Por: P. Diego Cano, IVE
Kangeme, Ushetu, Tanzania, 1 de julio de 2021
Es difícil poder darles una idea perfecta de lo que ha sido este mes de campamentos de niños en nuestra misión. Lo que primero se me ocurre es enviarles muchas fotos y videos, para que puedan imaginarse mejor cómo hemos vivido este tiempo. Sin embargo, aunque por cierto que junto con esta crónica compartiremos imágenes, nunca llegan a expresar todo lo que pasa en estas actividades, aunque enviemos miles de fotos… (de hecho hemos tomado muchísimas). Son momentos tan hermosos, que se tiene el deseo de conservarlos de alguna manera… pienso especialmente en esto al ver las caras alegres de tantos niños y niñas en estos días, rostros que nos alegran inmensamente a nosotros. Como sacerdote, no puedo dejar de admirarme al recordar las miradas atentas de tantos miles de ojitos, cuando uno les cuenta alguna historia en el sermón. No puedo dejar de recordar esas preciosas imágenes de niños rezando el rosario con devoción, con el rosario en sus manos, con las manos juntas. La alegría que produce en el alma de los misioneros, padres y hermanas, ver cómo se acercan a la comunión con gran respeto, con las manos juntas, y con una mirada cándida. ¡La cantidad de niños y niñas que hemos confesado en estas cuatro semanas! Y por lo tanto, la alegría del Corazón de Cristo, de poder reposar en estas almas. Me quedaba extasiado al ver esos recreos alegres y bulliciosos entre las distintas clases de catecismo, cada uno en su juego, saltando, riendo, corriendo… recreos que serían la delicia de un san Juan Bosco. Creo que miles de fotos no pueden expresar perfectamente todo esto que aquí les digo.
Algunas veces, con algunos niños, que me miran un poco sorprendidos, pues no están tan acostumbrados a vernos a los sacerdotes “tan cercanos a ellos”, compartiendo las comidas, las oraciones, las charlitas de catecismo, y hasta los juegos… al verlos que miraban tan serios, les hacía una simple sonrisa o morisqueta, y al instante contestaban con una sonrisa, en señal de sintonía… algo fantástico. Que puede parecer trivial, pero sabiendo que muchos chicos al vernos «se asustan» un poco, el lograr ese trato familiar, es grandioso… y es un fruto de todos estos días compartidos con ellos.
En este mes que ha pasado hemos realizado ocho campamentos, cuatro de niñas y otros cuatro de varones. Cada semana se realizaban dos, uno de niñas y otro de varones, en distintos centros. Las niñas han sobrepasado en número más de dos veces a los varones, y eso quiere decir que las hermanas han tenido muchísimo más trabajo que nosotros. Mañana viernes 2 de julio estaremos clausurando los dos últimos campamentos, y ya tenemos los números definitivos. En este mes han realizado campamento 1.116 niños y niñas. Y se han repartido en estos días ¡2.350 comuniones! Estos campamentos son para todos los chicos que están en catecismo de bautismo, comunión y confirmación. Es decir que sólo un grupo puede comulgar, y por eso, contar con tantas comuniones, es una alegría inmensa.
Una de las cosas que pudimos ver con los demás religiosos y sacerdotes, es que muchos de los niños vienen a hacer campamento por primera vez. Al principio nos parecía un poco extraño que algunos no sabían hacer la señal de la cruz, o que al entrar en la iglesia no sabían cómo comportarse, o había que hacerlos callar en varios momentos de la misa. Entonces fue que empezamos a preguntar en cada campamento para cuántos era la primera vez, y podemos decir que siempre eran más de la mitad. Por eso mismo nos alegrábamos mucho, porque era una gran oportunidad para enseñar “todo”.
Una de las grandes gracias de los campamentos de catecismo de este año, a diferencia de todos los años anteriores, es que las hermanas y los padres respectivamente, estuvieron en todos los campamentos, desde el inicio hasta el final. Antes, los niños solían ser recibidos por los catequistas, y nosotros participábamos algunos días. El cambio es notable, sobre todo por la atención de los religiosos, para que los niños reciban el catecismo, en un clima de alegría y familiaridad. La santa misa diaria va logrando una verdadera transformación de los niños, que participan con gran atención, sobre todo después del segundo o tercer día. Pensemos que muchos de ellos vienen de aldeas donde podemos ir una o dos veces al año a celebrarles misa, o no siempre ellos pueden participar cuando vamos nosotros, así que puedan tener cinco misas en una semana, les ayuda a conocer mucho más el gran misterio de la fe.
Finalmente, entre tantas reflexiones que se me ocurren, pienso que realmente hemos hecho una gran misión “ad gentes” (a los paganos), puesto que muchos de estos niños provienen de familias de paganos. Sus padres los dejan ir a la iglesia, pero muchos de esos papás no rezan. Muchos de estos chicos regresarán a sus casas y enseñarán a otros lo aprendido, a sus hermanos, amigos, vecinos, a sus compañeros en la escuela. En algunas aldeas no tenemos ni siquiera presencia de catequista, ni capilla, ni comunidad cristiana estable, sino sólo algunas familias cristianas, dos o tres… ¿cómo hacemos para llegar a esos lugares y poder darles el catecismo? Estos campamentos son una oportunidad única. Los niños y niñas provienen de las 43 aldeas que atendemos en nuestras dos parroquias, y aquí los teníamos, una semana, para enseñarles las verdades de la fe, enseñarles a rezar, a participar de la misa, a rezar el rosario, a hacer visitas al Santísimo, a dar gracias por la comunión, a cantar y hasta enseñarles a jugar… y serán la presencia de Cristo en sus aldeas, la presencia de la fe católica entre sus pares.
Mañana podremos decir con gran alegría, que “hemos sobrevivido” a un mes de campamentos, con gran esfuerzo, con mucho cansancio. Pero con la satisfacción que conlleva la misión, la alegría profunda que dice Cristo que “nadie nos podrá quitar” (cfr Jn 16,22).
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano IVE