro que los ojos de los chicos eran tan grandes como los míos! Yo porque no podía creer el número de ellos y ellos porque no tenían ni idea de quién o qué era yo.

Eran 45 jóvenes; en su gran mayoría salvo 2 o 3 excepciones, todos muy atentos, respetuosos, e interesados en conocer, casi todos levantaban la mano para preguntar, y escuchaban con atención mis respuestas. Después de presentarme y decirles algunas cosas en hebreo, continuamos las preguntas en inglés ya que mi hebreo todavía es todavía limitado para una conversación así. Yisca traducía, aunque varios de ellos preguntaron en inglés. Fue una lluvia continua de preguntas por unos 45 o 50 minutos, preguntas bien formuladas, e inteligentes.

Para romper un poco el hielo, al presentarme les dije tenía un nombre muy largo: María del Verbo Encarnado, pero mis amigos me llaman sister Verbo, así que no había problema, porque como ellos eran mis nuevos amigos también podían llamarme sólo sister Verbo, se rieron mucho con esto.

De las preguntas que hicieron, en general muy interesantes, casi todas sobre la vida religiosa, algunas de las que recuerdo son estas:

-La primera pregunta fue sobre la persecución ¿por qué los cristianos en algunas épocas habían perseguido a los judíos?

Les hablé de la libertad, que Dios nos crea libres y que debemos elegir nosotros si seguimos el camino del bien o del mal, si hacemos bien o mal a otras personas, por eso tanto en el judaísmo como en el cristianismo podemos encontrar personas que no obran bien, porque no son consecuentes con su fe.

-¿Por qué razón me hice religiosa y a qué edad?

Les conté brevemente sobre mi vocación, en general se sorprendían porque entré casi a la edad que ellos tienen.

Les dije que la razón era porque buscaba ser feliz y me di cuenta que solo Dios puede hacernos felices. Aun teniendo muchas cosas materiales, eso no nos hace felices, la felicidad solo podemos encontrarla en Dios.

-¿Cuánto tiempo demora uno en llegar a ser religiosa?

Les conté de los años de preparación.

-Cuando les conté que había estado 24 años en un monasterio rezando por el pueblo judío, me preguntaron ¿Qué significa eso? ¿Qué pedía al rezar por ellos?

Les dije que el fin del hombre es Dios, y que eso es así para todos los hombres. Todos debemos llegar a Él y por eso cuando pedía por los judíos, rezaba para que todos ellos lleguen a unirse con Dios, para que lleguen al Cielo.

-Entonces me preguntaron ¿por qué rezaba por los judíos y no por los cristianos?

Les conté de las distintas intenciones que tienen nuestros monasterios, y que esa es la intención especial de nuestro monasterio en Brooklyn, donde yo estuve.

– ¿Cómo es la vida en el monasterio?, ¿qué se hace?

Brevísimamente les conté de las actividades que tenemos, sin especificar mucho (oración, trabajo, estudio, deporte) pero les expliqué que todo gira en torno a la oración, que es lo especifico.

-¿Por qué me llaman «hermana»?

La comunidad es como una familia, por eso somos hermanas.

-Me preguntaron sobre la vida religiosa, si es una vida solitaria o no, si me siento sola.

Les expliqué muy brevemente que en el monasterio se lleva vida de soledad y también comunitaria (cenobítica), les dije que era necesario tener las dos; la vida de oración, silencio y soledad para encontrarnos con Dios, pero también la vida comunitaria para poder darle a los demás aquello que recibo de Dios.

-¿Qué dijo mi familia cuando supo de mi vocación?

Les conté lo que me dijo mi papá: «si eso te hace feliz, entonces yo también estoy feliz».

-¿Cada cuánto me comunico con ellos?

Les hice ver que nuestros padres nos han dado mucho, ¡la vida! y que nunca vamos a poder pagar todo lo que nos han dado, por eso tenemos un deber de gratitud para con ellos, a esto todos asentían.

Les dije que mi familia está en Argentina, pero que nos comunicamos por WhatsApp todos los meses.

-¿Por qué no me caso, si ese es un mandamiento de Dios?

No porque no quiera casarme o porque no me gustan los niños, sino porque veo que hay algo más grande, porque ofrezco mi vida como un sacrificio a Dios, por amor a Él.

Les puse el ejemplo de los sacrificios que se hacían en el templo, en donde se inmolaba toda la victima sólo para Dios.

Les dije que mi fe me enseña que Jesús en la cruz ofreció su vida por amor a mí, y yo quiero ofrecer mi vida por amor a Él.

-Si todos se hicieran religiosos ¿entonces ya no habría seres humanos?

Les respondí que la vocación es un llamado de Dios, sólo para algunos. Dios en su providencia llama a algunos al matrimonio y a otros a consagrarse a Él.

Aproveché también parar hablarles del voto de castidad, de la consagración como una pertenencia exclusiva a Dios.

Terminadas las preguntas nos sacamos fotos y luego nos despedimos, varios de ellos se acercaban después personalmente para agradecerme.

Luego del encuentro Yisca quiso compartir un café conmigo, y charlar un poco, me dijo que estaba muy contenta, y que le parecía que el encuentro había sido de mucho fruto.

La acompañaba el señor Alberto, un árabe israelita amigo suyo que es un católico de rito maronita

Por la tarde Yisca me agradeció y me reenvió el mensaje que recibió de la encargada del grupo:

“Yisca, muchas, pero muchas gracias por la conferencia y el encuentro con la religiosa, a todos les interesó y les gustó mucho”.

Sin duda, creo que ha sido una experiencia muy particular y muy hermosa, sirve también para valorar lo importante que es todo paso que se pueda dar, por pequeño que parezca, para un mayor conocimiento y acercamiento mutuo, lo cual tiene como resultado una convivencia más pacífica. Te Deum laudamus!

Aprovecho también para agradecer en esta crónica a todos aquellos que ayudaron con sus oraciones a que este encuentro pudiera realizarse y fuera de mucho fruto.

Que Dios nos conceda ser siempre constructores de paz, pero no sólo de una paz material o física, sino sobre todo espiritual, que se logra solo cuando el alma esta cerca de Dios, fuente de toda paz y armonía.

¡Dios los bendiga a todos!

Hna. María del Verbo Encarnado, SSVM