Por: P. Diego Cano, IVE
Ushetu, Tanzania, 4 de enero de 2022
Espero que estén muy bien… ¡muy feliz año nuevo! La verdad que no sé por dónde empezar, pues he pasado varias semanas sin escribirles nada desde la misión. No nos ha pasado nada, sino que tuvimos el aluvión de actividades de fin de año, y no pude escribir. Me parece tan extraño no haberme tomado el tiempo para escribirles sobre la Navidad, como lo he hecho todos los años, o sobre los campamentos de fin de año, y tantas cosas. Me parece que llego más cansado para ponerme a escribir cuando se hace muy tarde a la noche. Otras veces las actividades cada vez son más grandes, más numerosas, y por lo tanto más exigentes cada año. Creo que ambas razones se conjugan.
Entonces, ¿por dónde comienzo? Lo primero es el deber de gratitud. Antes del tiempo de Adviento comenzamos una campaña de ayuda para comprar regalos para los niños de nuestra misión, que comprende dos parroquias. Pedimos ayuda para poder darles a todos los niños, de cada una de las aldeas, un pequeño presente en la nochebuena o el mismo día de navidad. También pedía ayuda para los campamentos de niños y de niñas respectivamente, que hacemos en ese tiempo navideño, y así poder regalarles a ellos unos días de alegría, de sana diversión, de oración y catecismo aprendido con juegos, y por supuesto… fiesta navideña, con buena comida en esos días, gaseosas, dulces, y regalos. Cosas que la mayoría de ellos no tiene en sus casas.
Bueno, ¡Mil gracias! La generosidad de tantos de ustedes ha superado con crececs el objetivo que nos habíamos propuesto. Mil gracias a los que donaron en la campaña de navidad, y a todos los donantes que nos hicieron llegar su ayuda por otros medios. Compramos dulces para unos 6.000 niños, que recibieron de manos de los catequistas, en sus aldeas, que en nuestra misión son 43 capillas en total. Los campamentos fueron de: 247 varones, antes de la navidad; y 611 niñas después de navidad. Para darles buena comida en esos días, que puedan comer carne dos veces, ¡compramos tres vacas! Eran pequeñas, pero fue suficiente para todo ese ejército, como les decía, hasta dos veces. En ambos campamentos el día final fue de alegría eufórica gracias a tantos y tantos regalos que pudimos comprarles: pelotas de fútbol y volley, telas para ropa, una camiseta para cada niño, galletas y caramelos para todos, y muchos regalos individuales para los más esforzados.
Les cuento que en ambos campamentos, tanto al inicio como al final, en la santa misa, les dije a todos los niños y niñas que recen siempre por nuestros benefactores. Personas que sin conocernos, y con mucho sacrificio, colaboran para que tengamos esos días llenos de alegría y con todo lo que necesitamos. Que recen por ellos, por sus familias, por la salud de todos ellos, para que tengan fe y tengan paz en sus hogares, y que de esa manera Dios les pague con creces por su ayuda.
Me quedo con la imagen del final de los campamentos, con todos los niños delante de la iglesia, y cantando con alegría desbordante. Todos ellos, varones y niñas, nos llenaron de “Asante sana”, es decir “¡Muchas gracias!”, escuchados mil veces. Unos niños de los más pequeños, cuando nos estábamos acomodando para la foto final me dijeron: “Padre, diciembre del 2022, estamos acá”. ¡Recién terminaba el campamento, y ya estaban pensando en el próximo!
En la próxima les cuento algunos detalles de esos días, y sobre todo me queda pendiente contarles un poco de la navidad en la misión.
Nuevamente… ¡Mil gracias a todos! ¡Asante sana!! Y que Dios los bendiga.
¡Firmes en la brecha!
P. Diego Cano, IVE





