San José y la Divina Providencia

No me acuerdo hasta ahora de haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer… Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. (Santa Teresa Libro de la Vida, cap. 6, n. 6-7,51)

    Quisiéramos compartir con ustedes la manifestación de la Providencia de Dios, por medio de nuestro amabilísimo patriarca, San José, aquí en nuestra misión en Espíritu Santo, Brasil.

    El día 3 de junio comenzamos la novena a San José de Anchieta, que es el patrono de nuestra parroquia. Es la mayor fiesta que se hace en la ciudad, y vienen muchas personas de otros lugares para participar.

    Un día antes de la fiesta es tradición hacer la “Fiesta del Niño Jesús” para los niños, pues nuestro patrono tenía un gran aprecio por ellos. Antes de la pandemia, llegaban a participar de la fiesta 900 niños, que venían también de otros barrios, y era necesaria una gran cantidad de voluntarios para un apostolado tan exigente.

    Pero, como en este año todavía estábamos volviendo con los trabajos poco a poco, pretendíamos hacer una fiesta “solo” para 300 niños, los de la catequesis, las hijas de María y los monaguillos. Además, muchos feligreses no volvieron después de la pandemia y esto no nos permitía hacer algo tan grande. La intención era hacer crecer la devoción a nuestro patrono y traer a los fieles de nuevo a la Iglesia, la preocupación no era la gran fiesta.

    Empezamos a pedir todos los días, después de la Misa, ayuda de dulces y caramelos. También pedimos en las tiendas, pero no conseguimos mucho; de hecho, faltaban tres días para la fiesta y los caramelos que teníamos no alcanzaban ni para 100 niños.

  El miércoles, día previo a la memoria litúrgica del patrono, volvimos a rezar, encomendándonos esta vez a San José. Creo que los dos santos trabajaron juntos, porque la cantidad de dulces que llegaron a nuestra casa desde el miércoles hasta el domingo fue increíble: todo el tiempo llegaban personas con bolsitas de dulces e incluso con aportaciones económicas. Los voluntarios de la fiesta no lo podían creer.

    Fue gracias a la Divina Providencia que todo estuvo tan bien: era grande la alegría de los niños, lo que muestra lo sencillos que son, por su capacidad de no necesitar mucho para alegrarse y asombrase. Hay que aprender de ellos esta sencillez y pureza, y, nosotros misioneros, ayudarles a preservarlas y desarrollarlas.

    Fue realmente una lección de confianza y abandono en la Providencia para nosotros, pero también para los laicos, que quedaron impresionados con todo lo que sucedió.

    Estas son algunas gracias que el Señor por su gran bondad y misericordia nos permite ver para que aumente en nosotros y en los que nos rodean la confianza que debemos tener en Dios y en sus santos, especialmente a aquel que nosotras tenemos por patrono. Si esto pasa en lo material, ¡qué decir de las gracias espirituales que Dios continuamente dispensa para la salvación de las almas!

    Que en nosotros crezca todavía más, el amor y confianza en nuestro Custodio, y que lo hagamos conocer por todo el mundo, para que muchos glorifiquen y alaben a Dios por medio de sus santos.

    ¡Viva la misión! ¡Viva San José!

Hna. Maria Fonte de Pureza, SSVM

Serra, Espírito Santo, Brasil – Julio de 2022