Por: P. Diego Cano, IVE

(Continuación de la crónica anterior…)

Por otra parte, en estos días, hemos tenido las misas de acción de gracias de varias religiosas que pertenecen a otras congregaciones, y que son oriundas de estas parroquias. Tres de ellas hicieron sus votos perpetuos en julio, en la ciudad de Tabora, y ahora en sus vacaciones se aprovecha a hacer una misa en sus aldeas, ya que sólo viajaron sus padres para aquella ocasión. Otra religiosa había hecho sus primeros votos en otra congregación, en la ciudad de Morogoro. Es emocionante ver el todo el bien que produce en la gente y en tantos jóvenes el ejemplo de las religiosas. Ver a aquellas jóvenes o niñas que ellos conocen desde siempre, ahora convertidas en esposas de Cristo. Hemos tenido misas de acción de gracias en Kangeme, en Ilomelo, y en Mbika. Es una gracia de Dios contar con tantas vocaciones de nuestras parroquias, vocaciones masculinas y femeninas, y para tantas congregaciones.

Por último les cuento que me vino a visitar mi primo hermano, el padre Federico, que es sacerdote diocesano en Italia. Fue una gran alegría poder recibir en la misión a un familiar tan cercano, y también parece increíble pues el viaje es muy largo y penoso. Estuvimos cinco días entre Ushetu y Kangeme, y tuve la oportunidad de llevarlo a conocer una de las partes extremas de la misión. Un día estuvimos en la aldea de Kona Nne, donde celebramos la misa debajo de unos árboles, y con un viento fuerte y persistente. Pero pudiendo vivir lo que es llegar hasta los confines de nuestra misión, en un lugar donde los cristianos son un puñado, y los que más vienen a la iglesia son los niños. Allí el P. Federico se entretuvo con los niños antes de la misa, aprendiendo en swahili los números del uno al diez, aprendiendo los nombres de las partes de la cara… y los niños riéndose a carcajadas ante los errores del padre al pronunciar mal (a propósito) algunas palabras. Es un gran gozo para mí poder sentarme a confesar durante todo el rosario en una aldea donde antes se confesaba una sola persona y con suerte dos, y poder repartir en la misa unas veinte comuniones. Durante la misa, le cedí el honor a mi primo de bautizar a una bebita, de nombre Teresia, y así hacer su primer bautismo en África. Por la tarde de ése día descansamos en el puesto misionero de Mazirayo, donde disfrutamos una vez más de la sencillez de los niños de esa zona. Basta salir a caminar hasta el frente de la iglesia, para verse rodeado de una docena de ellos.

Al día siguiente celebramos la fiesta de San Luis Rey de Francia en la aldea de Salawe, que lo tiene por patrono. Debo recordarles que esta aldea se llama así, pues debíamos elegirle un patrono y me pareció bueno escoger el patrono de mi ciudad natal, en Argentina. La razón especial fue que un grupo de amigos de allí nos donaron el dinero para la construcción de la actual iglesia de este lugar. La misa fue muy bien participada, y como siempre, los festejos muy alegres. Se divertían muchos cuando mi primo les mostraba en el celular algunas fotos de cuándo éramos chicos, y especialmente los niños se reían al ver al párroco con pantalones cortos, y con la dentadura completa. Pues casi todo niño cree que los adultos han sido siempre adultos, y nuestros niños se mataban de risa con esas fotos. A mi primo, el P. Federico, mil gracias por la visita y los momentos pasados en familia.

A veces pienso que las crónicas hablan siempre de lo mismo, y de hecho es así. Pero lo que para nosotros es cotidiano, para muchos que leen es totalmente nuuevo. Debemos esforzarnos en mirar todo con los ojos de quien lo viera por primera vez, como nos pasa cuando viene alguien de visita, y se admira por muchas cosas y pregunta otras tantas. Es algo que debería pasar, en cierta manera, con cada persona… pues la realidad en que cada uno vive, está rodeada de hechos cotidianos, ordinarios, pero que debemos hacerlos extraordinarios, especialmente por la visión sobrenatural. Podría suceder, por ejemplo, que en la vida de un contemplativo, o de un párroco en alguna pequeña iglesia, o de una madre en su casa, no sucedan cosas extraordinarias a los ojos del mundo, y eso durante muchos años. Pero nosotros, los “protagonistas”, no debemos dejar de sorprendernos, pues aún en las más pequeñas y sencillas cosas, se esconden cosas extraordinarias, gracias particulares, que sólo capta el espíritu que está atento. El mejor ejemplo lo tenemos en la sagrada familia de Nazaret, donde externamente nada llamaba la atención, y sin embargo se trataba del misterio de los misterios, el del Verbo Encarnado, de la Madre de Dios, y de San José.

Cuando viene alguien de visita se sorprende de muchas cosas a las que nosotros, los que aquí vivimos, ya no nos llaman la atención. Yo aprovecho para tratar de ver las cosas con los ojos de ellos, o con los ojos de ustedes. En estos días, con mi primo nos admiramos de algo que asombra a todos los que nos visitan: la alegría de nuestros niños. En la misión los niños son muy alegres. Y a la vez viven en medio de muchas carencias. Pero no son tristes. Claro, hay diferencia entre los cristianos y los paganos, algo que también le llamó la atención a mi primo, pues hasta la cara y la mirada es diferente. Pero los niños en general aquí son muy felices… y sin embargo no se los ve con el celular, ni con la TV, ni la computadora, ni nada. Juegan con sus hermanos, con sus amigos, y con las cosas que tienen. Hacen una pelota de bolsas de plástico, juegan con los árboles, los palos, la tierra. Los hemos visto cantando en algunas casas, o haciendo una ronda ellos solitos, cuando pasábamos con la camioneta por algunos poblados. ¿Porqué son felices con tan pocas cosas? Porque la felicidad no está en las cosas materiales, es la respuesta obvia; y porque cuando se tiene a Dios, se tiene lo más importante. Creo que no hace falta agregar más, ni tampoco entrar en dialécticas, que no vienen al caso. Pues todos, ricos, medianos, y pobres, pueden alcanzar a Dios, y será eso lo que los hará felices.

¡Cómo no admirarse de la alegría de nuestros niños, que nos enseña tanto! Y nos emociona a veces hasta las lágrimas. Hay que verlo para darse cuenta. El que viene de visita, y los que ven las fotos y videos que cada tanto envío, lo perciben y nos lo dicen con frecuencia… ¡cuánta alegría en esta gente!

¡Viva la misión! ¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano IVE

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