Por: P. Bruno Martínez, IVE

1ª Jornada de los Jóvenes en Egipto

Como familia religiosa acostumbramos a realizar ciertos “apostolados propios” que conllevan gran fruto para los misioneros y para las almas que son beneficiadas por los mismos. En este contexto quisiera contarles brevemente lo que fue la primera Jornada de los Jóvenes en Egipto.

Del 25 al 28 de agosto nos reunimos en Alejandría con alrededor de 100 jóvenes procedentes de diversos lugares de Egipto: el Cairo, Alejandría, Al Minia, Assiut y Luxor.

Los jóvenes llegaron a la Jornada con cierta incertidumbre por no saber bien con que se iban a encontrar, sin embargo, una de las primeras cosas que nos sorprendió fue la rapidez con la cual tomaron el espíritu que queríamos infundirles, que es en definitiva el espíritu que anima todos nuestros apostolados.

La Jornada, como es ya tradición en muchas partes, constó de conferencias, talleres, competencias y ciertamente, lo más importante, los momentos de oración, las procesiones y la Santa Misa. Es de destacar en este último punto la devoción con la cual los chicos participaron de la Santa Misa y de las procesiones. Como viven en un país de minoría cristiana, para muchos de ellos fue la primera vez que pudieron acompañar a María Santísima y al Santísimo Sacramento en una procesión. Al ver la emoción de los jóvenes recibiendo la bendición Eucarística o acompañando a la Santísima Virgen María en andas, me venía el pensamiento de que a veces nos acostumbramos al culto público y no sentimos el peso que tiene, ni le damos la importancia que merece.

Dios en su bondad nos permitió ver, en poco tiempo, muchos frutos y muchos cambios en los chicos. Y sin duda el fruto más hermoso fueron las abundantes confesiones; incluso era la primera vez que algunos se acercaban al sacramento. Esto fue muy edificante para todos nosotros y nos demostró la necesidad que hay de Jesucristo y de la vida de la gracia. 

La alegría que reinó en estos días fue abundante también. A pesar de ser la primera vez que veíamos a la mayoría de los chicos, fue llamativo como participaban de los fogones, de las competencias, y de los momentos recreativos siempre con alegría.

Cada vez que comenzábamos el fogón entonábamos el himno de las jornadas que en su estribillo decía: “No tengas miedo de ser Santo”. Todos gritábamos esto como si estuviéramos en un estadio de fútbol… Y es lo que les quisimos dejar: animarlos a que se lancen a la santidad sin miedo a nada, y que confíen en Cristo a pesar de que el mundo diga lo contrario. 

Quisiera agradecer a todos los que rezaron por los frutos de esta actividad. Como dijimos al principio, ha sido de gran beneficio para los jóvenes, pero también para nosotros, misioneros en estas tierras. Haciendo siempre lo que nos enseñaron nuestros superiores y lo que quiso nuestro fundador, acomodándonos al lugar donde nos toca misionar para llevar el carisma del Verbo Encarnado a todos los pueblos sin excepción, hemos palpado una vez más en estos intensos días, la fuerza que tienen nuestros “apostolados propios” realizados como Familia Religiosa.

Nos encomendamos a vuestras oraciones, y les pedimos que sigan rezando para que Dios en su misericordia nos permita continuar organizando las Jornadas para los jóvenes en nuestra pequeña misión.

Unidos en la Santa Misa.

 

P. Bruno Martínez, IVE

Misionero en Egipto. 

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