El Sagrado Corazón de Jesús ocupa un lugar muy especial en el Oratorio Don Bosco, cómo contamos en crónicas anteriores, años atrás consagramos el barrio y las familias al Corazón de Jesús y en cada Solemnidad la renovamos.

En la entrada del Oratorio hay una pequeña ermita donde se entronizó la primera imagen. En la misma hay un pequeño espacio donde los niños, por su cuenta, dejan sus ofrendas a Jesús (monedas, flores, bolitas, etc). Nadie lo toca, porque es de Jesús…Bueno, casi nadie, pues un año vino “de visita” la mamá de Jesús, la réplica de la Virgen del Rosario de San Nicolás, y uno de los nenes quiso hacerle una ofrenda, y como no tenía nada le “pidió prestado” a Jesús para dárselo a su Madre, pues sabía que no se iba a enojar.

Retornando, tiempo atrás, la ermita solía tener un candado que ya no está, pero no importa, pues ahí está Jesús, y todos lo cuidan. Es más, creo que Él debe estar muy contento, pues no falta algún pequeño que abra esa puerta, limpie y arregle el lugar y furtivamente le dé un beso, o tenga una charla con Él.

¿Por qué cuento estas cosas? Porque la grandeza está en las pequeñas cosas, en los pequeños toques de Dios en el alma y en nuestros pequeños toques al Corazón de Jesús.

Una moneda y una bolita

Un día vienen dos niños a buscar algo para comer, antes de irse uno de ellos me llama y me muestra dos objetos que tenía en sus manos: una moneda de un peso argentino y una bolita (o canica) y hace el gesto de que iba dárselo a Jesús[1]. Su amigo pregunta que era lo que estaba haciendo y cuando le explicamos comentó lamentándose que no tenía nada para darle, le dije que no importaba, que si le daba un beso a Jesús él se pondría contento. Unos días después, se escuchó otra vez :“¡uh! ¡Me olvidé de traerle la bolita a Jesús!”

Las medias de Jesús

Una mañana pasa frente al Oratorio un joven vendiendo medias. Una de las hermanas lo ve, el chico le pregunta si ella estaba interesada en comprar las medias, ella le dijo que no tenía dinero, pero que si quería le podía dar algunas cositas para comer. El chico aceptó y en acción de gracias dejó un par de medias en la ermita “para alguien que realmente lo necesite”, y se marchó.

Las medias estuvieron un par de semanas ahí.

Llegó el día del oratorio festivo, unos minutos antes la Madre, sale para limpiar la ermita y se encuentra con tres niños, éstos le preguntan: “¿Hay monjas hoy?”, lo que significa: “¿Hay oratorio hoy?». Mientras esperaban, la ayudaron a limpiar y encontraron las medias. Y como suele pasar, las querían para ellos. La Madre le dice que le iba a dar las medias al que realmente lo necesite. “Yo necesito” dice uno, y le mira los pies, y le dice: “pero si tenés medias…”, entonces el nene, para demostrarle que realmente las necesitaba, se saca la zapatilla y le muestra que tenía unas medias que le “envolvían” el pie, ya que eran muy grandes para él. Entonces, la Madre le mide la media y era justo el número indicado para él; otro de los niños también recibió un par de medias y el tercero no se lo llevó, pues él no lo necesitaba.

Que dice Jesús

Ya repartidas las medias, mientras seguían limpiando, uno de ellos se queda mirando la imagen y la Madre, impresionada por el rostro del niño mirando la imagen, le pregunta que le estaba diciendo a Jesús y el nene responde: “Yo no le digo nada, Él me dice que me tengo que portar bien”.

Si Jesús hablara, ¡Cuántas cosas nos diría!¡Cuántas conversaciones con éstos, sus preferidos, los más pequeños!

Si Jesús hablara…. pero ¡¿Qué digo?! El silencio de Jesús es más elocuente que todas nuestras palabras.

¡Si tan sólo nosotros lo escucháramos cómo estos niños!

 

Hna. Ma. Filia Crucis

Com. Sor Ludovica de Angelis- La Plata

Pcia. Ntra. Sra. de los Buenos Aires

 


[1] Los que han jugado a las bolitas saben qué valor tiene para un niño el ganarse o perder una de estas.