Por: P. Diego Cano, IVE

Nyasa, Ushetu, Tanzania 23 de septiembre de 2021

Sacando el polvo de todos lados, y las telarañas que adornaban toda la casa, me parecía que fuera un largo tiempo que no veníamos a Nyasa, y sin embargo son apenas dos meses. Parece que ha sido un año atrás cuando estuvimos viviendo aquí, para los campamentos de niños, una semana los padres y otra semana las hermanas, y después estuvieron alojados aquí dos semanas para la misión popular de Itumbo. Ya han pasado dos meses de esos hermosos días que traen vida a estas aldeas apartadas. Ayer llegué y estaba sumido el lugar en un gran silencio. Se comprende porque sólo venía a alojarme, luego de celebrar en la aldea de Bulela, y por lo tanto nadie me esperaba. El silencio de estos lugares es muy agradable, pero contrasta con los días bulliciosos de los campamentos de niños y niñas, o de las fiestas que celebramos en estos lados. También al llegar podía percibir desde la casa, a unos cien metros de aquí, el infaltable grupo de hombres en el bar. En realidad, sentados en tres pequeños bancos, frente a una pequeña mesa, y formando un corrillo hombro con hombro. Ya en el camino, como también es común, algún que otro borracho tambaleándose y diciendo palabras incomprensibles para todos los que lo cruzan, y se ríen.

Ayer celebré misa en Bulela, como les decía en el párrafo anterior. La aldea de Bulela tiene por patrono Jesús de la Divina Misericordia. Recuerdo al visitar este lugar cómo ha ido creciendo, y me alegra mucho. La primera vez que vine a celebrar en este lugar, si mal no recuerdo, fue en el año 2014, para hacer dos matrimonios en una casa, porque no había terreno para la capilla. Un tiempo después, se les ayudó a los fieles para comprar un terreno, y comenzaron a construir una capilla con ladrillos de barro crudo. Aquí vinimos a visitarlos con unos seminaristas americanos, y celebramos la misa dentro de la capilla en construcción, con las paredes de un metro de alto. Ese día hicimos la bendición del terreno, y festejamos alegremente la primera misa en el lugar, bailando al ritmo de los tambores.

Con pequeñas ayudas la capilla quedó terminada, incluso con techo de chapas, cemento en las paredes y piso. Pero hace casi un año y medio esa capilla se cayó debido a las lluvias, porque por el declive del terreno el agua llegó hasta la iglesia, los ladrillos eran de barro crudo… se deshicieron como terrones de azúcar dentro del agua, y la capilla se vino abajo. Ellos rescataron las chapas y palos del techo, y armaron un techadito donde celebramos la misa durante muchos meses cada vez que veníamos para estos lados, con un viento terrible y mucha tierra y calor en tiempo de sequía; y con lluvias torrenciales, esquivando las goteras y chapoteando en el barro, en tiempo de lluvias.

Pero ellos han seguido siempre adelante, aunque están en un pueblo muy lleno de paganos, con costumbres muy malas y arraigadas. Ellos mismos, gracias al impulso de algunos maestros de la escuela primaria que vienen de afuera, de otras ciudades de Tanzania, se organizaron y construyeron los cimientos de una nueva iglesia. Pero esta vez sí, cimientos de verdad, con piedras y cemento. El plano de la iglesia era un poco ambicioso, bastante grande, pero es bueno que ellos mismos proyectan cuánto va a crecer la comunidad dentro de algunos años.

La Divina Misericordia ha tocado el corazón de un sacerdote de Italia, a quien no conozco personalmente, sino por medio de unos amigos, y quiso construir una iglesia en honor a Jesús Misericordioso. Gracias a él, ya estamos muy avanzados, y ayer celebramos la misa en el edificio nuevo, que por ahora tiene las paredes y el techo solamente. Es realmente increíble, si uno mira la historia de esta aldea. La iglesia, aún sin terminar, se ve impresionante, grande, el techo elevado, y ayer, en un día muy caluroso, celebramos la misa con gran comodidad. El hecho de tener iglesia ha comenzado a atraer mucha más gente. Los miembros del coro han aumentado, y esto los alegra a ellos mismos. Pero no sólo eso, el crecimiento es notorio especialmente en la recepción de los sacramentos. Dios mediante el próximo sábado… es decir, pasado mañana, ¡se van a realizar ocho matrimonios de fieles de Bulela, en la parroquia de Ushetu! Ayer también había un gran grupo de niñas de las Watoto wa Yesu (Infancia misionera) bailando en la misa, con mucho respeto, y participando perfectamente. También estuve confesando largo rato, y repartimos más de treinta comuniones en la misa. Era un día de semana, y no han podido participar todos los feligreses, por eso uno sabe que podrían ser muchos más.

Un detalle antes de terminar esta crónica, es que antes de la misa les expliqué cómo se rezaba la coronilla de la Divina Misericordia, y la rezamos con todos los presentes, me imagino que por primera vez. Llevé de regalo una imagen grande de la Divina Misericordia, y aproveché en el sermón a explicarles qué significaba cada uno de los detalles del dibujo hecho por pedido del mismo Cristo a Santa Faustina. Y de a poco, me imagino, irán entrando en el gran misterio de la Misericordia Divina… sumergiéndose más y más en ese gran mar de caridad. Esta aldea deberá destacarse por esta devoción, y rezo para que así sea, puesto que eso es obra del Espíritu Santo exclusivamente.

Hoy sacaba las miles de telas arañas y la tierra que se había acumulado en estos dos meses en la casa de Nyasa. Y pensaba también que a esa aldea de Bulela no volvíamos desde tres meses atrás, y allí también se va juntando mucho polvo y telas arañas, y alimañas… nada del otro mundo. Como pasa en todos nosotros, que necesitamos esa limpieza frecuente, para mantener limpia la casa de nuestra alma. ¡Qué alimañas y polvo acumulado encontraríamos si no fueran sólo dos o tres meses sino mucho más! Pensaba también en Nyasa y en Bulela, qué bien que les vendría que los misioneros estuviéramos por estos lados al menos una vez al mes… y que los visitemos y celebremos misa y confesemos… y saquemos más seguido el polvo, y la iglesia brille más esplendorosa. Hay muchas aldeas a las que llegamos cada dos meses solamente, o cada tres, o después de medio año, es decir… sólo dos misas al año.

Seguiremos haciendo todo lo que podemos… y que Dios nos envíe más misioneros.

¡Firmes en la brecha!

P. Diego Cano, IVE