Por: P. Marcelo Molina, IVE
En el ánimo de cada sacerdote ha de estar la convicción de que entre sus “hijos predilectos” han de estar, siempre, los monaguillos. Porque son ellos a quienes tiene que formar para realizar el servicio que ubica a un muchacho en el lugar desde donde surge la vida sobrenatural de toda parroquia: el altar del Sacrificio.
El sábado 9 de abril pasado se dio el inicio oficial de un nuevo grupo de monaguillos en nuestra Parroquia de Limatambo. Quisimos ponerle el nombre de “San Francisco Marto”, con la intención de que el pequeño Vidente de la Virgen de Fátima sea el patrono y el modelo que inspire la espiritualidad de cada uno de los niños de este naciente grupo.
Desde hace más de un mes que un minúsculo grupo de niños comenzó a asistir todos los días a la parroquia, por las tardes, evidentemente porque aquí encontraron un excelente espacio para jugar y poder así pasar sus tardes. Debido a que algunos de ellos ya habían “acolitado” en otros momentos, fue surgiendo la idea de dar forma a un nuevo grupo de monaguillos; idea que los mismos chicos asumieron con entusiasmo, ya que desde ese momento todos los días asisten a la Santa Misa para prestar su servicio.
Intentamos que, desde el comienzo, los niños asumieran este paso con seriedad y responsabilidad, de ahí que:
- debían manifestar “por escrito” su deseo de ser recibidos en el Grupo;
- debían ratificar “con su firma” el compromiso de respetar las reglas;
- debían contar con el permiso expreso de sus padres.
Antes del día fijado para la primera reunión oficial, todos trajeron a la parroquia el compromiso escrito y firmado. Y, para sorpresa mía, el día de la reunión estuvieron todos. Digo “para sorpresa mía”, porque normalmente no eran de asistencia regular en las anteriores misas, incluso en las de domingo… Pero aquel día estuvieron todos, y con una seriedad en la reunión muy poco común en ellos (son niños, y “no hay que pedir peras al olmo”).
Después de la reunión tuvimos la Santa Misa en donde cada uno de los muchachos fue admitido “oficialmente” al Grupo. La ceremonia fue muy sencilla. Después de la homilía, cada monaguillo fue interrogado de la siguiente manera:
― N.N., ¿quieres formar parte del Grupo de Monaguillo San Francisco Marto?
― Sí, quiero.
― ¿Prometes cumplir con todas las reglas del Grupo?
― Sí, prometo.
Y a continuación recibieron en su cuello una pequeña cruz como signo del compromiso asumido, cruz que fue regalada por nuestro Superior Provincial, el P. Raúl Harriague, quien providencialmente se encontraba durante estos días en Limatambo.
Todos los días vienen a la Parroquia, por las tardes, para luego quedarse a la Santa Misa. A los pocos minutos que llegan, vamos al oratorio que tenemos en la Casa Parroquial a visitar a Jesús Sacramentado y a la Santísima Virgen. Ellos ya tienen bien asumido que en cada visita tenemos que rezar para “consolar el Corazón de Dios” y por “la conversión de los pecadores”: dos signos de su espiritualidad propia, imitando a San Francisco Marto.
Son inquietos, son juguetones, son traviesos… pero creo que trabajar por ellos es una de las mejores inversiones que debo hacer; al fin y al cabo “la salvación de los jóvenes, lo demás no importa”, decía San Juan Bosco, el Santo educador a quien debemos seguir en la atención de nuestros niños y jóvenes. Recemos para que los monaguillos de nuestras parroquias sean verdaderamente esos “renuevos de olivo” que crezcan alrededor de la Mesa del Señor.
¡Viva la misión!
P. Marcelo Molina, IVE





