Formando la Familia de Dios[1]
El tiempo pasa rápido, y aunque parezca increíble, ¡¡¡los niños que tuvimos en las clases de catecismo, ya se han casado y están trayendo ahora a sus hijos a aprender la doctrina!!! ¡Un regalo de Dios que sigan perseverando en la fe!
Siempre hemos tratado de que Cristo sea el centro de la Catequesis. “Catequizar significa explicar el misterio de Cristo en todas sus dimensiones, de tal manera que la Palabra de Dios dé frutos de vida nueva. Por esto, además de la transmisión intelectual de la fe, que no debe faltar, es necesario que la catequesis transmita la alegría y las exigencias del camino de Cristo…” [2] Este ha sido nuestro gran desafío, que la fe no sea solo un conocimiento intelectual, sino vivencial; que vivieran lo que aprendían… por eso hemos tratado de ser creativas en las actividades que realizábamos en preparación para los sacramentos. Por ejemplo, cuando reciben por primera vez el perdón de sus pecados por el sacramento de la Reconciliación, tratamos de que no sea como una confesión más en su vida, o la primera y que quede en el olvido… Por ello para el día de su primera confesión, los preparamos con una liturgia penitencial donde el Padre lee la parábola del Hijo Pródigo, les da una pequeña prédica, y al salir de confesarse, después de cumplir su penitencia, los papás los esperan y le ponen un anillo, como aquel anillo que le puso el Padre al hijo pródigo al recibirlo nuevamente en la Casa del Padre. Otro detalle, es que antes de confesarse reciben un corazón donde escriben su nombre y después de confesarse lo colocan en una Cruz al lado de los corazones de Jesús, José y María porque al colocarlo allí ya es un corazón reconciliado y limpio. Luego una foto para el recuerdo y a festejar como un día especial.
Una vez, un niño que había completado sus clases en el hospital debido a una leucemia que le impedía asistir a clases, casi por un año, luego de confesarse, la hermana le preguntó: ‘Jaime, donde quieres poner tu corazón’, (la cruz ya estaba casi llena de corazones). El niño le dijo, con una mirada muy confiada: ‘junto al Corazón Inmaculado de María’. Es muy hermoso ver, a lo largo del año, que los niños al llegar a la iglesia, se acercan con su familia a la cruz para identificar su corazón que está junto a la imagen de la Sagrada Familia.
«Se nos ha impartido el mandato de ir y enseñar a todos los pueblos (Mt 28,19-20). En el contexto social de hoy podemos realizar esa tarea sobre todo mediante la catequesis. La catequesis debe nacer tanto de la meditación sobre el Evangelio como de la comprensión de las realidades de este mundo. Hay que comprender las experiencias de los hombres y el lenguaje con el que se comunican entre sí. Esta es la gran tarea de la Iglesia… Es siempre amor y responsabilidad, una responsabilidad que nace del amor por aquellos que uno encuentra a lo largo del camino.” [3] Hemos tratado de compartir esas experiencias y de ser parte de sus vidas, de sus familias…. Por eso estamos en sus fiestas, en sus celebraciones, graduaciones, en sus alegrías ante el nacimiento de un nuevo miembro, y en el lecho del dolor ante una enfermedad o fallecimiento de algún ser querido; en todo momento que es o ha sido importante en sus vidas. ¡Somos una familia! Como muy bien lo expresó hace un tiempo atrás el P. Frank “sus miedos, son mis miedos, sus sufrimientos son mis sufrimientos, sus necesidades son mis necesidades…” y podemos agregar “sus alegrías son mis alegrías”.
Para terminar, quisiera compartir la historia de una joven, ya una señora y madre de familia y ¡con nietos! Ella fue de las primeras en formar parte del grupo de Santa María Goretti que comenzaran las hermanas al inicio de la misión, y ahora trae a su hija al catecismo. Por motivos laborales tuvo que mudarse a casi dos horas de aquí, a New Jersey. Sin embargo, cada semana trae a su hija al catecismo aquí. Cuando le pregunté por qué lo hacía, si es que no tenía una parroquia cercana, me respondió que sí, pero que ella quería que sus hijos vivieran lo que ella vivió, que esta era “su familia de fe”, los dejo con sus propias palabras, con su testimonio:
“Mi nombre es Amalia Diaz, comencé a asistir a la Iglesia en el año de 1998, cuando mis padres me llevaron a la Misión Santa María y ahí conocí a la hermana Stella Maris. Ella me invitó asistir a los retiros y al grupo de jóvenes Santa María Goretti donde convivimos con un gran grupo de chicas. A mí me encantaba ir, fue maravilloso ese tiempo que pude pasar y compartir con otras jóvenes y con las hermanas, en especial cuando íbamos a la Iglesia y a las actividades y retiros. Mis hijas y nieta han participado y siguen participando de lo que se organiza en la Parroquia y en el catecismo, ellas han recibido los sacramentos allí. Por todo lo vivido y lo que sigo compartiendo con los sacerdotes y hermanas me hace muy feliz. En estos 24 años que han pasado me siento orgullosa de inculcar a mi familia la fe recibida y de que ellas puedan seguir viviendo y disfrutando de esta experiencia como si fuéramos una ‘Gran Familia’, ‘Mi Familia de Fe’.”
En esta etapa de mi vida, por motivos de trabajo vivo en New Jersey, como a dos o tres horas de la Parroquia San Roque, y sin embargo no me importa hacer este camino una vez a la semana, para llevar a mi hija a las clases de catecismo. Estoy muy agradecida a todos los miembros del equipo pastoral de la Parroquia, que como una familia hacen posible que nosotros recibamos tantas bendiciones. ¡Gracias a las hermanas que han sido un gran ejemplo para mí y mi familia en estos años!!! Muchísimas gracias por mi familia en la fe”
La familia deja una huella imborrable en el corazón de los hijos, y es el deseo de que nuestra parroquia, “nuestra Familia de Fe”, como la llamó Amalia, sigan siendo eso, y continúe dejando una huella imborrable en el corazón de todos nuestros hijos espirituales.
Cada familia cristiana es una “comunidad de vida y de amor” que recibe la misión “de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de Cristo Señor por la Iglesia su esposa.” [4] Esto que tan hermoso lo expresaba nuestro Padre Espiritual para las familias cristianas, lo sea para todas las familias de fe a lo largo del mundo, en todas nuestras obras, ya sean Hogares, Parroquias, Centros de acogida, hospitales, etc. Que seamos comunidades que busquen vivir según el Evangelio, que vibren con la Iglesia, que recen y que amen junto a Cristo, junto a María y a San José.
Madre María del Cenáculo, SSVM
Comunidad Nuestra Señora de Guadalupe
2 de Febrero de 2022. Avondale Pensilvania.
[1] El nombre de esta crónica, está inspirada en el título del Libro: Catequesis para adultos, Formando la Familia de Dios, Ediciones Kerygma, Rosario (Argentina).
[2] Carlos Miguel Buela, Mi Parroquia – Mi cristo vecino, Edicion IVE Pres, New York 2011. Segunda Parte – El factor humano. VIII. Las Personas. A. oficio de Ensenar. 1. Catequesis, pagina 243
[3] JUAN PABLO II, ¡Levantaos! ¡Vamos!, Ed. Plaza & Janés, Barcelona 2004, 98-100.
[4] JUAN PABLO II, Familiaris Consortio n.17.















