Por: Hna. Mary Faithful Virgin, SSVM

Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Rom. 8,37-39)

Comenzamos el día con el Santo Sacrificio de la Misa presidida por el Arzobispo Nelson Pérez en la Catedral de San Pedro y San Pablo. Ya con Cristo morando en nuestras almas, comenzamos la Marcha como guerreros saliendo al campo de batalla. Con un de clima de 0 grados centígrados, nuestro pequeño grupo llevó el espíritu del IVE, espíritu de alegría y gratitud por la vida, cantando, bailando y cantando con gozo al Señor. Toda nuestra Familia Religiosa estaba unida a nosotros espiritualmente, aunque no pudieran estar físicamente presentes.

En la mitad de la marcha, pasamos por una clínica de abortos que estaba abierta y activa. Mientras pasábamos por la clínica, rezamos el Santo Rosario, el arma más poderosa contra el diablo. Los escoltas se burlaban de nosotros, nos filmaban y se reían mientras pasábamos. Verdaderamente es una bendición el ser «Perseguidos por causa de la justicia» (Mat 5,10). La marcha terminó en el Independence Hall y pudimos escuchar a algunos presentadores que daban testimonio de la dignidad de toda vida humana, incluido el Arzobispo Nelson Pérez. La marcha terminó con una bendición final y todos partieron, a sus hogares. Pero la batalla no terminó allí… partieron para continuar la batalla en todo el país, proclamando y viviendo el amor de Dios en la vida cotidiana, con celo y con el corazón ardiendo de amor y esperanza, sabiendo que Jesucristo ha ganado la victoria sobre la muerte.

Estamos en una batalla feroz y debemos luchar como guerreros de Cristo, el Verbo Encarnado. Conquistaremos esta batalla solo con amor y fidelidad. Más que nunca debemos ser fieles a nuestra Divina Vocación, a nuestros Santos Votos y a nuestro Carisma como Familia Religiosa del Verbo Encarnado. Porque solo viviendo nuestra vocación lo más perfectamente posible, conquistaremos y ganaremos almas para el Cielo. Debemos ser fieles solo por amor. El amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo dentro de nuestras almas es el fuego que hará arder al mundo.

Continuemos orando por la verdadera conversión de todos aquellos que atacan la vida, por el fin de la cultura de la muerte; por una cultura de la vida que reine en nuestra nación, y ofrezcamos nuestras vidas como holocaustos por la salvación de este país y del mundo.

Viva la Virgen
Viva Cristo Rey
En el Verbo Encarnado,

Hna. Mary Faithful Virgin, SSVM
Misionera en Avondale, Pennsylvania

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