“Alaba alma mía a tu Salvador;
alaba a tu Guía y Pastor con himno y canticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque Él está sobre toda alabanza
y jamás podrás alabarlo suficiente.
El tema especial de nuestros loores es hoy
el Pan vivo y que da
(Himno Lauda Sion, S. Tomas de Aquino)
Celebramos como cada año, una vez más la solemnidad del Corpus Domini, con la diferencia, que esta vez, nuestro Instituto tiene también, el privilegio de participar ya no como meros espectadores, sino como parte integrante y operante en la organización de las ceremonias litúrgicas de la Catedral, en la misma ciudad desde donde hace 755 años fue instituía esta fiesta para la Iglesia Universal, y junto a las reliquias del milagro eucarístico que fue determinante para dicha institución.
Milagro Eucarístico de Bolsena
La institución de la fiesta del Corpus Domini.
Causa remota: la herejía de Berengario de Tours en el segundo milenio de la era cristiana; la doctrina y la vida práctica de los cátaros y de otras numerosas sectas heréticas, además de los daños cometidos entre los fieles, provocaron especialmente en los siglos XII y XIII, una nueva orientación de los teólogos y de la piedad popular, hacia la Eucaristía.
Presupuestos próximos: las visiones de la Beata Juliana de Monte Cornillon que dieron como resultado la introducción de una fiesta en honor a la Eucaristía en la diócesis de Liegi (1246), la sucesiva extensión a la Iglesia de Alemania por parte del Legado pontificio Card. Hugo de San Caro (1252), y la confirmación de su sucesor Card. Pedro Capocci (1254).
Durante el pontificado de Urbano IV en Orvieto (1262-64), la cristiandad estaba como en la espera a que se decretase un nuevo triunfo de Jesús Sacramentado, para reparar las blasfemias y sacrilegios, desprecios y errores doctrinales. Luego del milagro eucarístico de Bolsena (1263) parecen no quedar ya más dudas y, finalmente, el 11 de Agosto de 1264, el Papa emite una Bula llamada “Transiturus de mundo” decretando que cada año, el jueves siguiente a la octava de Pentecostés, se celebrase una fiesta, de extraordinaria solemnidad, con la participación de todos los Cardenales, Obispos y Prelados en general, en honor del cuerpo y sangre del Señor. La Solemnidad del Corpus Christi /o Corpus Domini (según la región asume alguno de estos nombres)
Por primera vez en Orvieto, se elevaron al cielo las estrofas inspiradas del “Lauda Sion”, del “Pange Lingua” y demás himnos y oraciones, que los Ministros de Cristo y el pueblo fiel repetirían en los siglos siguientes cada vez que el Santísimo Sacramento fuera públicamente honrado y adorado.
La histórica procesión del Corporal.
Se considera como la primer solemne procesión la que realizó el corteo papal desde el puente “del Rio Claro” hasta la antigua Catedral.
Desde el lejano medioevo cada año Orvieto renueva la tradicional procesión con el llamado “corteo histórico” luciendo trajes, armas, instrumentos musicales, escudos, banderas, etc. propios de la época, y que representan los distintos estratos de la sociedad de aquel entonces. Van representados también los distintos barrios de la ciudad, con sus banderas típicas.
Nuestro itinerario.
Pasada la fiesta de Pentecostés con la tradicional “Palombella”( http://institutodelverboencarnado.org/palombella-en-orvieto/), comenzamos rápidamente a preparar lo necesario de la sacristía y limpieza general del Duomo, para las celebraciones del Corpus Domini que comenzarían ya desde el jueves, día en el cual tuvo lugar una hermosa celebración con nuestro Obispo y muchos fieles.
Por la noche de ese mismo día, alrededor de las 21 hs, cuando la catedral ya estaba cerrada, pero dentro seguían los trabajos de preparación a la gran fiesta (principalmente montar la estructura para el descenso de todo el relicario que pesa más de 100 kg,) las Servidoras tuvimos la gracia de poder venerar bien de cerca, las reliquias del milagro eucarístico de Bolsena, especialmente la Hostia que permanece guardada y oculta en el relicario del Corporal y que, nunca viene expuesta.
No pudo terminar mejor un largo día de arduo trabajo para todos, en donde la emoción y la gratitud invadieron nuestros corazones haciéndonos olvidar el cansancio.
Nuestro día concluyó, celebrando con las hermanas del coro, entre helados y canciones en la plaza.
Servidoras en Orvieto












