Por: P. Diego Cano, IVE
Ushetu, Tanzania, 15 de octubre de 2021
El domingo pasado, 10 de octubre, realizamos por tercer año consecutivo, la caminata a la Virgen de Fátima de Nyasa. La realizamos estando cerca del 13 de octubre, aniversario de la última aparición de la Virgen en Cova de Iría y del milagro del sol. También la hacemos en ésta época porque es tiempo de sequía y así es mucho mejor en primer lugar porque no hay agua en el río que nos separa de la zona sur de la parroquia, un río que lleva mucha agua casi todos los años, sobre todo al finalizar la época de las lluvias. También es buena ésta época para la peregrinación por no haber trabajo en el campo, y porque no nos sorprenderá ninguna tormenta en el camino. En cambio en el mes de mayo es siempre el fin de las lluvias, y suelen caer unos aguaceros terribles.
Esta vez teníamos muchas actividades ése fin de semana: el final de los EE de varones laicos, las misas de domingo de dos parroquias, en una de ellas con casamiento y bautismos, y en otra aldea la misa de festejo de un coro. Por lo tanto los sacerdotes debimos repartirnos, y sólo pude participar yo de esta caminata, junto con las hermanas, los hermanos y aspirantes. Salimos a las 5:45 am, para poder caminar en el momento más fresco del día. Comenzamos con un buen grupo de feligreses, pero durante el trayecto se iban sumando, a medida que pasábamos por algunas aldeas, y también porque nos alcanzaban los que habían salido más tarde.
Desde el año pasado es tradición detenernos cerca de las 10:00 am en la última aldea antes de llegar a Nyasa, unos tres kilómetros antes. Allí preparan un té para todos los peregrinos, y este año se esforzaron bastante, porque de parte de la gente de Itumbo, brindaron junto con el té, unas papas y batatas hervidas, y maní. Para la gente de esta zona todo eso significa mucho sacrificio, pues se trata de una zona muy pobre.
Fue muy lindo llegar a este lugar, pues ya éramos un grupo bien nutrido, y llegamos al pueblo con mucha algarabía, con cantos y vivas. Esa alegría es contagiosa, o mejor dicho, es misionera. Muchas veces atrae a la iglesia a muchos que no rezan, pero ven la manera de vivir la fe de los cristianos, en particular de los católicos.
Antes de llegar a ése lugar, se me acercó uno de los líderes y me preguntó si los fieles podían llevar la imagen el último tramo, para que sea una mejor señal de que vamos llevando a la Virgen. Así fue que sacamos la imagen de la camioneta, y la llevaron a hombros turnándose entre hombres y mujeres. Este tramo, donde rezamos los últimos misterios del rosario para completar los 20 durante toda la caminata, es muy emocionante, pues se van sumando los fieles del lugar, de las aldeas de esa zona, y cada grupo viene con los niños cantando y saltando y agitando ramas. También a ésta hora ya se siente un poco más el calor, casi al mediodía. La entrada en Nyasa, un poblado muy pequeño, es triunfal. Me imagino que es el acontecimiento más multitudinario del ése lugar en todo el año.
Al llegar, entramos en la iglesia y nos arrodillamos delante de la imagen de la Virgen de Fátima, traída desde Portugal. Allí pusimos las intenciones de todo este día de caminata, oración, sacrificio, y sobre todo, de mucha alegría. Inmediatamente comenzamos la misa, en la que comulgaron nada más y nada menos que ¡240 personas! Mientras dábamos la comunión con una de las hermanas, pensaba en la gran gracia que era eso en nuestra misión… la Virgen los atrae, y los lleva a Cristo. En esta zona, hace muchos años, cuando apenas habíamos llegado, las aldeas contaban con muy pocos feligreses, y eran poquísimos los que comulgaban. En algunas aldeas de esa zona, cuando llegábamos para la misa, tal vez comulgaban tres o cuatro. Teniendo en cuenta la cantidad de comulgantes, creo que en la misa participaron unas 600 personas.
Después de la celebración se da de comer a todo el mundo, una comida sencilla, pero para que nadie se regrese con el estómago vacío, pues muchos deben caminar varios kilómetros hasta sus hogares. La comida es el típico ugali y porotos. Las hermanas se pusieron a ayudar a dar de beber agua. Se imaginan que con la caminata de 24 km, y el calor de ése momento después de la misa, que a la sombra hacían 35 grados, los niños sobre todo, estaban desesperados. Formados en filas pasaban a tomar su taza de agua. Y nuevamente pensaba en lo que tantas veces meditamos aquí en África: “Tuve sed y me disteis de beber”. En lugares tan calurosos y donde el agua escasea, podemos imaginar lo que era en Palestina en tiempos de Nuestro Señor, que no debe diferir mucho. Y Cristo valoraba hasta el vaso de agua dado por amor a Dios… y nos enseñaba el valor de las obras de caridad, aunque sean pequeñas externamente. Cuando podemos tener la oportunidad de “tener sed”, recordamos también la “sed abrasadora” de Cristo, que desde la cruz clamó “Tengo sed”. Tan importante este hecho, que fue una de las siete palabras que dijo en las tres horas que estuvo en la cruz. Pero esa sed abrasadora, que le pegaba la sed al paladar, era sobre todo “sed de almas”. Bueno, allí veía a las hermanas repartiendo agua…
Perdón, estas son mas bien reflexiones que no tienen mucho que ver con lo que venía contando, pero que me imagino que a muchos les gustará leerlas. Son cosas que pasan por la cabeza del misionero. Y en estos días, leyendo escritos del P. Llorente, misionero en Alaska, encontré este hermoso texto: “Los aspirantes a misiones desean saber qué come el misionero, dónde duerme, cómo viaja, qué le suele acontecer en los viajes, cómo reacciona en ocasiones difíciles, cómo instruye a los indígenas, cómo responden éstos a las instrucciones, etc., etc. Y esto prefieren oírselo al misionero mismo, no a otro que habla de oídas o en tercera persona, o tal vez que ni siquiera ha puesto los pies en una misión propiamente dicha. No hay nada tan bello como acariciar un ideal magnífico.” (En el país de los eternos Hielos, pg. 228).
Por eso es que a veces cuento tantas cosas. No sé si son tan importantes, pero a muchos les interesa saber qué pasa por el misionero, y cómo se vive cada día en la misión.
¡Ah!, antes de despedirme de ustedes… les cuento que tomé una foto de algunas personas rezando de rodillas delante de la imagen de la Virgen, haciendo coloquio de verdad… algo admirable, pues de a poco van asimilando muchas cosas hermosas de la piedad cristiana, y a las que no están acostumbrados.
Ahora sí… ¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE





