Por: Maria Mater Unionis, SSVM

Nome, 23 de febrero de 2023

Querida Familia Religiosa,

Queremos dar algunas noticias más acerca de Nome, el pueblo donde estamos misionando por un tiempo aquí en Alaska, y de la realidad del apostolado en este país.

Nome ahora

Nome ahora cuenta con dos sacerdotes diocesanos: padre Alfonso, de Nigeria, y padre Miguel, de Polonia. Los dos tienen que cuidar de Nome y de seis aldeas más: Teller, Little Diomede, Kotzebue, St. Michael, Unalakleet y Stebbins. Los padres pasan las semanas entre una aldea y otra, pero Nome siempre cuenta con la presencia de uno de ellos. Cuando uno viaja a una aldea sale el viernes y regresa a Nome el lunes.

Son viajes muy sacrificados.

Kotzebue está a 45 minutos en avión desde Nome y está más allá del círculo polar. Allí ya no tenemos Iglesia ni casa, cuando uno de ellos va, tiene que quedarse en un hotel y la iglesia nos la presta la iglesia episcopal. Vienen a Misa unas veinticinco persona.

Stebbins, St. Michael y Unalakleet son tres aldeas relativamente cercanas una de la otra. A esas aldeas se vuela en pequeños helicópteros de ocho plazas cuando el clima es favorable. No hay luz ni agua en la casa, tampoco señal de internet. El no tener luz ni agua hace la estancia de los padres un tanto incómoda. No olvidemos que durante el invierno aquí siempre estamos en grados negativos. Y el no tener comunicación con el mundo exterior es uno de esos sacrificios que hoy llamaríamos “modernos”. Hace unos meses, padre Alfonso fue a Stebbins con la intención de quedarse allí cuatro días, pero una tempestad de nieve dejó la aldea incomunicada y él se quedó ahí por casi un mes ya que todos los vuelos fueron cancelados.

Teller queda más o menos a una hora en coche de Nome. Allá van a Misa solo dos personas. Little Diomede es una isla muy chiquita que cuenta con alrededor de noventa habitantes y está a cuatro kilómetros de la isla Big Diomede que pertenece a Rusia (la línea internacional pasa entre ambas islas). Los padres no llegan a ir con mucha frecuencia a Little Diomede por toda la dificultad del vuelo y del lugar.

Acá en Nome nadie viene a Misa durante la semana y en los domingos solo quince o veinte personas acuden a la Iglesia. Nos cuentan los padres que no hay niños en la parroquia.

En toda la aldea viven alrededor de tres mil personas, de las cuales dos mil son nativos. Los mil restantes son americanos venidos de todas partes, en su mayoría para trabajar en Nome, empleados por el gobierno para trabajar en el hospital, escuela, etc., normalmente por un año.

Nome es una aldea excepcional ya que, por lo general, las otras aldeas son menores y no tienen su propio hospital o cárcel, ni tampoco pueden vender alcohol. Así que, a modo de broma, nos contaban los padres: «Nome es como Nueva York para las otras aldeas. Acá vienen las mujeres embarazadas para dar a luz, y acá viene a la prisión la gente de las aldeas de alrededor. Acá vienen también los que quieren emborracharse. En verano vienen los cruceros por el Estrecho de Bering cargados de turistas. Acá vienen todos».

Nuestra primera tempestad de nieve

Hoy probamos en nuestra propia piel una tempestad de nieve. La aldea se detuvo: los comercios, la escuela y el hospital se cerraron y todos los vuelos fueron cancelados. Menos mal que teníamos ya planeado volver a Fairbanks mañana por la tarde. Pero no se veía a nadie en calle… a nadie…

Hoy finalmente hemos entendido el porqué de las grandes camperas con piel de animales que rodea la cara: el furor del viento del mar de Bering junto a los -10oC quema la frente y las mejillas, haciendo insoportable el llevar las manos descubiertas durante más de dos minutos. Y lo digo por experiencia, ya que intentamos rezar el Rosario afuera y lo logramos, pero no sin mucha aventura. No podíamos ver mucho. Todo era blanco y en mis adentros repetía aquello del P. Segundo: «Yo le decía al Señor: Que se salve un pecador por cada copo o molécula de nieve que veo hoy con los ojos».

Por la tarde, el padre Miguel quería llevarnos a conocer algunos lugares, pero era imposible ver el camino y a nadie le parecía prudente seguir. Creo que nosotras empezamos a entender por qué toda la ciudad se había parado totalmente y nadie se atrevía a salir de sus casas.

Volvimos a la casa parroquial para el almuerzo y otra vez nos calentaba el fuego psicológico de la televisión. Preguntamos a los padres por qué dejan la televisión prendida durante todo el día con la imagen de un hogar y se rieron contestando que les gusta mirar el fuego. Entonces entendí lo que medio a modo de chiste me dijo un padre antes de dejar Brasil: «Llévate unas fotos de las playas de Brasil. Cuando haga mucho frío míralas y eso te va ayudar a sentir menos frío».

Radio KNOM

El padre James Poole, S.J., compró una estación de radio, KNOM, que salió en antena el 14 de julio de 1971. Esta misma radio todavía sigue funcionando en Nome y se encuentra a unos pasos de la parroquia.Aunque ahora la radio ya no pertenece a la diócesis, en el contrato que hicieron cuando la vendieron quedó la condición de que KNOM no perdiese su identidad católica. Por eso las músicas y las entrevistas que hacen en vivo son siempre de acuerdo a los principios morales y éticos, muchas veces propiamente católicos. Padre Alfonso nos llevó para conocerla ya que queda muy cerquita de la parroquia y podía llegar sin peligro.

Nos recibió Scott, uno de los encargados de la radio que es católico, e inmediatamente después de hacernos preguntas sobre nuestro carisma e Instituto, nos pidió concederle una entrevista de diez minutos. Al final la entrevista duró cuarenta y cinco minutos y hablamos de todo un poco.

El señor Scott comprendió que no hay una fórmula mágica para la evangelización, sino que es un esfuerzo de generaciones y generaciones, trabajo de hormiguitas valientes. Hacia el final de la entrevista, él concluyó diciendo que, a su modo de ver, Nome necesita un convento y una escuela, y que las hermanas deberían hacerse cargo de la escuela. Yo le dije que un convento y una escuela son necesarios para transformar Nome por algunos años, pero que para que la fe eche raíces y el Evangelio se haga cultura, tenemos que llenar Alaska de monasterios, y de acá saldrán vocaciones para todo el mundo.

Pido sus oraciones por esa aldea en Nome y para que no solo Alaska, sino todo el mundo se llene de monasterios que sean imanes de la gracia de Dios y pararrayos de su ira, como dice nuestro Directorio de Espiritualidad.

Entre el cielo y la nieve,
Hna Maria Mater Unionis.