La vida de un misionero continúa siempre sin marcha. Se nos pide tomar un apostolado inesperado, un oficio distinto o una misión nueva, y Dios nos concede la gracia de realizar Su obra por el tiempo que Él designa. Ya habiendo cumplido con ese servicio, pues somos sólo obreros en la mies del Señor (Mt. 9:38), seguimos a donde Dios nos llama a servirlo por la salvación de las almas. Por eso, puede ser difícil tomar un poco de tiempo para contemplar las innumerables gracias que Cristo nos concede en cada paso de nuestro camino y proclamar las maravillas del Señor. Con este pensamiento, quiero compartir algunos de los muchos beneficios recibidos en nuestro campamento de jóvenes este mes pasado, remarcando especialmente el dulce cuidado del noble Custodio de Jesús, San José.

Desde el inicio encomendamos el campamento al patrocinio de San José, rezando la treintena por las necesidades materiales y espirituales del campamento. En la mañana del 10 de julio, el estacionamiento de la parroquia de Inmaculado Corazón de María estaba lleno de autos, con papas y sus jóvenes trayendo sus bultos y maletas. Unos 116 jóvenes se habían registrado, las edades variaban entre de 13 a 18 años. Después de las despedidas y de cargar los “tráileres”, salimos en dos autobuses escolares y una caravana de autos con laicos voluntarios. Gracias a los religiosos que vinieron de las casas de formación de Washington, DC que hacían juegos y canciones para entusiasmar a los chicos, las casi dos horas de viaje pasaron rápidamente.

Los próximos cinco días fueron una vorágine. Tomando como modelo los juegos florales, los jóvenes fueron divididos en seis equipos bajo el patrocinio de distintos santos: San Carlo Acutis, Santa Anna Wang, San Justo Takayama, Santa Juana de Arco, Beata Chiara Luce Badano y San Jose Sánchez del Río.  Se explicó qué significaba “Ite ad Ioseph”, el lema del evento, y el papel importante que tiene San José no sólo en la Iglesia, sino también las gracias que él concede a aquellos que confían en él. Diariamente se daban charlas formativas acerca de una generación juvenil e heroica y de las virtudes, competencias deportivas intensas y actividades e juegos recreativos. Los equipos componían hinchadas e himnos en honor de sus santos patronos, cantándolas durante las competencias y haciendo un santo lío. También los jóvenes hicieron estandartes de sus santos respectivos, un breve resumen de la vida de su santo y el estandarte, lo cual lo presentaron al jurado, que era el equipo San José, compuesto por dos hermanas.

Campamento de Jovenes 2021 Misión Phoenix, AZ

Todos los días tuvimos el sacrificio de la Santa Misa, oraciones de la mañana y noche, el rezo del Rosario en procesión, Adoración Eucarística, confesiones y buenas noches. Se había armado una carpa donde estaba el Santísimo Sacramento, dando oportunidad a los jóvenes y voluntarios para pasar unos momentos de compañía con Cristo Sacramentado. También fue gratificante escuchar a los jóvenes decir que estaban disfrutando el campamento y querían regresar el siguiente año. Otros dijeron que les gustó compartir y aprender de sus compañeros de equipo, ayudando y animando unos a otros. Muchos aprovecharon de las confesiones y de la recepción de la Eucaristía, además de aprender acerca del santo de sus equipos y ser edificados por su vida. Por lo tanto, contamos con tales oportunidades y otras tantas para que la gracia de Dios obre en estas almas encomendadas a nuestro cuidado.

Campamento de Jovenes 2021 Misión Phoenix, AZ

El último día, después del celebrar la Santa Misa con más solemnidad y dando gracias a Dios por todos los frutos recibidos y por los frutos de venir, se anunció con mucho entusiasmo el equipo ganador y se repartieron los premios a cada equipo (¡una caja llena de dulces y papitas!). Se cantó a los gritos el himno del evento “¡Ite ad Ioseph!” y luego de empacar las cosas, salimos de regreso a Phoenix donde nos recibieron en la parroquia los papás y familiares de los jóvenes, que nos esperaban con flores y globos.

Campamento de Jovenes 2021 Misión Phoenix, AZ

Damos gracias a Dios por este campamento y por la oportunidad de trabajar con estos jóvenes. De modo particular menciono a nuestros voluntarios y miembros de la Tercera Orden. Estos laicos sacrificaron su tiempo y algunos sacrificaron incluso sus propias vacaciones para llevar a cabo esta realidad, ¡y qué realidad más hermosa este campamento! Ayudaron como “chaperones”, equipos de cocina, limpieza, deporte, audio y hasta seguridad. Una de las hermanas estaba agradeciendo uno de los hombres de seguridad, quienes tomaban turnos de vigilancia en la noche y continuaban en su oficio durante el día. El hombre le contestó: “Hermana, ustedes [los religiosos] hacen esto todas sus vidas, mientras nosotros lo hacemos sólo por cinco días.”

Pedimos a la Virgen de Lujan, Madre nuestra, que nos enseñe dar una entrega más generosa y completa de nosotros mismos en esta gran obra de salvación de las almas, y cómo mejor amar a su Hijo Jesucristo, el Verbo Encarnado.

Siempre adelante,
Hna. Maria Purísima Doncella
Misionera en Phoenix, Arizona, EEU