No podía pasar el año, sin llevar el mensaje del Nacimiento del Niño Jesús a las familias. Buscamos los medios de poder llevarlo a cabo, tomando las precauciones debidas, y por gracia de Dios, pudimos concretarlo con los niños del Oratorio. Todos pudimos revivir una vez más la Historia de la Salvación, comenzando desde la Creación, el pecado original y el acontecimiento más grande de la Historia: el Nacimiento del Salvador.

Todo se vivió en un clima de mucha alegría y participación, como en una gran familia, terminando el 2020 con la realización del Pesebre, que realizamos en nuestro apostolado desde hace más de 15 años.

La primera anécdota

Ya habíamos escuchado muchas veces que eso iba a pasar, pero cuando uno lo vive es distinto.

¿Qué cosa se preguntarán? Nada extraño, nada insólito, simplemente la siguiente situación:

En la canchita del barrio, el lugar donde se habría de realizar la Actuación, en medio de ángeles, pastores y animalitos, veo en una de las tribunas un niño que había estado a la mañana con nosotras ensayando. Me acerco y le pregunto: ¿Vas a actuar?, “sí”, me respondió, “¡Yo también!”, dice el amiguito que estaba a su lado y agrega: “pero no tengo disfraz”. Claro que no lo tenían, pues debían haberlo buscado en el Oratorio durante la mañana y ya estaba por comenzar la actuación y además el convento quedaba a varias cuadras. Era una misión casi imposible…

la-plata-argentina¿Qué hacer? Comencé a mirar hacia la cancha, en la cual toda la tarde había estado trabajando en la escenografía, me acerco para ver si tenía algo a mano y veo dos retazos de tela papel o fiselina, uno verde y otro marrón.  Al ir corriendo hacia el lugar de los niños para dárselos, sus ojos brillaban de alegría.

Pero había un problema, ¿cómo se los colocaba? Miré alrededor si había una tijera a mano, pero no encontré nada; metí la mano en el bolsillo y encontré unos clavos, tomé uno de ellos, perforé la tela, abrí un hueco y el resultado… ¡unos hermosos “ponchos” de color verde y marrón!, se los puse, y la sonrisa dibujada en el rostro de esos niños fue indescriptible. Los llevé corriendo al lugar de su actuación. La madre de uno de los niños nos vio y se acercó rápidamente sonriente para tomarles una foto. Y así fue cómo en la representación de la Creación aparecieron como la tierra y la montaña.

De pastor a rey mago

Siguieron las “dificultades” de último momento, esta vez no llegó quien representaba a un Rey Mago.

Una hermana se encuentra con un nene vestido de pantalón corto y remera, que no había ido al ensayo en esos días, y le pregunta: ¿Querés salir de rey mago?, “Si, ya estoy listo” respondió muy seguro, y se levanta la remera y debajo de ella tenía ya la túnica de pastor (…), pues él venía listo para actuar. Así que inmediatamente se le dio una capa, una corona, un regalo, y el “pastor ascendido a Rey” salió al escenario sin ningún problema.

Esta anécdota quiere mostrar como los niños esperan este evento, desean actuar, y saben, pues, por los frutos de las catequesis a lo largo de los años, que ellos tienen la gran responsabilidad de transmitir el Evangelio, de llevar al Niño Jesús a las familias, y ellos lo comprenden.

Podría llenar páginas con anécdotas de los niños, yo escuché muchas de años anteriores, pero como dije al principio … «cuando uno lo vive es distinto».

Doy gracias a Dios por haber vivido estas pequeñas experiencias, las cuales nuestros misioneros las viven en cada parte del mundo.

¡Viva la misión!

Hna. Ma. Filia Crucis

Com. Bta Ludovica de Angelis- La Plata

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